La verdadera historia de Caperucita roja

Escrito y dirigido Por Javier Sánchez,

Doctor en Psicologia de insectos de la Universidad de Media Qeusako, Japon

Exteriores: Roberto Sanchez “el caretas”

Guion: Javier Sanchez

Fotografía: Stevie Wonder

Producción: Fox – The films in te road

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Capitulo 1

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Imagen robada por la revista ‘MOLA”, que muestra a CR recogiendo musgo y drogas varias.

Erase una vez una niña a la que llamaban Caperucita roja, más que nada por que llevaba siempre una caperuza roja, toda ella, oye. Si la llevara azul pues le llamarían azul y así consecutivamente con todos los colores del arco iris y todas sus mezclas. De hecho según muy fiables efectuados por un servidor, o sea yo, la Caperu era daltónica, o sea que le importaba un huevo el color de la caperuza. Su madre un dia le puso la mantilla esa y le dijo mira que bien te queda esta capa gris… tambien era daltonica. El padre no.

Pues eso, que La Caperucita esa, que realmente se llamaba María José Sanchez López de la Fuente de Olmillo, y era de Tembleque (Toledo), vivía con su abuela, bueno eso dice el cuento, pero este investigador que les escribe, ha descubierto tras 98 años y tres meses de investigación que realmente vivía con sus tíos, sus primas y primos, y con doce enanitos, que llegaron un día que la Caperu daba una fiestiqui y se acoplaron. Ya hablaremos de ellos más a delante, si me acuerdo.

Caperucita, al contrario de lo que el cuento indica, no era una niña, ni mucho menos, era una pava de 32 tacos ya mas trallada que mi prima “La Veneno”; licenciada en biologia botanica de las plantas, por la University School Garden Power Flower of Sao Paolo de Mar. Con un Cum Lauden, por un trabajo que hizo sobre el precio de las bayas en tiempos de la recesión en Irlanda del Sur. Termino la universidad con 28 años, ya que repitió tres veces diez de las doce asignaturas. Al final consiguió terminar la carrera con la ayuda de su gran amigo el catedrático. Mas adelante contaremos la historia de “el catedrático”. Que no era el Catedrático de la uni precisamente.

Bueno pues, no le sirvió de una mierda, porque con semejante trabajo de final de carrera, “pa mear y no echar gota” por cierto, no consiguió trabajo de lo suyo, en ningún sitio sabían nada de bayas ni mierdas de esas que había estudiado. Hasta fue a Parques y Jardines de Sherwood, pero le dijeron que había poco trabajo, por qué estaba todo prohibido, pisar, cortar dar de comer a los animales, a las personas, a los políticos, etc, etc. Que vamos que se fuera por donde había venido.

– Yo solo quiero que de morirme, todo me va mu mal, mu mal, le dijo el encargado, llorando como un croasant.

Nota del autor: (llorar como una magdalena ya esta muy leído, renovarse o morir, además ahora se llaman muffins)

Pues eso, que gracias a esa licenciatura, que no servía para nada, Caperu se pasaba el día en el bosque recogiendo moras, bayas y porquerías de esas que crecen en los bosques, esto dicho textualmente por Caperucita. Todas las tardes muertas (nunca he entendido estas frases, lo de muerto, estoy muerto, tardes muertas, horas muertas, da un poco de yuyu, pero sigo sin entenderlo) molestando a los animales, tirándoles piedras y mil putadas mas. Quemando matojos, y con una cesta llena de musgo y setas. Con el tiempo se volvió un poco cabrona la Caperu, mas que nada por el asunto del trabajo, por lo de estar tocándose el higo todo el día, y no tener nada qué hacer, ni atracar un banco ni nada, todos sabemos que en los bosques no hay bancos, de sentar si que había pero los quitó el ayuntamiento. Vamos que una bala perdída para la sociedad. (No viene a cuento la frase, pero la he oído en la radio esta mañana)

Caperu tenia un vecino que era leñador, veinte años mayor que ella, Lorenzo Quete, como ya he dicho antes, y si no lo he dicho pues lo digo ahora, tonto como el solo, que llevaba una motosierra encima siempre, y siempre decía que le costaba cortar arboles, y cada día, todo el mundo le decía:

– Lorenzo que tal si le pones gasolina a la motosierra y arrancas de vez en cuando el motor. -Como os digo tontolculo. También Cum Lauden.-

La Caperu estaba enamorada de un tío llamado Robín, Robín de los bosques, le llamaban, porque vivía en el bosque, la verdad es que no se escojonaron mucho con el mote, pero bueno.

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Este es el tal Robín, vaya tela. Imagen al óleo cedida por el Museo de Sherwood.

Un tío, con un poco de pluma (de avestruz), el tal Robín, que siempre iba en leotardos con un arco haciendo el gilipollas, flecha p’aqui, flecha p’alla y un vestidito de color verde botella, corto que le marcaba todos los huevos, con un chaleco de color marrón, de lo mas fashion, muy ordinario y muy gay de la muerte a la vez. Que no pasa nada, pero tampoco es la imagen que nos querían mostrar los autores de la famosa novela Mejicana “Robin de Los bosques”.

Este Robín iba siempre con otro tío mas grande que el, Little John, que quiere decir en ingles Pequeño John, (no hay quien les entienda a estos ingleses). Todo el mundo sospechaba que ellos si que entendían. Siempre peleando y cogiéndose por la espalda, revolcándose por el suelo, etc bueno ya me entendéis.

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Intermedio – parón para publicidad, vayan al excusado, nevera, etc. 5 minutos

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Como íbamos diciendo….

Caperucita era una fiestera que te mueres, se pasaba el día zampando bayas y fumando musgo y todas las hojas secas que pillaba del bosque, que me cogía unos pedos que p’aque te cuento.

Caperucita tenia a su madre muy abandonada; su madre, Luisa Fernanda de la Fuente Zarzollos, natural de un pueblo del condado de Sherwood llamado Rosbeeffshire, Luísa desde el primer día que llegaron los enanos a casa, se enamoró perdidamente de John “the Big Manguereiton”. Estuvieron a punto de casarse y todo, pero en el último momento dijeron que pa que. Si total hacian lo mismo. Y tenían razón. Ya lo dice el refrán Francés “en martes a quien buen árbol arrima, no te cases”, o algo así.

Pues eso, que realmente, a María José, la caperu, le importaba un guevo lo que su madre hiciera o hiciese con “the Big Manguereiton”, mientras le dejara tranquila con sus musgos y mierdas varias. Ya desde pequeña hacia lo que quería, se iba en el amanecer con Robín, que en aquella época llevaba falda, él decía que estaba en su “scotish time”, y no aparecían hasta el Ocaso (empresa de seguros patrocinadora de este estudio / informe)

Por cierto, como nota del autor y para abundar en datos, los enanos eran doce en un principio, no siete como dice el cuento de la tontalahaba de la Blancanieves, que también vaya nombre la pobre. Pues si, si, eran doce, lo que pasa que el paro y la crisis en el país de Nunca Memires hizo emigrar a cinco de ellos al país de Nunca Tellamare, a trabajar en las minas de carbón, unas minas que sacaban carbón (nota para los atontaos). Por eso salen doce, y en el cuento de Blancanieves, salen siete, no es que me lo haya inventado, está demostrado científicamente, que manda cojones que lo tenga que explicarlo todo…

Pues eso, que me disperso. La madre de la CR, (a partir de ahora la llamare CR), se pasaba el día con el “the Big Manguereiton”. Y tuvieron 3 hijos, Pinocho, Luis Alberto y Pinueve, este ultimo nombre fruto de una noche que los tres estaban de musgo hasta el infinito y más allá, y se les ocurrió tal nombre. Fiestas eternas de la madre con los individuos esos. A veces cuando llegaba CR a casa, observaba que su madre siempre estaba de pie, y le decía

– Mama pero siéntate por favor a cenar, y la madre le decía,

– Hay hija no puedo es que hoy me duele mucho el arco del triunfo y mejor de pie, no te cuento mas por que vamos a cenar. Y por cierto hay que ver como me vienes, que te cuelgan trozos de baya de la boca. De verdad aburrida me tienes….

– Ay mama, por favor no empieces, llevo todo el día buscando trabajo por las granjas de los aledaños y no encuentro nada, y, bueno, lo que encuentro son mis musguitos y mis hojitas y to eso, que tu ya sabes colega que me ponen to loca, ¿que no?… Y no me puedo de reprimir.

Su madre pensaba.

– Madre mía (remitiéndose a la famosa abuela, que luego sale.) que habré hecho yo para que le polimusgodrogata esta este todavía en casa y encima se me echa un novio bujarra, por dios, por dios…. que cruz y todo eso que se dice, para quejarse al de arriba, que ya ves, estará jugando al poker descubierto con todos los que han sido buenos. Y ni caso.

A todo esto Robín, el de las mallas ajustadas, andaba haciendo el gilipollas con su arco y con su amigo Littel John, que también andaba con el palito. Los dos danzando por el bosque de Sherwood. De vez en cuando Robin, se subia en un tronco de arbol caído y hablaba a la plebe:

– Yo soy el Señor De Sherwood, a lo que los demás le comentaban,

– Pues nene tas quedado en na, porque ya me contaras, Señor de un bosque lleno de mierda, de tus flechas, con tu novia que esta todo el día fumada y comiendo bayas, vamos que tienes una suerte que ni el autor de este relato, que se pasa el día escribiendo tonterías.

Sin inmutarse el carapasillo de Robín, decía que había que robar a los ricos para dárselo a los pobres. Y que él era muy pobre, que por eso se llevaba una parte del botín. Todos los mongolos del populacho le aplaudían incluida CR, que acababa de llegar de por ahí de paseo, aplaudía, pero no sabia porque, comer bayas es lo que tiene. Se reía y decía.

– E mi novio… E mi novio… con las babas que le caian por la comisura de labio (joder que bien que escribo)

En un momento dado del discurso de Robín, apareció por allí un tío volando con un gorro extrañísimo y unos botines con alas, tambien superfashiondelamuertetotal, y se planto encima del tronco, donde estaba el Robín. El individuo volador, solo reia y sonreia, no hablaba, parecia como si esperara algo…

Y extrañamente al momento se escuchaba una musiquita, que por cierto, nadie sabía de donde salía…

“si acaso quieres volaaaaaarrrrrrr…….”, la gente miraba a su alrededor para ver de localizar de donde salía esa música tan tonta…. Y el verdoso habló.

– Hola pueblo, labradores y labradoras de este bosque tan fermoso, me nombre es Peter, hijo de Wilfred Pan, hijo de Francisca Pe, nacido en las tierras de Nunca Jamas… Todo chulo, y con las manos en la cintura.

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El Peter ese, lo del país de Nunca Jamás es mentira como veis en la litografía encontrada en una cueva de Cuenca.

Y uno de los parroquianos le dijo:

– O sea que eres Pedro el de la Paqui, la charcutera.

A peter se le borro la sonrisa y fulmino con la vista al labriego.

– Pues si, soy el de la Paqui, el de la charcutería de Westminister. Y vengo del país del Never Jamás, no perdón Nunca Jamás, donde todos somos niños y jóvenes con ganas de vivir y tenemos unas hadas preciosas, yo tengo una que se llama Campanilla y….

En esas que pasaba por allí CR y le dijo…

– Hostia el Peter, el de la Paqui,!! Ehhhhhhhhh Peteeeerrrrr!!!, Pero tíooooo, que pasaaaaa!!!, hala y te has venio con la campanilla esa, que guarra que es la pava esa, que lo pone to perdió del polvo de oro ese. Ya me va bien por que me lo fumo y no veas como coloca.

– Hola Mariajo, como vas, bueno, ya, ya veo como vas, joder, como te has dejado ir. Te dije que fumar musgo no te iría bien y lo de comer setas menos. Que pena y que deterioro de mujer porfa te lo digo y redigo Robín.

La CR seguía hablando ininteligiblemente (joder que palabrita, para decir que no se le entendía nada) – que si el Peter era mu gueno, que era su colegui del insti…. etc, todo esto se lo decía a un árbol, mientras lo tocaba y le decía, estas muy arrugao Sebastian… ¿no?

Así que Peter obvió (pasó) a la CR y siguió con el palique a la gente.

– Bueno pues en el país de Never Jamas, somos siempre jóvenes, como ya os digo y tenemos hadas y toda la….

Y uno de los parroquianos que estaban escuchando, más que nada por que en el bosque hay poco que hacer. Como ya he escrito antes. Lo sé. Es para rellenar huecos.

– Neneeeee!!!! Pues pa ser jóvenes para siempre estas un poco estropeado eh,? Que pareces el trovador ese, el Mick Jaguer.

Carcajada general y “give me five” entre los parroquianos. Peter hizo caso omiso (vamos que paso de ellos como de la mierda) y empezó a comentar lo bonito que era vivir en el país de Never Jamas, a lo que la gente, que ya tenia el cachondeo metido dentro, y la risa se descojonaba por cualquier chorrada. Risa tonta que se llama. Desparramo total, la gente por el suelo y Peter, Robín y Littel John, con un cabreo de los de órdago (que no se lo que es pero mola ponerlo). Pasado el rato de risa tonta y ya contenida, hablo Robín, pues Peter, el de la Paqui, se fue con campanilla, volando por el bosque, se estaba meando, dijo él, y de nuevo la canción….

– Si acaso quieres volaaaaaaarrrrr. – Que toda la gente, miraba asombrada alrededor, preguntándose, de donde coño sale esa música otra vez?.

Robín empezó a hablar.:

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Continuara en Capitulo 2 o eso espero.

© Javier Sanchez 2017-2019

11 comentarios en “La verdadera historia de Caperucita roja

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