Hagamos un día a la antigua.

Vamos a pensar que vamos a hacer mañana, o si no, no, algo mejor, que vamos a salir a la calle, a olvidarnos de tantos cristales lucientes, con dibujos e imágenes, donde están metidos casi todos nuestros amigos, apretados, uno encima de otro, con un nombre que a veces no conocemos.

Vamos a iniciar el juego antiguo de vernos. A nosotros nos da igual la edad que tengamos.
Vamos a pensar que, como hablamos, iré a tocar el botón del interfono de tu casa. Te aseguro que sentiremos algo único, volverémos a pasar aquellos fugaces nervios hasta que tu voz saldrá de la pared y haremos como antes:
– Hola Laura, ¿bajas?, Vamos a tomar un café. Aquí al lado.
– Vale, ahora bajo.
Y que dspués de un café, sin nada mas que una mesa entre los dos, me dirás:
– Te veo en el parque más tarde, todavia están los columpios… ¿recuerdas Javi?

Y ambos sonreiremos, pensando, que qué bonito es, pues se nos ha puesto la piel de gallina.

Y  hablaremos escuchando nuestras voces, solo nuestras  voces, no leyendolas. Que las manos se rozarán sin daros la premeditada cuenta. Y más tarde iremos al cine, pero… sin elegir película, sin entradas de cristal, poniendo remedio a que nadie nos diga en una pantalla, que debemos de ver. Todo después por la noche cuando ya hemos dejando el parque todo meneando y nuestras risas rebotando por todos los sitios. Después del cine, pasearemos hablando de la película y no nos pondremos de acuerdo en nada, como siempre. Comeremos un bocadillo en cualquier taberna. Seguiremos paseando hasta tu casa y nos despediremos en la puerta, con un sonoro beso en la mejilla. Ya no está tu padre vigilando ni mi madre esperándome en casa. Pero da igual.
Y después, ya por la noche, despues de despediros, ya en casa nos llamaremos al teléfono de cable largo:
– Y mañana que haremos, ha sido extrañamente bello.
– No lo sé, da igual. Lo importante es que… Haremos.
Y nos dormiremos tranquilamente mientras recuerdamos el dia que hemos pasado, como aquellos días a la antigua.

Esperaremos a que el alba llame a nuestros ojos y despertaremos. Iremos al baño y nos miraremos en el espejo, veremos nuestra cara, con una sonrisa amplia y natural, cuasi tonta, la que la vida nos ha pintado, vital y preciosa y nos diremos a la vez:
– Hoy veré a Laura, pero mas tarde. Por la tarde, no hay prisa. Se que esta bien y ella sabe que yo también. Nos vimos ayer, joder, es que nos vimos ayer. No preciso más nada. Fue mágico
– Hoy veré a Javi, pero mas tarde. Por la tarde, no hay prisa. Se que esta bien y el sabe que yo también. Nos vimos ayer, joder, es que nos vimos ayer. No preciso más nada. Fue mágico.

Y llegará la tarde y volveremos a iniciar esa vida en el interfono, pulsando el botón del cuarto tercera, y un…
– Dime Xavi.-
Que nos sorprenderá a ambos, porque no estas acostumbrado a que ambos sepamos que somos.

– ¿Bajas Laura?
– Cinco minutos.
Y serán cinco minutos, porque ella ya estaba lista. Estaba esperando. Ha dormido con la calma de antes, olvidándose de cristales brillantes.

Prométeme que pasearemos por las Ramblas, hasta Colón, sin mirar escaparates llenos de problemas de comunicación, aunque en ellos te digan lo contrario. Los dos, cogidos sólo por la mirada, sin dibujos extraños, sin corazones de mentira, ni besos a la nada. Solo con miradas de soslayo y sonrisas silenciosas. Hablando de tonterias, que al fin y al cabo son las mas importantes. Las que componen la vida.
Volveremos a tener la cabeza erguida, sin mirar lo que pasa a nuestro alrededor, y no en las 5,5 pulgadas de un mundo lejano y cuasi irreal, en el que amobos estamos pero realmente no estamos.

Y yo, mirando que tú estás ahi, de verdad, tu sonrisa es de verdad, y lo que dice tu preciosa voz, no es Arial de 10. Ni es cursiva. Y si gritas o hablas alto, no será la A mayúscula.
Que un abrazo no será un dibujo, ni un beso será una cara de un dibujo con ictericia, con un corazón pegado a la boca.

Cuentame compañera de vida que lo volveremos a hacer, que no dejaremos que el mundo se pierda de vista y no volveremos a encerrarlo en una caja, detras de un cristal de 5,5 pulgadas.

Es que hay que mirarse a los ojos, para saber cuantas lagrimas debes de limpiar, para contemplar una sonrisa y un precioso abrazo.

Pero no en 5.5 pulgadas.

Dedicado a Joaquín Sarabia. Vitalidad amigo.

©Javier Sanchez julio de 2022

16 comentarios en “Hagamos un día a la antigua.

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