«QEE, el vampiro» Capítulo 2 de 234

Esto de arriba es el anterior episodio

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QEE El vampiro.

El capítulo 2

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Curiosamente no me morí como cuentan en las películas de vampiros, que los entierran y luego salen de la tumba, la verdad es que depende de que tumba no sale en tres mil años. Si son de esas que la familia pone una losa de dos toneladas, ni vampiro ni hostias, ahí te quedas pa siempre jamás, vamos que ni Hulk convertido en vampiro y hasta las cejas de red Bulls y ginseng.

Pues nada, que allí estaba en una cama de un hospital, con más aparatos que un mecánico de Fórmula uno. Había en la habitación tres médicos, una médica, y dos enfermeros. Todos alucinando porque llegué con menos sangre que el tobillo un canario y no me había muerto. El cabrón de Mario debería de ir por ahí como los mosquitos en verano, con toda la panza colorada. Que ganas le tengo.

Pues nada esto de ser vampiro es una mierda, por lo menos a mí no me ha hecho nada, el Mario este es gilipollas.  Oye que ni tengo más olfato, ni me molesta la luz, ni oigo más, ni súper fuerza ni nada de nada, joder que mala suerte tengo, me muerde un vampiro y no me pasa nada. Ah! A lo mejor es que me he vacunado tres veces para lo del covid y como también lo he pasado, pues será que soy inmune al virus Vampir19. Eh!! Todo es posible el la viña del señor.

Hostias!! Nada más decir esto me ha entrado una vomitera que casi me doy la vuelta, por dios, que asco. Otra vez!! Vomitera.

Nota en mi diario: Primeros síntomas de que me estoy convirtiendo en vampiro, no puedo mencionar al innombrable del triángulo y el ojo por sombrero. Vaya una mierda de súper poderes que me ha dejado el gilipollas ese.

Pues oye que llevo en el hospital dos días, me han hecho dos transfusiones de sangre, y ahora ya tengo el gotero de suero, debe de ser la hora de comer pues huelo a sopa de sobre, pero sólo son las 10 de la mañana, debe venir de la cocina del hospital que debe de estar por aquí cerca.

– Enfermera, ¿La cocina del hospital está aquí cerca? Es que huele que tira para atrás la sopa de sobre del ejercito de cuando la conquista de filipinas y las pechugas de pollo recalentado.

– No, que va, está en la planta baja y nosotros estamos en la diez.

Me quedé de pasta boniato, se me había creado el súper olfato, por eso esta mañana olía a mierda, el de la habitación 107, yo estoy en la 101, se ha tirado un pedo alucinante, creo que habrá muerto de la onda expansiva o se habrá dado la vuelta. ¡Y lo he olido! También ha ayudado los gritos de la enfermera llamándole guarro al tío o tía, no sé.

Nota en mi diario: Otro súper poder de mierda (nunca mejor dicho), el olfato ha empezado a incrementar su valía. La verdad es que no se porque escribo así que parezco un abogado revenido. Además, lo estoy pasando muy mal pues mi habitación, que está al lado del ascensor, tiene un baño y ahí entra todo el mundo a mear y a cagar, como no me puedo mover todavía, pues eso, que se aprovechan. Oyes que ni saludan los imbéciles. Yo les digo:

– ¿Es que no hay más baños? Enig?

Ni me contestan.

Está tarde ha venido el médico, creo que ha comido albóndigas con tomate, un café y un carajillo de whisky. Y lleva una colonia malísima, creo que es Varón Dandy. Es que se me ha acercado a mirarme las pupilas, con esa boli linterna. Ya me ha dicho que mañana puedo ir a casa, que me dará el alta sobre las 10 AM (antes de merendar). En la habitación hacia un calor tremendo, parecía que estaba en una fundición incendiada, y ya empezaba a dar un solitron que casi me llegaba al borde de la cama. Con esto no quiero decir que había alguien borde al lado de la cama, quiero decir que estaba casi tocándome. He llamado a la enfermera y le he dicho, oiga puede cerrar las cortinas es que me estoy asfixiando

-Pues oiga, esta el aire acondicionado a tope. Si quiere le abro la ventana un poco mas y le abro las cortinas para que le entre fresco.

– Si por favor, a ver si se me pasan estos calores que parece que tengo el climaterio.

La mujer abrió la ventana y las cortinas y me dio toda la luz en todo el brazo, por favor que dolores, me estaba quemando vivo el brazo

-Cierre, cierre por favor que me quemo vivo.

La enfermera alucinaba, rápido cerro las cortinas y la ventana, bueno es al revés, la ventana y las cortinas. Rápidamente se me pasó y vi como mi brazo quemado se recuperaba. Menos mal que no estaba mirando la muchacha.

Nota para mi diario: Tengo otro súper poder, me curo rápido, muy rápido, pero no puedo dejar que me de el sol directamente. Este si que es un súper poder bueno, lo que pasa es que tengo que hacerme daño para que funcione, el hipo poder es que el sol me puede matar y eso ya me jode mas.

La enfermera se puso a curarme las mordeduras de aquel cabrán y mientras me quitaba las vendas del cuello se corto con las tijerillas esas tan pequeñas y le salió un poco de sangre, bufffff, me desmayé, padezco de hematofobia, me mareo y me entran las mil muertes si veo sangre, vaya mierda de vampiro. Me desperté cuando ya estaba curado y me dio un algo raro que ataque a la chica para beber su sangre, unas voces en mi cabeza me decían muérdela, algo alucinante, se parecían a Mocedades en una mala tarde, ella me metió un guantazo que me hizo un corte en la cara, fue con un crucifijo que tenia como pulsera. Me volví a desmayar otra vez, madre mía que tarde de desmayos. Cuando desperté estaba sentado en el sillón de la habitación, le pedí disculpas a Gumersinda, así se llamaba la enfermera, me contesto que me perdonaba no sin indicarme que la próxima vez me tiraría por la ventana, que no era la primera vez que lo hacia con zumbaos como yo.

Así pase la tarde de mi último día en la cárcel de enfermos. Tenia mas fuerza, me encontraba como mas mejor y me levante del sillón a pasear un poco. Pasee por la habitación y vi una especie de ventana que daba a otra habitación, con su cama, su armario y toda su parafernalia para que la gente no se muera y pensé que manda cojones con la intimidad de esta mierda de hospital, de todas formas me acerqué para asomarme a ver que pasaba, quien había etc, en la otra habitación y me di un golpe importante, aquello no era una ventana, era un espejo. Joder! Un espejo! Y yo no estaba reflejado en el! Eso si me abrí la frente, otro súper poder, bueno, súper poder mas o menos, porque no reflejarse en los espejos es una chorrada.

Nota para mi diario: No me reflejo en los espejos. Nada más.

Pues hala, que ya estaba aquí Gumersinda para curarme la frente, que en cuanto me puso la tirita ya se me había curado, pero bueno, callé y no dije nada. Estaba anocheciendo, estaba ansioso, como cuando te estas meando en un bar y tienes tres delante, dos señoras con abrigos y bolsos y un abuelo de 87 años, que ya sabes que te vas a mear encima, pues así. Mañana ya iría para casa. La cena estaba al caer, había ensalada romana con zanahoria rallada y otra vez sopa de sobre. A ver como pasaba la noche, Ya os contaré.

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