UN PENSAMIENTO CON MI PADRE.


Tras lo acontecido, tras lo sufrido, me sentí solo y me siento solo, terriblemente solo entre tanta gente padre.

Necesité de tu presencia, de tus palabras, ver esos ojos azules, brillantes y cansados. Necesito esas arrugas arropando mi vida.

Necesité y necesito de tu mano en mi hombro, cuando apoyabas tu mano en mi nuca, siempre calmando mi vida con tus palabras y ese don tuyo de saber lo que pasaba sin estar.

Necesito tu tranquilidad, el amparo de tu seguridad. Necesito tu tos, tu respiración, aunque fuere aquella respiración crepitante y espantosa, que aceleraba mi corazón. Necesito tu cansancio para cuidarte, ya no cuido a nadie, necesito tu olor.

Necesito tu forma de andar, con la mano izquierda en el bolsillo, andando tranquilo y mamá cogida de tu brazo. Sintiéndolo todo, viéndolo todo

Necesito, padre, de la última vez que te vi, pues de mi vida, se arrancó un pedazo cuando partiste y no regresa, cada día se va un poco más rápido, más rápido. Y tú me lo dijiste que pasaría. Y cada día te necesito, cada hora y cada minuto. Hace treinta años, que me dejaste y se que por naturaleza no deberías de estar aquí.

Padre, siempre me decías, Javier, “Di siempre lo que sientes, no escondas nunca nada a nadie”. “Y piensa que en esta vida hay gente con clase y clase de gente”, “gente que te escuchará y gente que te oirá”. Y “gente que se subirá a tu bondad”, déjalos que lo hagan.

Y asi lo he hecho siempre y así lo hago, y así te lo digo, cada vez que lo hago, te recuerdo y un dolor punzante arrasa mi alma por tu ausencia, tu recuerdo. No ha existido, en mi vida, nadie como tú. Nunca.

Nunca nadie me ha enseñado lo que es la bondad como tú lo hiciste y cumpli con tu máxima idea de la vida, “Javier, hijo, solo sé buena persona, es lo mejor que pueden decir de ti, lo demás carece de importancia y tu hijo, tiene ese problema de las personas buenas”. Nunca entendí eso, hasta pasados los años. Pero lo intenté y sigo haciéndolo cada día.

Y es que te siento tan cerca y a la vez tan lejos, que a días me vuelvo loco. Me invade una tristeza, que me arrasa como una llama de fuego helado. Me llena de arena el alma. Y caigo en profundos pozos causados por esta soledad.

Y lloro con una simple canción. Con una simple persona que me sonría. Lloro con los problemas de los demás, me preocupo de los problemas de los demás y todo ello lo pago. Pero es algo que no puedo evitar y no puedo explicar, tenías razón, sé lo que no debería saber.

Y agujeros en el alma tengo, después de mas de un cuarto de siglo, que no están llenos. Me dejaste medio vacío. Y no tengo forma de llenarme, ahora que estoy en la pista final.

Padre, nadie como tú, fue. Ni será. Padre, nadie fue, ni será. Nunca.

Gracias por ser mi padre

A Ramón Sánchez Mata
Mi padre
25 de enero de 1925 – 19 de marzo de 1991


©Javier Sanchez junio de 2021

2 comentarios en “UN PENSAMIENTO CON MI PADRE.

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