Historias de mis montañas Refugio de Le Vallot. (Camino de Mont Blanc) Capítulo 1

Refugio de Le Vallot, altura 4.362 m.

Hace aproximadamente 36 años realice mi primera ascensión al Montblanc (4887 m) por la considerada vía normal o ruta clasica, la arista de le Gouter, no fue ni es una excursion, aunque se le considere como tal. A este respecto existe la idea muy extendida de que el Mont Blanc es una montaña de fácil acceso, pero subir al Mont Blanc no es excursionismo, es alpinismo. No es para todo el mundo, es peligroso y a veces muy peligroso. Y la arista de Le Gouter tampoco lo es. Presenta roca, nieve, hielo, exposición y has de estar preparado técnica y físicamente. La verdad es que, hay tramos que pueden llegar a ser fáciles, pero, como siempre en la montaña, hay que estar muy atento, el tiempo, la nieve, el viento, la nubes, cercanas y lejanas, la temperatura y saber aplicar la máxima del alpinismo «retirarse a tiempo», a la montaña no se le fuerza.

Esto es lo que sucedió:

Agosto de 1984, Barcelona, 5 de la mañana, revisión de mochilas, otra revisión del material (por tercera vez). Risas, cachondeo, como siempre y comenzamos el viaje, avenida meridiana y autopista hacia la frontera con Francia, la Junquera. En la frontera, la policía, como siempre, nos hicieron vaciar el coche buscando algo para cumplir el dia. Y siendo lo más estúpido y beligerante que podían ser siendo la maldita autoridad post franquista. Terrible como siempre.

Después de un viaje de horas y horas, ciertamente no recuerdo cuantas, a tener en cuenta que corría el año 1984 y los coches pues ya se sabe cómo eran, yo tenía un Seat 124, blanco con techo negro y ya podéis calcular el tiempo que se tarda en hacer el largo viaje. Llegamos a Chamomix entrada la tarde y nos dirigimos al camping que ya habíamos localizado con antelación, evidentemente en un mapa, nada de internet, y los folletos que existían de la población, más la información de compañeros que ya habían estado.

Allí plantamos las tiendas en la zona de los montañeros, a saber que el camping se dividía en zonas, la zona de familias y a parte lo montañeros, que eran los que madrugaban. Una vuelta por Chamomix y a dormir. Había luna llena, era realmente algo impresionante, las montañas estaban iluminadas por la luna, l’Agulle Du Midi y el Mont Blanc, cortaban la respiración, mi hermano y mis dos amigos estábamos con la boca abierta, realmente no calculamos bien lo enorme que era aquello. Al siguiente dia lo viviríamos.

Al día siguiente partimos a coger el tren cremallera que nos llevaría a refugio del Nid d’Aigle (2360 m) y de allí, ya andando, directamente al refugio de Tête Rousse (3.167 m), solo de referencia de paso, a la vuelta si lo usaríamos, ahora la meta, para el primer día, estaba en la Gouter. La aproximación a la base de la Gouter desde Tète Rousse se  trata de un camino relativamente sencillo primero por rocas y luego, que ahí es donde empieza el ascenso, siguiendo el trazado que tiene un comienzo sencillo hasta que toca cruzar un corredor, conocido como el clouar (corredor) de los japoneses o corredor de la bolera. Aquí empieza lo «divertido» de la ascensión. Para cruzarlo existe como seguro una cadena de lado a lado del ancho del corredor y como contrapartida un precipicio a la derecha, nieve y hielo escondido, mientras vas cruzando, van cayendo piedrecitas a gran velocidad, todo dependiendo de si ha hecho calor o frío. Las oyes pasar o darte en el casco, por cierto algo imprescindible. Al frente ya hace rato que tienes a la vista a l’Aiguille de Bionnassay de 4025 m y su precioso glaciar. Unas vistas realmente imponentes. Es en esos momentos cuando empieza a a ver la inmensidad de aquellas montañas, nosotros acostumbrados a los Pirineos estábamos allí en un sitio tan enorme que perdíamos las referencias, de cierto es que te habituas al tiempo de ascensión, más que nada por observacion y tú experiencia… Y por lo que cuesta llegar a destino.

Llegamos al lado del clouar, ya se veía el precipicio a la derecha, ciertamente imponía. Y das el primer paso en una senda de nieve dura, hecha por la infinidad de personas que pasan por allí. El primer paso es mareante, pero has de pasar, viene gente detrás y hay gente esperando a que pases. Paso a paso, el clouar mirando hacia arriba se ve en todo su esplendor, mirando a la derecha un abismo que se pierde y es cuando sientes la vida en el estomago, y se acelera el pulso, el cerebro va a mil, pero concentrado con lo que haces y chiiiiiuuuu!! pasa una pequeña piedra por tu lado que a saber de qué altura cae. Aceleras el paso, mi hermano va detrás, mirando al suelo como siempre. Son cinco minutos de tensión, ya acabo, ya llegó a la piedra para girar a la izquierda y comenzar a subir por la arista.

Llego a la piedra, una roca negra y mojada. Llega mi hermano y mis dos amigos de seguido. Todos soplamos.
Y los cuatro a la vez miramos la arista hacia arriba y empezamos a elucubrar cómo comenzar la subida sin que los que van por encima no nos tiren piedras y trozos de nieve dura.
Decidimos subir un poco más a la derecha de la vía. Ya decididos nos ponemos los crampones y nos encordamos a cinco metros. Enric es el novato y lo ubicamos en medio de la cordada, en tercero, vigilado por mi hermano y por Ricart, yo subo el primero. Hace frío y nos alegramos de nuestra decisión de subir un poco más a la derecha de la vía normal, más expuesto pero más tranquilos.

El primer tramo comienza a desarrollarse.

Continúa en capitulo 2

© Javier Sánchez enero de 2022