Donde estarán los abuelos.

Me quede sentado en el borde de aquel banco. Aquella tarde, no era como todas las tardes. Era una soleada y preciosa tarde de otoño.

Realmente no pensaba en nada, solo veía a gente pasar, que veían a un tío sentado en un banco.

No escuchaba nada, solo miraba. La señora con la compra, el chico con el niño a cuestas. Una chica corriendo, a punto de explotar, llegaba tarde a todo. Un ejecutivo hablando por el móvil, explicando a alguien lo que debía de hacer, de muy mala manera, por cierto, como casi siempre.

El típico cabron trepa, que arrasa con todo lo que pilla – pensé para mis adentros

En un momento, un olor a colonia de bebé visitó mi nariz, me gire y allí, a mí lado había dos abuelos sentados, ni idea de por dónde habían aparecido, dos abuelos de libro, sombrero, bastón, abrigo, jersey y camisa.

Y les dije buenas tardes, me miraron y asintieron con una sonrisa maravillosa, de esas que solo da la edad, pero sin decir nada.

Y comenzaron a hablar, de sus cosas, supongo.

– Mira, sabes, yo me pase la vida trabajando, cuidando de mi familia, haciendo horas y horas, para que aquel hijo de puta se comprara un coche al mes o cada dos meses. Cuatro hijos, dos niñas y dos niños, todos con carrera, todos fueron encarrilados y colocados, todos con trabajo. Siete nietos. Siete, fíjate tu. Y llego un tiempo que nadie existía, todos desaparecieron, hijos y nietos. Sin más. Hasta la  compañera de mi vida se fue una tarde de verano. Y mirame ahora, solo en un banco mirando al fondo de aquella calle para ver que hay. Hablando contigo, que nunca dices nada. Ni me miras, ni me. Contestas

Fíjate, mira Luis, mi hijo y sus niños. Por ahí van, no lo entiendo, poco me hablaban, ni venían a vernos, ni a comer los domingos. Pero si me veían por la calle, los niños se acercaban. Y ahora mira, joder, ya estaba triste, pero ahora es que no me cabe más tristeza. Me miran, pero es como si no me vieran, los niños señalan aquí, y mi hijo asiente. Y no lo entiendo.

Y oí que el amigo le decía.

– Vámonos ya Javier, se hace de noche y hay que irse.

A mi se me había puesto un peso en el pecho que no podía respirar y me gire para decirles algo, algo que no sabía que decir, sería algo incongruente, pero bueno, algo que les aliviara.
Y al girarme no había nadie. Me quede bastante sorprendido. Habían desparecido.

Mire al frente y había un hombre y dos niños pequeños que señalaban el banco al padre y hablaban con él sin dejar de señalar, sonreír, saltar y saludar y el padre les bajaba el brazo y asentia sonriendo, y decía que tiraran para adelante. Mientras marchaban, el padre, se quedó mirando al banco con cara de estupefacción, entre tristeza y arrepentimiento.

Fue algo muy extraño. Volví a mirar, allí solo estaba yo, los abuelos. No estaban.

Solo un olor a colonia quedó…. los abuelos se habían ido… curioso ¿No?.

© Javier Sánchez noviembre de 2020

5 comentarios en “Donde estarán los abuelos.

  1. Reblogueó esto en A.G.A. | IMECU – Growth Marketing Digitaly comentado:
    /_¨Era una soleada tarde de otoño— ./No escuchaba nada´- una chica corriendo__`la señora de la compra- el niño con el niño acuestas-. Pense para mis adentros—,dos abuelos de libro-sombrero-bastón y comenzaron a hablar-de-sus-cosas-. Me miran, pero es como si no me vieran— .Y al girarme no había nadie. Habían desaparecido. — ./Volví a mirar, allí solo estaba yo, los abuelos no estaban— ./Solo un olor a colonia— . Aquella tarde¨.

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