EL HERRERO

El labriego se acercó casi temeroso a aquella herrería, casa oscura, con una luz naranja palpitante del horno.

En lo profundo de esa oscuridad, se oia un sonido martilleante metal contra metal, ritmico unisono. En la estancia, al fondo , entre hierros, un calor espantoso y aire irrespirable, habia un hombre, golpeando con un mazo un metal incandescente. Brazo poderoso, y mirada perdida sobre el metal que golpeaba con fervor.

El herrero era un hombre dormido y muy alto con un cuerpo musculoso y lleno de heridas, que delataba mil batallas.

El sudor creaba surcos en su violenta cara, en los cuales aparecía su piel arrugada y curtida por el intenso calor de la estancia, llena de metales y escudos reales, espadas, cuchillos y guadañas.

Al notar la presencia del visitante se giró de inmediato y habló, con voz muy profunda.

– Buenos dias tengais humilde labriego, soy, Farlo Pa Dentro, hijo de Isidor y Fracasia, forjador de espadas misticas, de hojas defensoras de honores, espadas de reyes y reinos y escudos defensores de las tierras de aqui a to lo alto las tierras de Vallecas. Que se os ofrece.

El labriego, todavía conmocionado por la voz y la imponente presencia de aquel hombre, espetó:

– Ya, ya, ya… Emmm, es que… Pero… y vos, ¿copias de llaves, hacéis? Es que he perdido la mias y la Juana me mata si se entera.

– Si , tambien, tol dia.

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© Javier Sánchez 2020

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