El entierro extraño

Ayer, por desgracia tuve que asistir a un funeral, era de la madre de mi amiga Encina, si, se llama Encina, su marido se llama Sauce y sus dos hijos, Orquídea Salvaje la niña y el niño se llama Champiñón, pobrecillos, que pena, son carne de cañón en el cole. Encina es una tía muy rara, bueno ambos son raros y siesos como un bocadillo de pan rallado. Pero oye, es mi amiga y me la quiero mucho, bueno tampoco mucho, más que nada la aprecio, así más o menos. Bueno, me sincero, total no me lee nadie, la verdad es que a veces me da vergüenza ir con ella con la corona de florecillas y las camisas de saco de cacahuetes, pero vamos hay que aguantar. Como dijo el gran estadista demócrata Sadam Hussein «La amistad es lo primero, después de mi»

Pues lo que pasa es que según la religión de los zumbaos estos, que se llama Rogue Two, es que cuando fallece alguien de muerte mortal, los amigos y familiares tienen la obligación de llevar al cementerio a una vidente para mediar entre los mundos del Pakagupaya (el cielo de ellos) y Pakagupaca, que es el cielo de nosotros, los medio vivos, así nos llaman los atrofiados estos, los medio vivos, porque dicen que no sabemos que es el traslado de la energía cósmica hacia el universo del otro lado o algo así entendí aquella aciaga noche en una cena en casa de mi amiga Encina (en aquel entonces todavía se llamaba Rigoberta y el Sabino), una cena de amigos totalmente extraña y que el que os escribe iba hasta las cejas de peyote y cubatas de anís del mono.

Bueno pues ya en el cementerio, la médium se puso «a trabajar» y no dio ni una, solo hacia que hablar raro, tirar huesos de oliva y decir que no. A ver, la mujer no dio ni una, no lo conseguía y se esforzaba, no conectó con el Pakagupaya, ni con el cielo de los Indios Tabajaras, ni con nadie, además la llamaron al móvil en medio de la sesión, que por cierto nos dio un susto que pa’que te cuento Mari Pili. Resultó que era su madre para que comprara pan para la cena.. Al rato contactó con una cadena de radio, los 40 principales de Barcelona, pero de la fallecida y sus amigos los muertos, ni papa. Después de tres horas de ruidos extraños, ve hacial la luz y conexiónes fallidas, dijo con sobriedad:

– Joder, es que no hay manera…

y después pasó al siguiente evento, que es el saber quien va a ser, de los presentes, el próximo en morir, que manda cojones que vayas a un entierro y te digan que serás el próximo en roscarla. Llegado ese momento, la vidente se concentró y comenzó a convulsionar, a poner los ojos en blanco y echar espumarajos verdes por la comisura de sus preciosos labios. En un momento dado nos dijo con voz de pito, oyes, como la anciana pequeña esa de Poltergueist:

– «Queeeee me dicen los del otro “lao” queee el siguiente en mooooriiiiirrrr seraaaaaaaá la primera persona que salga del recinto del cementerio, ve hacia la luz Carolanneeeeeeee».

O algo así dijo. Yo, es que tenía sueño y estaba sentado en una lapida de un tío llamado Francisco Breayer, fallecido en 2003 y nacido en 1873, aunque mi instinto arácnido me dice que se equivocaron, el jodío tenia 130 años cuando la palmó. Supongo que la impresora que hace las lapidas no funcionaba bien.

Ya eran las 20.00 pm y de allí nadie se había movido. Y nada que, visto lo visto, aquí estamos todavía todos. Os escribo sentado encima de la lápida de Francisco, que estamos jugando al dominó. Estamos todos bien, menos la madre de Encina y se me ha ocurrido un truco para poder salir de aquí después de cenar. Pues mira, hemos pedido pizzas, una birras y café para los cincuenta, bueno menos a un vegano que no ha pedido nada, no le hemos dejado. Con este truco saldremos, les he prometido que  después de cenar saldremos, ya que cuando venga el pizzero a entregarnos la pizza le haremos entrar al cementerio y…. como tiene que salir, él la palmara y entonces podremos salir.. Es que soy un genio de la informática y la geografía cuántica. Lo sé, soy un cabrón pero hay que salir.

Ya os contare otro día quien salió el segundo, porque me temo que va a haber guantazos para salir de aquí.

Hala un beso a todos. Menos a una.

© Javier Sánchez abril de 2022

6 comentarios en “El entierro extraño

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