Fuiste

Fuiste la letra de mis ojos
Fuiste la musica de mis oídos, la fruta en mi boca

Fuiste el perfume de mi respiracion, el terciopelo de mis manos.

Fuiste la casualidad que me hizo revivir, la que paseaba por mis sueños.

Fuiste mi nube y mi realidad, mis pies en la tierra.

Fuiste tú. Por que, en tiempos, te reconocí, te reconoci entre miríadas de estrellas.

Se que fuiste tú. Porque nadie pudo serlo y nadie nunca podrá serlo

Solo tú. Nunca te olvidé.

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© Javier Sánchez 2020

Al oido

Necesito un abrazo, de esos que curan y te hacen desfallecer. De esos que no sabes quiénes cura a quien.

Necesito un beso, de esos que te hacen llorar de alegría y de vida.

Necesito unas palabras calmadas y susurradas y un simple te quiero.

Necesito una mano que se quede a mi lado, sin pensarlo.

Necesito una sonrisa, de esas que se ofrecen dibujadas en los ojos.

Necesito, no un amor, no una locura sexual, solo una cara y una mente que me acompañe.

Necesito a alguien que me amparare en el último tramo de mi vida.

Y yo, pobre mortal, prometo devolverlo todo por igual, de la misma forma que me hace falta. Con la bondad de un ser humano. Ser humano.

Todo esto me dijo al oído un ser humano una preciosa mañana de verano.



© Javier Sánchez 2020

Sobre el blanco

Escribo, porque siento como mi vida fluye de mi vida, por las venas por donde corretea mi sangre, y van hasta mi mano que la desparrama convertida en tinta, sobre la nieve del papel blanco. Mis pensamientos plasmados en un papel. Mi pequeña historia.

Escribo, siento como mi vida fluye de mi completo ser, y hablan mis manos de lo que han visto mis ojos, de lo que recuerdan mis oídos, de mi vida, de los sueños, de mi muerte, negra guadaña de plata.

Escribo, existo, porque escribo. Por que hablo dibujando mis pequeñas orquestas de palabras, todas juntas, unas detrás de otras, sin discutir entre ellas, como un cuadro, como un pentagrama de pequeñas sinfonías.

Escribo, porque soy, porque ser es escribir, es robarle el blanco al papel, para que otros vean mi vida y sientan lo que yo siento.

Escribo. Por eso escribo. Aunque nadie me entienda. Aunque todos me comprendan.
©Javier Sanchez 2020

Sin miedo, naturalidad. 

Si alguien, un día de tantos, se sienta frente a ti y te mira sin reparos, directamente a los ojos y te dice que te ama, no le evites, no te asustes, no pasa nada, no le temas, simplemente déjate llevar, solo te está enseñando su forma de amar, solo y nada más que su forma de amar. Sin vestiduras extravagantes, sin maquillajes ni perfumes, sin estridencias, con naturalidad humana.

Con pureza. Porque solo se puede amar con pureza.

Solo y simplemente disfrutará de tu presencia, sin más. Donde sea y como sea. Un minuto, un día, un mes o una vida entera, sin miedo, pues la sinceridad no tiene miedo.

Si alguien te demuestra que te ama. No gires la cara a esa intangible y agradable sensación, no temas. Si te ama de veras, que siempre se ama de veras, no hará ningún gesto extraño, aún a sabiendas que no será correspondido, simplemente aprende de ese momento sublime, pues solo te mirará como si fueras algo único en el mundo, cuidará de ti e intentará hacerte la vida más fácil, aunque sea retirándose de la tuya.

Eso es amor. Sin adornos. Ya pocos hay.

©Javier Sánchez 2020