No guardes nada.

No guardes las flores, las que son para ella.
Las flores son como los susurros, esos susurros que se deslizan entre las mejillas sonrojadas y llevan a la sonrisa.

No guardes los susurros, los que son para ella.
Los susurros son como las flores, esas flores que danzan entres sus manos y le hacen sonreír.

Entre sus manos y sus mejillas se deslizan y danzan las flores de la vida y los susurros del alma.

Vida, flores, alma y susurros, entre tú y ella. Nunca guardes nada.

© Javier Sánchez abril de 2021

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