La abuela.

Entré en aquella pequeña casa, donde mi abuela me envió, con la cara desencajada, cuando le conté lo que me había sucedido. Ya hacía dos dias. Dos dias sin poder dormir. Dos días espantosos

– Ve para alli que yo ya he hablado con la Tomása, que ella entiende mucho de esto.

Y fui a aquella casita en medio del bosque… Entré, estaba la puerta abierta.

Una pequeña sala, y al fondo una luz amarilla, unas velas alumbraban la pequeña estancia. A la derecha, al lado del hogar, estaba la anciana y me habló con una voz temblorosa.

– Siéntate… lo has visto en lo profundo del bosque olvidado de la luz, casi devorado por la vegetación, aquel edificio, tal vez fue una antigua iglesia, o eso crees, ya abandonada de la mano del ser humano, de la cual fue antaño refugio de almas. Y ahora, abandonado por la bondad, refugio de males, de llantos oscuros y terribles. Esa es la espantosa impresión que percibíste cuando lo encontraste. Y cuando te aproximaste, solo oias llantos y sonidos espantosos. Y algo que te inquieto el alma. Y que todavía te agobia y duele intensamente.

– Eh? Como?

La anciana, sentada en un profundo sillon, junto al hogar encendido. Manos temblorosas, entre la cuales movía un rosario blanco incansablemente. Portaba un velo negro que cubría su cabello gris. Sus ojos, grises, blanquecinos por las cataratas. En su cara se reflejaba el espanto sobre lo que ella misma acababa de describirme. Y dijo, levantando la reseca y temblorosa mano.

– De la noche más oscura, aquello que habita entre la niebla más densa. De allí, donde arañan tu mente las pesadillas más espantosas. Duerme sin dormir, eso, eso que paralizará tu mente y helará tu sangre. Eso que secuestrara tu alma y te arrastrara a los valles de la oscuridad. Donde él mora. Y no cierres los ojos, – dijo la anciana – pues el mundo está oscureciendo y necesitarás ver mas de lo que tu mente no imagina.

– Eing? Que? Como? Por dios seña Tomasa, estoy realmemte acojonado, es espantoso lo que me acaba de decir, no se lo hacer o proceder. Solo una pregunta seña Tomasa.

– Dime hijo, dime, estamos en una epoca terrible… de oscuridad, de espanto.

– ¿Podre tocar la guitarra, aunque pase todo eso que me ha dicho?. Que por cierto no he entendido na de lo que me ha dicho oiga. Mire, entre mi abuela y usted me tienen hasta las narices. Yo solo le dije a mi abuela que, antes de ayer, iba por el bosque, y que habia por alli como una casa grande. E iba despistado viendo la casona, y que pise una rama que estaba en el suelo y rebotó y me dio en un huevo. Y llevo dos dias sin dormir del dolor. Y aqui me veo en este tugurio, que no se ve una mierda y usted, aparte de darme miedo, me esta metiéndo mas miedo.

¡Joder que ya os vale a las dos!. ¡Me voy pa’casa o p’acasa, o como se escriba, que tengo hambre.!

¡Joder con las yayas una sorda como un murciélago y la otra toa p’alla.!

.

©Javier Sanchez 2019

Anuncios

9 comentarios en “La abuela.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s