No sé puede explicar el cielo.

Las palabras que acompañan al viento. Entre los trigales y flores. Que me llaman en la luna clara, mi dama.

Y los susurros que se arremolinan al bies de tu enagua, princesa mia.

De sombras entre lunas los besos suaves, robados al gesto, de ojos ciegos, sintiendo la suave respiración de tu aliento, tan cerca, tan cerca, que pierdo el sentido del tiempo.

Y tiembla mi pequeño cuerpo, pequeño mortal ante el aliento de azahar de tu boca.

De mis manos que te buscan en la clara luz de luna, buscando el terciopelo de tu mejilla, y asi, mi vida, hallar el cielo de tu boca. Y besarte a sabiendas que tú eres la luz de la luna.

Sentir tus susurros en mis oidos, como el aire entre las manos de los árboles. Tu abrazo cálido, que funde mi cuerpo con la tierra que piso.

La sabiduría de tu cintura y tu silueta que se pinta en mi cuerpo
y muero, muero de amor inexplicable, porque no se puede explicar el cielo. No se puede.

© Javier Sánchez 2019

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