Taquicardias, las de verdad.

¿Taquicardias? Si por supuesto, ahora haberlas las hay, pero no como aquellas, aquellos momentos cardiovasculares que muchos vivimos. Aquello si que era un acelerón, un real subidón de adrenalina, cuando estabas en cualquier sitio y la chica que te gustaba estaba sentada con sus amigas. Tú dejabas la compañia de tus amigos y te dirjias directamente hacia ella sin mirar a tu alrededor controlando el no tropezar con algo o con alguien, con el corazon desbocado, jugandolo todo a una carta, para decirle si quería salir contigo, que realmente estabas loco por ella.

Eso era una taquicardia. Me río yo del puenting, de lo tener miles de followers, de conocer a un famoso o famosa, no sé, de lo que ahora se dice que acelera el pulso. Creo que no hay nada comparable a ello….

Bueno si, si te decía que si. Entonces…

© Javier Sánchez enero de 2022

Eso creo.

La mayoría de la gente no es mala, simplemente es que es infeliz, bueno la mayoría no, una gran parte de la gente, bueno bien pensado alguna gente no es mala, simplemente sólo es infeliz. Bueno, realmente creo que casi toda la gente es mala, menos tú.

© Javier Sánchez enero de 2021

Creo en tí.

En un segundo

Por estas fechas, la gente se desea siempre un año nuevo lleno de todos los parabienes que no han deseado para nadie en 364 días, salvo honrosas excepciones. Yo la verdad lo que os deseo es que… Bueno deseo para todos nosotros, los denominados seres humanos.

Que tengamos un año vacío de muertes.
Un año vacío de sufrimientos.
Un año vacío de mentes quebradas sin cuidar.
Un año vacío de políticos hipócritas.
Un año vacío de llantos.
Un año vacío de terribles insomnios.
Un año vacío de mentiras.
Un año vacío de mujeres con morados por todo el cuerpo.
Un año vacío de la soledad de los ancianos.
Un año vacío de la ausencia de cobijo.
Un año vacío de las jodidas malas artes de la gente con la maldad por bandera.
Un año vacío de mujeres enterradas por locos malditos.
Un año vacío de sonrisas hipócritas ante lágrimas sinceras.

No sé, un año que sea humano, humano de verdad, que sé que no será así, pues aquella frase de «saldremos mejores» es la mayor estupidez que se ha inventado algún imbécil que no conoce al ser humano o que habla para no estar callado.

Ciertamente es que, me queda menos vida por delante que la que he vivido y ojalá pueda vivir un año, solo uno, de tranquilidad y de todo lo que nos hace falta, a todos.

Vida.

© Javier Sánchez diciembre, casi enero de 2022

El constructor

Sigo construyendo mi vida, con las piedras que la mala gente me lanza. Con los desamores, con la dureza del camino, con la infelicidad a ratos, como con la felicidad a ratos, con todos los destinos que ella me va sirviendo en la cama cada mañana, antes de que me dé tiempo a planear nada.

Aprendo cada día y día a día, que, a pesar de mi larga existencia, sé que he de seguir construyendolo todo, sin parar. Pues el día que me detenga, dejare de vivir. Y de dejar de vivir sé, pues ya pasé por ese sendero.

Me declaro escritor, poeta, humorista, guitarrista, bajista, pianista, montañista y jugador de rugby, sencillamente porque nada de todo eso requiere un titulo, pues si algo requiere un papel para ser, no merece la pena.

Soy un enamorado de todo, sin condiciones, porque de todo ello está hecha mi construcción. Y sigo construyendo, amores que olvido, amores que me olvidaron, los que mantengo porque quiero, los que quieren mantenerme porque quieren, los que están en un suspiro diario, mis risas, mis llantos, todo lo que implica a la gente que amo, aunque no me ame.
Trozo a trozo, persona a persona, construyo el cuando sientes a ese alguien en tu alma,
que te ve y acaricia la cara sin estar a tu lado. Y es que de eso se trata, de sentir, de sentirlo,
pues ella me lo dijo en aquella preciosa mañana de octubre.

– Sigue construyendo con lo que te doy Javier, pues de ello depende tu todo.

Y aquí me tenéis de arquitecto, de albañil y de diseñador de mi vida. Sin pensar en el tiempo, porque, la verdad, es que no me da tiempo a pensar en el tiempo pues tengo que vivir.

© Javier Sánchez diciembre de 2021

Ella lo intenta.

Me vi paseando por el campo, al atardecer, absorbiendo la vida que me hace falta. Siguiendo el vital paseo, al llegar a un gran prado vi a una extraña dama, aunque, de veras os digo, su semblante me recordaba a alguien muy conocido. Alguien como muy bello, alguien como una bella dama de un cuadro. La dama tenia las manos sucias, llenas de tierra, denotaba que había estado  arando y ya estaba sembrando un libro en los surcos de la tierra arañada por su sudor y su sangre.

Me acerqué, la dama era bellísima, impolutamente vestida, una falda blanca y camisa negra, pelo azabache, con una sonrisa cuasi forzada en la boca y una lágrima que rodaba suavemente,  pero implacable por su preciosa mejilla.

Vi que, en la tierra, enterraba un antiquísimo libro y asomaba parte del título en el lomo de libro «….pletas de la humanidad», lo hundió con la fuerza de un titán y se arrodillo a llorar desconsoladamente, sus lagrimas iban cayendo suavemente en el lugar donde yacía plantado estaba el misterioso libro e iban humedeciendo la tierra, que desprendía un precioso olor a vida.

Me acerque muy preocupado.

-¿Os sucede algo Señora?

Me miró con unos preciosos ojos verdes y me dijo.

-No caballero, muchas gracias. Solo estoy haciendo un último intento.

-No le entiendo señora…

-Estoy plantando un libro, «Las obras completas de la humanidad». Tal vez tengamos suerte y crezca como su libro antónimo.

-Entiendo señora, es una promesa…

-No, es un deber caballero, es un deber.

-Permítame mi atrevimiento, cual es su nombre.

-Cultura, mi nombre es Cultura. Para servirle caballero.

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©Javier Sánchez Diciembre de 2021

El color de mi Madre 

Me he vestido de verde, esta mañana me he vestido de verde musgo, y he salido al aire, al aire a beberlo a sorbos y de verde, como la naturaleza, como la esperanza.
Me he vestido de verde, de verde sonrisa, para intentar curar las lágrimas de este mundo que se vuelve loco por momentos, que está vive lleno de arañazos. Y las mías, expuestas al oreo de la vida.
Me he vestido con mi camisa, mis pantalones y mi sombrero verde, descalzo, para sentir la vida como me hace cosquillas y sube como una enredadera por mis piernas antiguas, acariciando mi falta de abrazos.

Me he vestido de verde, de verde paz, de verde ojos brillantes, para que me vean cruzar la calle hacia las sombras de la inhumanidad e intentar por última vez iluminar las almas negras.

De verde, de verde poeta, me he vestido esta mañana, por que necesitamos poetas, cuenta cuentos, escritores y dibujantes de alegrías. Para enamorar la mente, para distraer tristezas.

De madre naturaleza me he vestido esta mañana, robándole los colores, para pasearlos por la calle y que la gente se contagie de calma, de sosiego. De paz.
Me he vestido de verde esta mañana y he salido al los colores a tomar un poco de vida con el azul, el marrón, el esmeralda y con ella, con Paz, la mujer más hermosa del universo.

Y saldré cada día a buscar esa cabaña en el bosque, la más sencilla, pues no necesito más, sólo la compañía de una sonrisa que entiendan que es realmente el amor y de verde, el color de mi Madre.

A ti, Repley, vitalidad y superación.

©Javier Sánchez diciembre de 2021