La cena

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En la mesa de al fondo a la derecha estamos nosotros. Foto cortesia del restaurante. La cortesia vale 25 euros

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El otro día fui a un restaurante supermegafashion de la muerte. Si hombre si, esos que tienes que ir vestido raro, con barba de chivo y moño a lo Samurai, y también con un billete de quinientos que te sobresale del bolsillo superior de la chaqueta (lo suelto p’al café, mas que nada) . En el otro un sobrecito de Almax, por si acaso y primperan. Y mucho, mucho entreno para la dicción, de:

– “que bueno esta esto, pooor favooorr”
(Aunque te estés cagando en la estampa del cocinero alquimista)

Por cierto, la historia viene de muy , muy atrás. Para reservar, llame mucho antes, cuando gobernaba Aznar y me lo dieron la confirmación y fecha hace unos días. Espero y deseo, por el bien de la integridad del local que este bien. Si no, lo quemo. Es un restaurant mucho mas fashion que le Bulli.
Pues nada, que llego el día, estaba muy mas nervioso que spiderman en un descampao, mas que nada, y eso es cierto, por que ya ni me acordaba del evento culinario y no encontraba nada de donde me indicará donde coño estaba el restaurante. Se me había olvidado por completo. Lo mire en internet, y en el. Google maps salía, joder menos mal, salvado. Pero claro….con otro nombre….

Llamé a Julia, que ahora ya estaba casada, con un amigo mío y tenia gemelos, y le dije, que si se acordaba del asunto de la cena. Éramos novios por la época que hice la reserva.
Al principio ni se acordaba de mi, luego cayó,

– ah si hombre, el gilipollas…
Y le dije, – no vienes no??
– No.

Pase a buscar a otra amiga, que decía que si a todo, amiga de toda la vida, simpática, con conversación, un alma bellísima y muy buena persona y fea como un pecao, igual que yo.

– Serapia ¡!! Te vienes a cenar? (se llama Serapia la pobre, me la quiero mucho, pero nunca se la presento a nadie, ella a mi tampoco.
– A onde!! Gratis?
– Siiiii, gratis.
– Vale, pásame a buscar, pero dame un rato que me tengo que arreglar.

Arreglar dice…. Madre mía, madre mía, lo que puede salir de ahí. Vamos que entre los dos, lo mismo no entramos, por que yo soy feo con ganas. Mi hermano que es un poco cabrón, me dice que cuando me muera me velaran boca a bajo…. También le quiero mucho.

Pues eso, que me disperso, queeeee…. la pase a buscar y raudos (esta palabra la aprendí de Góngora, el pintor ese tan bueno) pedimos un taxi y nos encaminamos para el “Restaurant-Laboratorio”, mal asunto con el puto nombre, porque cuando lo reserve, se llamaba “Restaurant Le fontaine de l’alcantarille”, alta cocina francesa, ahora con la mierda de la evolución culinaria, se llama lo del laboratorio ese.

Mosqueado ya, y ya metidos en el taxi, no había escapatoria. Y con mi amiga Serapia, la que nunca dice que no a una cena gratis, peor. P’alante y que sea lo que Dios quiera.
Llegamos el local, un señor con camisa lila y pantalón blanco, muy guapo por cierto, nos recibe

– Buenas noches señores, ¿todo bien?- yo asentí con la cabeza y una sonrisa, pero pensé, de momento si… después ya veremos. Pero debía de ser positivo. Quería ser positivo.

Entramos en el local en cuestión…
Diseño bonito y moderno, luces de esas lilas que te acentúa lo blanco, o sea que se me veía toda la caspa, cabrones, en vez de chaqueta negra, parecía que llevaba un jersey jaspeado en negro blanco. En la zona de papeo (comedor), una luz tenue, muy tenue, vamos, tan tenue, que yo no veía una mierda, tropecé dos veces, y el de la camisa blanca me decía – cuidado señor, no se haga daño.

-Joder tío poner mas luces, que parece esto Altamira. – Le dije en voz baja al camarero, que ya no era el camarero era una chica, me lo habían cambiado en el pasillo oscuro y ni me había enterado. La chica me miro, y sonrió, supongo y que lo de Altamira, no le sonaba. O si…, o pensaba que menudo gilipollas, no se, estoy muy susceptible hoy.

Nos aposentaron en una silla rara, pero rara de cojones, parecía que la habían traído del Museo de la Inquisición, allí de Santillana. Pues es que la jodía silla tenia en reposa culos tirado para atrás y en un ángulo, no compatible con la vida y si me recostaba en el respaldo, que era como un palo, me caia por los lados y encima no llegaba a la mesa. Si me acercaba la mesa hacia la silla y mi persona, parecía el de “Mar adentro” La única forma de llegar a la mesa era sentándome en el borde de la silla, me cago en la calavera del que la diseño. Seguro que en su casa, no las tiene. O habrá fallecido, pobre. (Cabrón)

Pues nada allí estaba yo, con mi amiga, sentado en el canto de la silla , que tenia el culo que la raya ya me había hecho una cruz y además se me están durmiendo las piernas…. y el culo. Y los pies. Ambos dos. Pensé, que para salir, tendrían sillas de ruedas. Porque yo ya no sentía nada de cintura para abajo.
Bueno, pues al momento de dormírseme los pies, vino el camarero o camarera, no se lo que era, es que no veía bien, y me trajo la carta.
Una carta en un trapo de cocina. Todo pintarrajeado. Pero, original, se entendía la letra… incomodo para leer, probadlo, coger un trapo escribir algo como una carta de restaurant y luego cogerlo e intentar leerlo, a casi oscuras. Tela (nunca mejor dicho).
Estaba pensando. Que si vuelvo, cosa que dudo, vendré con un frontal.

Pues nada, me pongo a leer la carta como pude, madre mía, yo no entendía nada, había desde deconstrucción de tortilla de patatas con cebolla caramelizada y lacasitos castellanos, hasta bistec de vaca japonesa en su cuerda (¿?), con sal del Himalaya (que sabe a huevos fritos, os lo juro, mi amiga Montse es lo primero que dijo una noche que fuimos a cenar…. bueno ya os lo contaré), también había Callos Madrileños al chocolate suizo y de postre , mandarinas a la mostaza de djon.
Me dio un bajón de azúcar, me maree un poco. P’a mear y no echar gota. Esto no es un menú, es la lista de la compra de un esquizofrénico, sociópata, paranoide. Fui a lo seguro
Pediré el bistec. Algo mas seguro que el resto de manjares (?)
Mi amiga, después de mirar la carta y mirarme varias veces… la pobre tenia los ojos como platos….
– Javi, esto que narices es, donde me has traído – y tras varios insultos cariñosos, llego a la misma conclusión que yo.

Al rato, nada unos veinte minutos, vino un tío trajeado, pero con pantalón corto, tipo bermudas y zapatillas deportivas, con calcetines blancos hasta la rodilla. Hostia puta, vaya cuadro, que me dije. -Este pobre no durmió bien y se olvidó los pantalones. Y se me ha puesto las polainas esas blancas por si cuela.-
– Buenas noches, mi nombre es Carlos Federico Lauren y seré su primer camarero.
– Muchas gracias – conteste educadamente- Señor Carlos.
– No, no señor, es Carlos Federico Lauren.
– Ah! Disculpe usted, Señor Carlos Federico Lauren. Muchas gracias – pensé, este tio es gilipollas, o me esta vacilando. Seguro que lo segundo.
Y el tipo del traje raro me pregunto:
– De primero que va a ser…
– Nos pondrá “El bistec a la cuerda” a los dos. – y me quise hacer el gracioso – pero atelo bien que a mi me gusta poco hecho eh??, y esboce una sonrisa…. Carlos Federico Lauren, paso de mi, como de comer mierda y me quede con la sonrisa tonta en la boca.

-Y para beber que desean los señores,
Y le dije:
-La señora me ha indicado que un vino adecuado, a su criterio, y a mi me trae un gin tónic de esos vuestros que tienen hasta col lombarda y así ya me como la ensalada….
El tipo me miro raro, como pensando -menudo paleto que se nos ha colado.-
No lo entiendo, mi compañera, se descojonaba, y el Boy Scout, no había manera. Pase de él olímpicamente, no te rías. Que te den. Tú te lo pierdes, que eres más soso que un bocadillo de tofu.

Vino otro camarero todo de negro, que parecía batman y nos trajo un gazpacho, según él, era el aperitivo. En un vasito que parecía un tubo de ensayo. Y unas patatas fritas con sabor a pera de agua. Yo estaba alucinando. Miedo me daba el bistec, ya me lo veía mas pequeño que una albóndiga.
Pasó un ratito, bebí el gazpacho y el de Serapia también, las patatas las tiramos a una maceta que había al lado mismo de la mesa y, por fin, nos trajeron los bistecs.

Manda cojones, tanta mandanga y bomborrio y era un puto bistec atado a una cuerda, en una tabla de madera y un puñal del Yemen clavado en la misma. Allí estaba atado el bistec. Eso si, poco hecho. Al lado había una salsa de color azulado Star Treck, que no nos atrevimos a probar.
Nos comimos todo lo visiblemente comible, yo chupe la cuerda, cuando nadie miraba, por si acaso, nada, una puta cuerda con sabor a cuerda. Me comi la ensalada del gin tonic y me bebí el gin tónic, por dio, que asco, que sabia a brócoli y a no se que mas.

Charlamos un rato, más que nada, porque ya habíamos acabado y hala a pagar. Pues nada, 175,00 euros, sin café, sin postre, sin nada, ni pan pedimos, (por si acaso).

Al salir nos fuimos a un bar de esos de siempre llenos de grasa a comernos un bocata de bacón con queso y una cerveza. Que me sentó como el culo, por cierto. Vaya mierda de noche.
Y ya…pues eso. Noche de ronda.
©Javier Sanchez 2019

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