8 a.m.

LAS OCHO DE LA MAÑANA

Ocho de la mañana, salgo de casa, para mi carrera matutina, al bar a tomar un cafe y un donut.

– Buenos dias.!!

Nadie contesta, para variar, me acerco a la barra…

Alli hay toda clase de fauna, el ejecutivo que se comia la taza y se bebia el donut, con su movil, recibiendo emails, del puto jefe, jefe que no tiene vida propia y vive solo para trabajar y alarga su problema psicológico a su subordinado, mas la llamada de la explicación del email que le acaba de enviar al esclavo. Poca vida y poco viajar para ver. No para negociar.

La maestra, que se esta apretando un carajillo de coñac “El Galopero”, famoso en el mundo entero, porque en un rato se va a enfrentar a 30 cabrones de quince años, que amparados por los perro flautas de sus padres, le van a dedicar un dia insoportable. Y sabiendo que tras tantos años ejerciendo, esta al borde de la depresión. O de un día de furia.

Dos chicas de unos veinte años, tomando un te sin teina, sacarina. Una con una zanahoria y la otra un trozo de apio. Y hablaban no se que de perder peso…

No me lo puedo creer, eran dos niñas, con dos cuerpos de veinte años, sin un átomo de grasa, vientre plano, todo en su sitio, y hablaban de perder peso. (¿?). Peligro. Mucho peligro.

El cantamañanas, “singing morning” , que se cree el mas gracioso del bar, pegando unos gritos que pa que te cuento, hablando con el camarero, del partido de furbo, como no, entrenador de toda la vida, de graderia claro. Pesao como el solo, porque se cree el más gracioso. Ni el camarero le hace caso. Bueno nadie le hace caso… nunca.

El guaperas, alto moreno, ojos verdes, traje negro impecable (del Zara), perfume caro (cuatro dias sin cenar), maletin de piel, peluco de 3.000 euros, (un mes y medio sin salir y sin cenar) y con prisa.

– Eh Pssst.!! Oye.!!! Una cortado, corto de leche, con sacarina, es que tengo prisa. Llego tarde a…

El camarero corta la conversación

– cortao, poca leche, sacarina!!!

El guaperas, mira su peluco unas doscientas veces, antes de que le traigan el cortado. Se situa en la barra, en su postura estudiada al milimetro…. Se sabe guapo. Toma el cortado y mira el reloj dos veces mas. Y se va… a la cola del paro. Dando tres o cuatro vueltas, antes de llegar. Tiene la mala suerte que la oficina de desempleo está delante del bar.

En una esquina hay un hombre tembloroso, se esta tomando un cafe con leche y un croasan. Tirándoselo todo por encima. Y habla con el otro camarero, que está pensando que a la una termina el turno y, la verdad, no le hace ni puto caso.

El que le habla, el tembloroso, es Alberto, un recien separado, que le esta confesando que pudo salir hoy de IKEA… Se perdió.

– Desde el Sábado por la tarde que llevo alli, me perdi en el almacén de cojones “Junkhra” y las almohadas “Ronkargrl” , me quede solo, no veia la linea de seguir palante. Y alli me quede.

Ha sido horrible, sin cobertura, sin nadie… todavía no he ido a casa, mi mujer no se lo va a creer.

Yo gritaba y gritaba, a los de seguridad, para ver si me echaban a la calle, y asi orientarme, pero solo me indicaban de lejos.

– Oiga, salga de ahi ya mismo y siga la linea!!!

– Pero que linea!! Si aqui no hay nada!!

– Que salga de ahi cojones!!

Y se iban…

El tio estaba en la barra llorando como una ensaimada, lo de madalena ya huele, renovarse o morir. Y nadie le hacia caso. Vaya cuadro.

Tambien hay cuatro currelas, en una mesa, son de la obra de al lado, una reforma de estas de fachada. Los cuatro con bocata de metro y medio.

– Nene!!! Cuatro cervezas!! Maas!!! Y ve poniendo cuatro carajos que vamos tarde ya.!!!

Que nos llama el andamio. Veeennngaaaa!!!

Hostia puta!! Se habían apretado dos birras cada uno y un carajillo. Y al andamio… manda cojones.

Tambien en un rincón esta el alcoholico, un poco desarrapado, y dejado de si, con cara de cansado, que se bebe una cerveza a las ocho de la mañana, con la cabeza baja, sabiendo que todos los superhumanos, toda esta fauna, le estan mirando y criticando. Sin saber su espantosa historia. Lo que le ha llevado al agujero. Y juzgandole. Sin miramiento ni empatia alguna.

Y alli estaba yo, en la barra, sin que el puto camarero me ponga el cafe, con mi camisa de rebajas, mis pantalones de 15 euros, que no me atrevo a lavarlos por si acaso se destruyen y mi fiambrera tipo bolso.

Lo mejor del mercado, me he hecho unas pechugas de pollo con una sopita, que estarán calientes cuando llegue la hora de comer. Treinta euros me ha costado la supermegafiambrera.

Me encanta ir al bar a esta hora, veo la vida tal y como es. Como se pinta cada mañana. Como la pintan cada mañana cada uno de los personajes que la componen.

Que la componemos.

Me siento de verdad entre tanta gente. Entre esta gente. Porque son la cotidianidad pura y dura. Mucho mas dura que lo que cada uno de ellos muestra, pero entre todos la componemos a la perfección.

Y esta tontería os queria contar.

Gracias por leerla.

©Javier Sanchez 2019

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2 comentarios en “8 a.m.

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