Quien eras. Quien eres.

Un alma espantosa cruzaba el aire enrarecido de aquella calle, de aquella ciudad. Esquivando coches, altiva y desafiante. Produciendo el escándalo de bocinas e insultos. Disfrazada de persona, con pantalón y camisa a cuadros. Como cualquier otra alma. 

Un alma que habia perdido todo sentimiento, anodina, sin color y sin calor. Paseando entre otras almas tumbadas en el suelo, pidiendo sonrisas para secar sus lágrimas, apoyadas en la pared gris, derrumbada por almas grises, sollozando por un poco de amor, de cariño, de socorro ahogado. Almas con los oídos ensangrentados por el espanto de aquello que caía del cielo y reventaba el aire. Llorando por la culpa de aquellos que mataban almas sin parpadeo. 

Impasible pasaba entre los veintiún gramos con la boca abierta y los ojos mirando al cielo, por el espanto de ya no poder moverse, ni hablar, llorar, reír… ni amar. 

Impasible entre almas arrugadas, por la ausencia de manos que las alimenten. Entre pequeñas, diminutas almas, que no entendían, sollozantes, arrasadas, anuladas por la soledad y el miedo, ese miedo que no les deja ni una mueca de sonrisa en esa diminuta boca. 

Y andaba entre trisitezas, altiva, irrespetuosa, espantosamente pedante, encantada por los oscuros y lúgubres motivos, de pasear a través del infierno causado a las otras almas, en el reflejo de su fugaz felicidad.  Saludando a los desdichados con falsas sonrisas. Sin pensar en nada mas que en si misma. En su efimera existencia. 

Y, es entonces cuando llego a un espejo enorme, gigantesco, cubría toda una montaña, en el cual se reflejó, viéndose diminuta, minúscula… y sola. Sorprendida de verse asi. Pequeña y sola. 

Pero no se reconocía, pues su altanera prepotencia le hizo olvidar quien era, ya tiempos atrás, muy atrás. Y le preguntó, despectivamente, con esa horrible crueldad de la que era capaz, a la imagen reflejada en aquel gigantesco espejo. 

-¿Y tu quien eres?

-No lo sabes? Soy tú, soy la humanidad. 

Y la tierra tembló en silencio. Con un grito mudo, que llego a los confines del universo.

 

 

©Javier Sanchez 2019

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