Buenos días, buenos días.

Amanece en tu bello hombro, me encanta verte dormir a la luz color trigo del alba, me recuesto en la almohada, dispuesto a observarte, como cada mañana, como cada amanecer.

Tus preciosas clavículas al descubierto, el movimiento de tu pecho al respirar. Tus brazos por encima de tu cabeza, sujetando la almohada.

Quiero besarte, deseo besarte, pero no puedo, elegí contemplarte dormir al amanecer, cada día del resto de mis días. Es algo bello, radiante, único.

Envidio las sabanas que te arropan, que delatan tu cuerpo. Y tú entre sueños, como cada mañana, esbozas una diminuta sonrisa. Exhalas un profundo suspiro y giras tu cara hacia mi. Se que estas a punto de volver a vivir.

Tu mano bajo tu bello rostro, verte así, me relaja, calma todo mi ser, se que descansas, duermes. Y yo, yo vigilo tu sueño. No me atrevo a tocar semejante obra de la naturaleza.

Y llega ese momento que, de pronto, dos preciosidades reciben la luz del día y una sonrisa pinta tu cara. Estoy al borde de llorar. Llorar de amor es algo bello, precioso, humano. Es algo que tú consigues cada mañana.

Te beso y me besas, con un buenos días, apagados por mis labios, de nuevo te beso.

Apoyo mi cabeza en la almohada y te miro. Miro la vida. Te miro.
Y mi cuerpo tiembla, pues me cojes la mano y la llevas a tu cara.

Buenos días mi amor.

Buenos días.

©Javier Sanchez 2019

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