A ello me dedico

A ello me dedico, mi amor… 

… a vestir el dia para que encuentres una preciosa uz, cuando tus bellos ojos se abran a la vida, a encender el sol, a amasar las montañas, a pintar la hierba, a dibujar los caminos, a hacer sonreir a la gente, para que no tengas un camino triste. 

A ello me dedico, mi amor… 

… a pintarte la vida, a llenarte de besos, a acariciarte hasta que no aguantes y rias sin control alguno, a ponerte una flor en el pelo, a perderme en tus jadeos, a sudar contigo, a volverme loco cuando no te veo, a quererte, a amarte, a soñarte, a dejarte ir, a que me dejes ir. 

A ello me dedico, mi amor… 

A escribirte a que me dedico. 

.

©Javier Sanchez 2020

El azul es azul

Sentados en un banco, en el parque, los ancianos, bastón en mano, viendo la vida pasar, se fijaron en una pareja, que se miraba y no decia nada, solo se miraban. Y de vez en cuando se acercaban y se retiraban, como si el miedo les dominara.

Y el anciano le dijo al compañero de banco.

-Y por que aquellos dos no se dicen la verdad de lo que sienten.

– Por miedo – le contesto el compañero.

– Por miedo a que.

– A enseñar sin miedo lo que tapan entre adivinanzas y medias palabras, medias miradas y medias sonrisas escondidas y lo que han sentido desde que se vieron por primera vez.

– Pues que forma de no sentir.

– Pues si, con lo fácil que es decir que el azul es azul.

.

©Javier Sanchez 2020

Pues nada ni nadie va a ser igual.

Cuando volvamos al ruido, cuando salgamos a la calle y comencemos a caminar, de nuevo, será el momento de volver a saludar a quien se te cruza en el camino, en lugar de bajar la cabeza y mirar a otro lado, será el momento de sentarse en un banco en el parque y escribir una carta, una de aquellas, de puño y letra, con una sonrisa dibujada en la boca, con un, nos vemos y una firma, porque no hace mucho que la humanidad le dio una lección a la humanidad de humanidad, de pequeñas cosas que hemos dejado atrás. Pues nada ni nadie va a ser igual.

Esas pequeñas cosas que nos hacían la vida más cercana, más humana. Saludar al tendero, a la dependienta de una tienda, decirle a tu compañero el como te va el día, dejar pasar a alguien delante de ti al atravesar una puerta, el buenos días, a quien sea, el hola cómo estás, el te quiero, el quiero verte, el vamos a hablar un rato al parque. Ser amable. Amar, pero de verdad, con lágrimas en los ojos, como se ama. Pues nada ni nadie va a ser igual.

Cuando volvamos a ver caras, cuando el aire de la calma vuelva a nuestras almas, pensemos en cómo éramos, como estábamos, como somos y como estamos. Guardando el rancio odio, guardando la mala bilis que alberga el ser humano, guardandonos de los que se han aprovechado de nuestro sufrimiento, sin señalar, ellos mismos se han señalado, pues nada ni nadie va a ser igual.

Cuando volvamos a caminar, iremos directos a un abrazo, a un llorar desconsoladamente en el hombro de alguien, da igual quien sea, todos andaremos necesitados de ese abrazo que envuelve el alma en seda, da calor y brilla como una luz cegadora. Pues nada ni nadie va a ser igual.

Cuando volvamos a esta vida, la de la calle, saludaremos a los ancianos, a todos los ancianos, pues tenemos la suerte de que estén con nosotros, nuestra historia invisible, la que nadie veía hasta que corrieron el peligro de irse. Les haremos visibles con un saludo y una sonrisa preciosa. Pues nada ni nadie va a ser igual.

Cuando volvamos a ser, vamos a ser mejores, mucho mejores de lo que fuimos. Pues nada ni nadie va a ser igual.

.

© Javier Sánchez 2020

Sígue siendo primavera.

Sigue siendo primavera, sigue siendo la vida, esa vida, la que me enseña a reir y a llorar.

No quiero capitular al miedo, lo tengo, si, pero me irá bien, pues él mismo me protegerá. Pero sin tener miedo al miedo. Debo de convivir un ratito con él. Solo un ratito.

Pero es que sigue siendo primavera. Siguen siendo sonrisas. Maria, sigues siendo tú, amor mío.

Y pensar que, en este mundo, hay alguien que te quiere, al otro lado del cristal, al otro lado de la ventana, de las voces, al otro lado del mundo, al otro lado de mi imaginación. Y eso, eso, creedme, me ayuda a evadirme por momentos y no ansiar, sino el aprender a esperar a salir de mi cárcel dorada.

Pero es que sigue siendo primavera. Siguen siendo sonrisas. Maria, sigues siendo tú, amor mío.

Me envuelvo en mis folios, y cojo mi lápiz, soy de la vieja escuela, de los que escriben y borran, de los que aman desde un principio y hasta el final, y comienzo a dibujar mis pensamientos sobre el blanco papel. Y escribo y escribo, hasta que mi cabeza se abre y vuela hacia bosques y ríos, hacia playas preciosas y cielos azules, hacia cascadas arcoiris, hacia mi mismo.

Pero es que sigue siendo primavera. Siguen siendo sonrisas. Maria, sigues siendo tú, amor mío.

Y lloro y río, y huelo y saboreo, y me duermo, pensando en que pasa fuera, en como estarán los que quiero. Y vuelvo a coger papel y lápiz, y pongo colores al gris de la tristeza de mi gente. Para que lo Bailén y lo rian, se besen y se abracen.

Pero es que sigue siendo primavera. Siguen siendo sonrisas. Maria, sigues siendo tú, amor mío.

.

© Javier Sánchez 2020