De aquel beso.

Hablando, de pie, uno frente al otro, viviendo en la sonrisa de la gente que se ama, de esa sonrisa que dibuja el pintor de alas blancas.

Hablando, de pie, uno frente al otro, dulcemente con esa mirada que no ve más que los ojos que tienen delante, esa mirada ciega que deambula entre algodones y caricias, a salvo de tormentas.

Y suavemente, buscaron sus manos, sin dejar de mirarse, no podían dejar de mirar aquella belleza que irradiaba de sus almas. Con las manos entrelazadas, suavemente, las acompañon a sus caras y se besaron, sintiendo que el mundo desaparecía a su alrededor, se besaron sintiendo las lágrimas en los ojos, lágrimas dulces, la cálida alquimia del amor que recorrió sus cuerpos y les adormicia el pensamiento.

No sentían nada más que aquello que no se puede explicar, aquello que les separaba del mundo normal, creían, mientras se besaban, que jamás podrían explicar a nadie ese bello sentimiento, ese poder que les poseia, esa dulzura, la bella pluma que acariciaba sus almas, con una bondad infinita.

Simplemente pensaron que nunca volverian a besar a nadie de aquella manera, porque no habría nada, no existiría nada como ese beso, pues que no habia nada más bello que besar sus almas con los labios.

A mi padre que me enseño que es el amor.
© Javier Sánchez noviembre de 2020

5 comentarios en “De aquel beso.

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