Cosas del corazón, chiquet.

Y mi abuelo me dijo.

– “Eso son cosas del corazón chiquet.”

Sentado en el poyo de la ventana, mirando hacia el monte como cada día, mi abuelo contemplaba, suspendido en el aire, el tiempo de su larga vida. Los rayos del sol delataban el humo de su caliqueño, que por cierto se olía desde las habitaciones de la planta superior.

Allí, en aquel pequeño comedor lindante al pequeño habitáculo donde estaba la chimenea, la que calentaba las habitaciones. En aquella pequeña chimenea, había dos bancales, izquierda y derecha del hogar, los inviernos eran duros, muy duros en las tierras de Aragón. El calor de aquel fuego templaba la estancia del comedor, mi abuelo se ponía en el estratégico sitio donde el calor le daba directo. Justo a lado de la ventana.

– Ni hecho aposta hijo, entre el solete de la mañana y el calor eterno de la lumbre…

La ventana, de antigua madera, que habría dado vista a los abuelos de mis abuelos. Madera de barniz marrón antiguo y cristales pegados con la pasta antigua que olía como a pescado, aún después de décadas. Aquellos cristales que habían dejado pasar tantas bellas contraluces, ahora alumbraban el castigado semblante de mi abuelo.

Recién levantado, me senté a su lado, allí en la mesa, a unos dos metros, todavía estaba su desayunos, su vaso de leche, sus cinco galletas maría y nada más.

– “Hay que ser pobre en el desayuno hijo, un poco más tarde ya comeremos como las personas, pero hay que bajar a dar de comer a los animales, a los que nos dan de comer…, ellos primero”.

– Si abuelo, lo sé – le contesté.

Y hablábamos de todo, largamente y con la pausa del ensordecedor tic tac del reloj de la cómoda del comedor. Aquel hombre arrasado por una guerra, por el trabajo del campo, por los hijos, que se le fueron a servir lejos de casa. Me contaba historias de una dura vida, dirigida, infiernos fríos, guerras, en las cuales, su enemigo hablaba igual que él o, con suerte, fue al colegio con él.

Historias de otro siglo, otro siglo. Nacido en 1890, sus ojos vidriosos, cuando me hablaba de aquella áspera vida, me partían el alma.

– Cuéntame algo Javier, como te va en los estudios, acuerdaté, no dejes de estudiar nunca.

Yo tenía 18 o 19 años, y cada verano iba a ver a mis abuelos y a mi tío abuelo, a empaparme de vida y de historia viva. A llenarme de arrugas aquella piel tan lisa y pulida, para prepararme para la vida. Me encantaba cuando se juntaban los dos hermanos y tenían la deferencia de contarme su vida. Si, la deferencia y el regalo de contarme su vida.

– Bien abuelo, voy haciendo y trabajando, ya sabes que papá con todo no puede. Sabes abuelo, llevo días queriendote comentar, hay una chica en la universidad, preciosa, me encanta y no me deja dormir. Es algo que no puedo dominar. No me aclaro,lo hago todo mal. No puedo estar tranquilo. Sabes que te lo cuento todo, pero si no quieres, lo dejamos correr…

– Javier, eso son cosas del corazón, nada tienen que ver contigo.

– No te entiendo abuelo.

– Te voy a contar… Cuando ví a tu abuela, estaba trabajando en casa, y me sucedió que se me quedaba en la cabeza todo el día. E iba a los caballos a darles de comer lo hacia mal, daba paja mojada o le daba heno que no tocaba aquel año y mi padre me reñía y se disgustada muchísimo.

Y llego un día, que no aguantaba más y decidí ir a la habitación de mi abuelo, que el pobre estaba enfermo, yo hablaba mucho con el, como haces tu conmigo, que se agradece mucho, te lo aseguro a estas edades. Pues m senté al borde de la cama y le conte lo que me pasaba con tu abuela.

– Y que te dijo abuelo?

“- Chiquet, eso son cosas del corazón, deja que pase, lo que pase.”

– ¿Me has entendido Javier?

– Si, me has dicho lo mismo que te dijo tu abuelo.

– No, Chiquet, no, te he dicho que, “cuando vi a tu abuela.”

Y nos reímos los dos como dos tontos. Me levante y le di un beso en la frente, como hacia siempre con mi padre y me fui a prepararme el desayuno, que ya estaba la abuela, terminando de ponérmelo al lado de la lumbre.

Lo abuela sonrió y me dijo,- las cosas del corazón Javi… y me dio un beso.

©Javier Sanchez 2018

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6 comentarios en “Cosas del corazón, chiquet.

  1. Cuánta ternura y qué belleza de relato y o historia. Me gusta eso de Xiquet….también me lo decía mi abuela ( a mi abuelo no lo conocí desgraciadamente)
    Me has emocionado, con todo, el almuerzo, las galletas María , el cariño a los animales que tan bien cuida, sus consejos.
    Que pena que todo esté imperio de experiencia y conocimientos vaya perdiendo. Hoy se prefiere dejar a los abuelos en el asilo.
    Qué pena y no nos damos cuenta.

    Le gusta a 1 persona

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