El mensaje para Ripley

Año 2020, Noviembre, hora 22.00 UTC. Mensaje para la teniente Ripley, del Sargento Charly.

“Ya estoy tocando a la meta de esta vida y lamento no haber nacido después, lamento no haberte conocido antes, tal vez no hubiera sucedido aquella falta de palabras, de comprensión, que me perdió entre las sombras del olvido

Todavía te amo. Creo.. no, estoy seguro que desde siempre. Siempre hubo y hay aquel hilo rojo que nos atraía, sucediera lo que sucediera.

Lamento aquel errar, errar, pero de esa buena fe, en dejarte tu espacio vital, algo que ahora no se entiende, tal vez, como te dije soy demasiado antiguo. Lamento no haber entendido aquello tan sencillo como que me amabas. Y todo porque pensaba, que tú precisabas ese aire puro que da la vida, tu juventud, a solas con tu vida.

Lamento aquellos silencios, después de la suavidad de la naturaleza. Después de tantas palabras a medianoche.

¿Sabes Ripley?, que un mes, simplemente un mes, es un pequeño grano de arena en mi vida, en el corto resto de mi vida y mi prioridad era tu preciosa libertad absoluta, primordial libertad, la cual, se que la tienes, me hace feliz.

Me conformo con poco Ripley, aunque sé que nunca leerás esto. Pero mi alma sabe que hay una “J” grabada en tu pierna derecha.

Lamento lo lamentablemente lamentable, pero solo eso. Porque del resto, no me arrepiento de nada. Ni lo haré nunca.”

Año 2020, Noviembre, hora 22:05 UTC. Fin del Mensaje para la teniente Ripley, del Sargento Charly

© Javier Sánchez noviembre de 2020

De aquel beso.

Hablando, de pie, uno frente al otro, viviendo en la sonrisa de la gente que se ama, de esa sonrisa que dibuja el pintor de alas blancas.

Hablando, de pie, uno frente al otro, dulcemente con esa mirada que no ve más que los ojos que tienen delante, esa mirada ciega que deambula entre algodones y caricias, a salvo de tormentas.

Y suavemente, buscaron sus manos, sin dejar de mirarse, no podían dejar de mirar aquella belleza que irradiaba de sus almas. Con las manos entrelazadas, suavemente, las acompañon a sus caras y se besaron, sintiendo que el mundo desaparecía a su alrededor, se besaron sintiendo las lágrimas en los ojos, lágrimas dulces, la cálida alquimia del amor que recorrió sus cuerpos y les adormicia el pensamiento.

No sentían nada más que aquello que no se puede explicar, aquello que les separaba del mundo normal, creían, mientras se besaban, que jamás podrían explicar a nadie ese bello sentimiento, ese poder que les poseia, esa dulzura, la bella pluma que acariciaba sus almas, con una bondad infinita.

Simplemente pensaron que nunca volverian a besar a nadie de aquella manera, porque no habría nada, no existiría nada como ese beso, pues que no habia nada más bello que besar sus almas con los labios.

A mi padre que me enseño que es el amor.
© Javier Sánchez noviembre de 2020

Extrañas personas

Existe esa extraña clase de personas que no hacen caso a las pequeñas alegrías de nuestra preciada vida cotidiana, solo esperan y desean que les invada la felicidad completa, nada más que eso, sin darse cuenta de que todas esas pequeñas alegrías, hiladas entre sí, son las que componen realmente la felicidad.

No olvides ni dejes pasar nada en tu vida, por nimio que te parezca.

© Javier Sánchez noviembre de 2020

Lo tenemos, pero nos hemos olvidado.

Tenemos que sonreír un poco más y con ganas, tenemos que reír dando golpes en la mesa, necesitamos olvidarnos de vez en cuando de la catástrofe y de la tristeza que nos asola, sin dejar de vigilarla.

Necesitamos confiar, necesitamos aprender a no abusar, a ser un poco más colectivo, ciudadano, vecino, amigo, hermano, primo, amante.

Necesitamos vivir, respirar a la vida, aunque sea desde una ventana mirando al cielo y abriendo los brazos para que te atrape el mundo. Necesitamos ver una cara tras una pantalla, pero sonriendo y pensando que pronto la veremos en frío y caliente, con el perfume recordado. Pronto. Pero sin prisa. Las prisas matan.

Necesitamos ser como somos, ni como éramos ni como seremos. Como somos, simplemente.

Estamos pasando por una guerra, invisible, enemigos que no se ven. Pero necesitamos todo eso, que sin saber lo tenemos guardado en el armario, entre las camisas y los abrigos, pues lo hemos apartado por el miedo que nos invade cada día.

Necesitamos todo de todos, no lo mío de lo mío y solo yo. Necesitamos aprender la palabra pronto para poder respirar profundamente la brisa del mar y el aire que baja de las altas montañas.

Pronto, sin prisas.

© Javier Sánchez noviembre de 2020

Que ho sàpigues. – Que lo sepas.

Que ho sàpigues.

T’estimo,
amb la timidesa d’un nen.
amb aquesta naturalitat
que desarma a un soldat.

T’estimo
amb els ulls humits
com s’estima, amb l’ànima,
amb les mans a la cara.

T’estimo
amb el pit agitat
amb el somriure perenne
amb la mirada perduda.

T’estimo
amb aquest no sé què
que què sé jo,
sense intentar entendre.

T’estimo
dansant sota la pluja
enmig del fang
xipollejant la vida.

T’estimo
sense pensar què em fa mal
amb la ment en blanc
somiant despert.

T’estimo.
fins al dia que em vagi
i a partir de després
i, si, a el tornar a néixer.

T’estimo
De alba a alba
De cafè en cafè
De vida en vida.

I es que t’estimo
Perquè si, perquè si dona,
perquè ja ho he escrit
perquè ho sàpigues…
t’estimo.

QUE LO SEPAS
Te quiero,
con la timidez de un niño.
con esa naturalidad
que desarma a un soldado.

Te quiero
con los ojos húmedos
como se quiere, con el alma,
con las manos en la cara.

Te quiero
con el pecho agitado
con la sonrisa perenne
con la mirada perdida.

Te quiero
con ese no sé qué
que qué se yo,
sin intentar entender.

Te quiero
danzando bajo la lluvia
entre el barro
chapoteando la vida.

Te quiero
sin pensar que me duele
con la mente en blanco
soñando despierto.

Te quiero
De alba a Alba
De café en café
De vida en vida.

Te quiero
Porque si, porque si,
porque ya lo he escrito
para que lo sepas…
Te quiero.

© Javier Sánchez noviembre de 2020

El viaje eres tú

Descubriré por dónde debo amor mío.
Y comenzaré el viaje de vida, hacia un único destino.

Subiré y bajaré, las bellas montañas de la tierras azules, por la largas praderas de flores de colores.

Viviendo el viaje, porque el fin de él eres tú.

Atravesare las tierras de los druidas, entre bosques grises de árboles blancos, que con su bella voz me llevarán hasta tu regazo, amor mío.

Hablaré con los hombres bajos, los de que susurran para no molestar a los animales que viven en el bosque de las hadas. Ellos saben que mi vida eres tú.

Cruzaré los ríos donde nacen las libélulas cantoras, pues ellas me señalan que ya veré tu precioso pelo dorado.

Y llegaré a las casas de madera del valle del caballo blanco, viendo tu casa a lo lejos.

Mi corazón se desboca y mi alma viaja rauda por delante de mi sonrisa, pues veo mi vida sentada en la piedra del rey Sol, mirando al cielo.

Llegaré, arribaré hasta tu presencia y moriré de amor entre tus brazos, sollozando entre las plumas de tus alas, ángel mio, acurrucandome en tu pensamiento.

Cansado y feliz del regalo que me entregaste, naciendo para que te encontrara en este mundo, para que te encontrara entre tanta belleza.

Porque el fin de él eres tú.

© Javier Sánchez noviembre de 2020

Ese tiempo

Ese tiempo, que ahora está en el aire, es el que te difumina. Hoy por hoy corre en contra de todos.

Y no quiero, no quiero que te secuestre y te aleje más de lo que ya estás de mi. Y es que tengo miedo de no verte nunca más.

Pues lo necesito, aunque sea solo verte, para decirte que el tiempo estába desapareciendo, ese tiempo que estába en el aire y que te difuminaba.

Y tenía miedo de no verte nunca más.

©Javier Sánchez octubre de 2020

Manda cojones

No querémos, dictaduras, algunos de nosotros no las queremos. Faltaría más.
No querémos que nos ordenen, nos coarten, nos humillen.
Querémos libertad, para hacer lo que nos de la gana.

Como no, si, como debe de ser. Son nuestros derechos, sudados con sangre durante décadas, al lado de nuestros conciudadanos, nuestros vecinos, familiares, amigos.

Pero, con todo ello, con todo lo ganado y sudado, no nos acordamos, nunca nos acordamos de nuestras obligaciones cuando todo se dibuja cuesta arriba.

Y es entonces, que para que no muera más gente, nos tienen que IMPONER el

QUE NO SALGAMOS DE NUESTRA PUTA CASA.

Manda cojones. Que pais.

(Y volver a leer desde arriba)

© Javier Sánchez octubre de 2020

Aquella canción

La primera vez que escuche esta belleza, tenía 25 años. Os explico, a mí me impactan las piezas tan melódicas, con acompañamientos que llenan todo, con pequeños detalles, con preciosas caídas melódicas y la belleza de la voz de George Michael. Y hay canciones que todavía alteran mi alma. Las personas que me conocen bien, lo saben, que Javier se queda extasiado con alguna canción en especial.
Hoy por hoy sigo haciendo lo mismo que hacía en aquellos tiempos. Busco una canción, o es más y mejor, a veces la reencuentro, como esta, y entonces la disfruto, cierro los ojos e intento escucharlo todo lo que suena, todo. A veces un par de veces pera buscar los pequeños y bellos detalles. Así me empapó de aquella historia, sólo mía.
Tal vez sea que me dediqué a la música en mis preciosos tiempos de juventud y, ahora, me dedico de forma no profesional a componer para mí y alguna pieza para amigos y amigas.
Esta canción me recuerda a ti, me recuerda a ella. A los ojos cerrados de aquel tiempo, al tiempo de la piel suave, de sonrisas amplias. Me recuerda al no te vayas porfavor, quédate cinco minutos más. Al “si hubiera doblado una esquina diferente, nunca te hubiera conocido”. A “eres la única que detiene mis lagrimas”, como dice la canción. Bellísimo.
Y es que la belleza existe, de veras, os lo aseguro, yo, siendo una persona poco agraciada, tal vez por ello tengo la ventaja de encontrarla por todos los sitios, pero al fin y al cabo no hay que ir muy lejos, ni tener un bello semblante, de veras.

Solo cierra los ojos, antes, durante y después de la canción, respira hondo, y deja que llegue, a tu mente, todo aquello que crees que se perdió, veras como te inunda algo placentero por el cuerpo que llega a tu alma, que te corta la respiración e incluso humedecera los ojos. Eso es belleza
Veras la belleza de cerca.
Me contáis….

© Javier Sánchez octubre de 2020