Cada día

Cada día subiré la pendiente que me lleva a tu casa, desnudo, sin nada en los bolsillos, tal y como soy, como sabes que soy. Sin pinturas, sin cuentos, sin misterios.

Las piedras, las bellas piedras del camino, húmedas y resbaladizas, y las flores, la hierba, los arboles del sendero, me empujan suavemente a subir la cuesta que me lleva a la puerta de tu casa. Y su olor, ese olor que me obnubila, me recuerda a olor de tu cuerpo en las mañanas de primavera. Que bellezas da la vida.

Subo despacio, con la mente limpia y con el corazón puro, voy a buscarte a la puerta de tu casa, despacio, sin prisa, se que estas ahí, asomada a la ventana, con tu pelo azabache recogido en una coleta preciosa y mirando a lo lejos, tú también sabes que estoy subiendo la cuesta de tu casa.

Subo con las manos limpias, sin nada, en ellas solo llevo toda mi vida, para ofrecértela para siempre, voy a buscar tu corazón voy a buscar mi vida

Cuesta arriba, siempre cuesta arriba.

Y lo haré cada día, sin desfallecer con semblante orgulloso e incansable, hasta que llegue el día, el día que me digas que sí.

Javier Sánchez septiembre de 2020

Dedicado a esos amores que todos sabemos, que todos hemos vivido.

Et trobaré

No dormo pensant que un dia et trobaré i et podré dir que encara t’estimo, despres de tota una vida.

No dormo pensant, com et diria, que encara sento la caricia de el teu preciós cabell, bru i lluminòs, ondulat com el mar blau dels teus ulls, aquell cabell mogut per la brisa de la nit, quan els dos, recolzats en l’herba, contemplàven els  estels, quan vivíem només amb dues dècades passejant per la nostra pell.

No dormo pensant que et diría que t’he buscat, cada dia y cada nit, entre els meus somnis, entre els meus pensaments, entre els meus records i els meus anhels, doncs volia trobar-te abans de la fi de tot.

I tot axo per que, em sembla mentida, pero encare t’estimo, per que vas ser i ets la memòria de que un dia sí que vaig ser jove.  Ets el que vull trobar. I et busco, et busco sense descans.

© Javier Sánchez septiembre de 2020


Ese alma blanca de ojos verdes.

Hay almas que vivem en la tuya sin que te des cuenta.
Bellos seres de porcelana, quebradizos, pero con una fortaleza increíble, que ni ellas saben.

Son esas almas que se preocupan de la tuya, que están a tu vera aunque no las veas o no puedas o debas verlas.
Las que te ofrecen todo, las que lloran, en una esquina, sabiendo lo que acontece en tu vida.

Hay almas como la tuya, bella y blanca de ojos verdes.

Pero entiende que sé que estás ahí, sé que sigues ahí, pero no puedo contarte todas las tristezas, porque no valgo para eso, soy de los que protegen, no de los que entorpecen.
Entiende que soy de los que ama, no de los que quiere. No es lo mismo amar que querer.
Y nunca estaré tan cerca como para ello. Tampoco lo deseo.

Estos tiempos, han arrasado mi vida, han destrozado todo lo que yo alegremente conocía, aunque ahora, cada pocos días, me pónga la nariz de payaso y los zapatones rojos y procure hacer reír a los demás y a ti. Y lo seguiré haciendo, hasta que todo acabe.

Alma blanca de ojos verdes, no me tengas en cuenta mis noes, no son malos, tienen su explicación, simplemente he de curar, he de planear, he de solucionar, debo no dormir para pensar el como salir del atolladero. Pero no te preocupes alma blanca de ojos verdes.

Siempre salgo…. He estado más lejos que mucha gente y he visto cosas que nadie entendería.
Pero si no puedo, si no puedo, si llego al borde del abismo, sin respiración, te lo diré.

Dame un pequeño pedacito de tiempo, solo eso.

A Ana. El alma blanca de ojos verdes.

© Javier Sánchez septiembre de este maldito 2020