¿El sueño?

Solo en casa, me voy a la cama a dormir, hoy ha sido un mal dia, después de revisar la casa, habitación por habitación, todo bien, en el pasillo que va a mi habitación, el vello de la nuca se me eriza durante un momento, siento algo que no se explicar y me giro a mirar que sucede. Nada, no hay nada. Entro en mi habitación y cierro la puerta, me dirijo a la cama y pongo la tele, algún programa malo, vamos cualquier cosa que emitan en la tele a esas horas.

Ese ruido, ese viento, ese… algo que me altera especialmente, me enerva poco a poco. Tengo un sueño liviano, pero esta noche, no se que sucede, hay algo que no va bien. Son sobre las dos de la mañana, todavía estoy despierto y me estoy empezando a poner muy nervioso, pero no nervioso de no poder estar sentado, es algo extraño, posiblemente ansioso y temo que de ahí al agobio y del agobio al pánico hay un paso y eso sí que me da miedo.

Es una noche para nada pacífica, poco apacible, los arboles se tocan los unos con los otros, como si hablaran en un lenguaje de gestos. El sonido de las hojas unidas al viento, ese viento extraño, no es un viento que admites, que entiendas, que tú cerebro entiende. No, era un viento anormal, movido por algo anormal.

El tintineo de la ventana moviéndose, los sonidos de los resquicios holgados de la ventana, que le otorgan vida. Creo que ya soy patrimonio del insomnio. Pero sin darme cuenta caigo en el sueño profundo, pero es un parpadeo, me despierta un clinc de cristal roto, asustado me incorporo, hace frío, demasiado, frío, me siento realmente incómodo, miro a la ventana, el cristal esta intacto.
Miro el reloj, las 3.03 de la madrugada, solo he dormido aproximadamente una hora, de pronto siento sonido como un cristal que roza con otro cristal, me giro y es el espejo que me lleve de casa de mi abuelo, de el saltan minúsculas esquirlas mientras el cristal se mueve cuasi imperceptiblemente.

En el desconcierto escucho una profunda y lejana voz que se quejaba y lloraba, desde lo mas profundo del sonido reverberado. Una figura oscura se dibujaba en el espejo, era como un busto de color gris, que se tapaba la cara con las manos pálidas, el sonido del llanto, de la queja, continuaba atormentado lo más profundo de mi cerebro.

En un momento sentí la presencia, la parte de mi lado de la cama se hundió, como si alguien se sentara en una esquina. Algo oscuro me ha envuelto  como una manto negro y espeso y siento como un aliento helado se acerca a mi cuello. El pánico se apodera de mi y grito. Grito de horror….

De pronto abro los ojos, ya es de día, la luz del sol entra por la ventana implacablemente, me giro y acurrucó como su fuera un bebé para que me arropara aquella luz, estaba frío y sudado. Todavia tenía una angustia que me aprisionaba en pecho.

Me he calmado poco a poco, recostado de nuevo, y mirando al techo. Otra vez el gemido, esta vez muy lejano, he girado la cabeza hacia el armario, alli estaba la grieta en el espejo, con rebordes oscuros y la puerta del mismo entreabierta.
De repente, con un sonido sordo, como una cajón que se abre, la puerta se abrió completamente, mi corazón se disparo y me paralice, alli, en aquel armario, aparecieron mis camisas, chaquetas y pantalones.

Me he vuelto a recostar y he cerrado los ojos. Murmurando, nada.

Las tres de la mañana es lo que tiene.

©Javier Sánchez septiembre de 2022

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