De eso se trata

De veras, esto de vivir se trata de coincidir con personas que te hagan ver lo que no ves y sentir lo que no sientes, utilizando para ello, sólo el alma.

© Javier Sánchez 2019

Anuncios

El amante viajero

Y aquel hombre tenía su alma hecha girones, y todo por no atender a las razones. Las razones de la razón. La que nunca sirve para vivir realmente. Ni para nada que sirve.
Aquel hombre tenía su alma rasgada, por no entender la jugada, la jugada del destino, la que no entiende de amores extraños. La jugada de amores extraños, la que no entiende de destinos.

Tenia su mente vacía de flores, o eso creía, y todo por no entender sus errores. Y su mente, al borde del abismo, por no ver el pequeño atisbo de ese, el que no era.
El atisbo de no entenderla, de confundir, ser un caballero, con ser el cuidador de caballos, por cierto, un caballero también.
Por quererla o amarla, así era, sin deber y sin poder, así era. Error, el error, la errata, la que siembra la vida, de vez en cuando y le obligo a que partiera.

El, una vez le dijo, te amo, fue tan fácil y sonaba tan bien, cual música de trovador nocturno, bajo el balcón de la doncella. Pero que la doncella amada le dijera te amo no era posible. Y su alma enfermaba. Pues el sabia que nunca estaría con ella. Aun así…

Misterio insondable esto del amor, que cual peregrino que no sabe donde va, es alma que no piensa y se torna corta de entenderás.

Pero es que él sabia, que antaño, las distancias, eran salvables. Por que los amores eran iguales. Por muy lejos que estuviera la bella dama. Existía. Con las cuatro letras.
Y él mismo pensaba en encaminar el viaje, solo para sentirla cerca. Aunque no le viera. Aunque ya no le sintiera. Porque él, él, había sido tocado por la vida. La que no conocía. La que quería con ella. Y nunca se le otorgaría.

Porque los sentimientos, si, esos que son amores, todavía corren en cuadrigas de seis caballos. Igual que hace tres mil años. Nada cambia.
Solo la intención.

©Javier Sanchez 2019

Perdonad alienígenas

250px-the_sounds_of_earth_record_cover_-_gpn-2000-001978156923024.jpg

Deberíamos enviar otra sonda espacial, con otro mensaje, en el cual, la humanidad,  pida disculpas por el primer mensaje que, hace décadas, enviamos explicando nuestros logros y bondades.

Más que nada, por si algún día, el primer mensaje, llega a algún sitio. Y nos morimos de vergüenza si se les ocurre venir a visitarnos.

Ah! Y servidor me pido el primero para esconderme.

descarga-3-979354370.jpg409512-773427685.jpg

descarga-5-1032531202.jpgdescarga-4-1921942523.jpg

Trump.jpg

ejercito_turco509518112.jpgmultimedia-2054772936.jpg

portada_guerra755182519.jpg

500750_178827-2062007578.jpgbosques-talados1339749995.jpg

img_el_problema_de_la_tala_indiscriminada_de_arboles_en_los_bosques_55_6001036721753.jpg

wp-image973915426.jpgcarnivoro-Kodiak-carnivoros-terrestres-Tierra_LRZIMA20161206_0024_11.jpg

descarga-1648485759.jpgdescarga-11985793396.jpg

images-1-279659199.jpgdescarga-21444239920.jpg

1355072999_892901_1355073551_noticia_normal.jpg

437100_15367_1.jpg

homs-siria_en_ruinas_despues_de_la_guerra.jpgimages.jpg

1536003556_162846_1536004055_gigante_normal.jpg

© Javier Sanchez 2019

¿Quien dijo que…?

¿Quien dice que no tiene sentido ir por la vida haciendo el tonto?
¿Quien es el que te dice que no merece la pena asomarse a la ventana y
gritar y despertar a medio mundo?
¿Quien dijo que era mejor no intentarlo, que no merecía la pena querer a
quien se te ponga por delante, sin mirar, el que y el como, porque no?

Y es que buscar la felicidad siempre tiene una forma, un modo, un aspecto.
Una, aunque sea, una pequeña sonrisa siempre lo merece. Iluminaras mas tu cielo y el de los demás.

Nunca hay que dejar de intentarlo, preténdelo, sin mas, el ahora es lo que importa.
Este mundo, sin te detienes y miras, es precioso y esta colmado de alegrías, de ilusiones
y de sueños, de mágicas fantasías. Pero solo si te detienes, si calmas esa velocidad absurda que no lleva a ningún sitio.

Esta vida es resplandeciente, y nadie dijo que sería facil, pero solo hay que pasear por ella, con los pies descalzos y con las manos al viento, para sentir como te atraviesa como mil millones de agujas. Nunca dejes que nada ni nadie te impida sonreír ni pasear por ella, merece la pena.

Inténtalo, llena tu imaginación hasta los bordes y veras como brillas por donde pises, por donde pases y pasees, bailando la danza de la calma. Pero busca, busca ese día, por el cual apuestas cada mañana, aunque te duela el cuerpo y el alma, aunque te sientas anquilosado, por lo menos inténtalo, aunque sea entre lagrimas, merecerá la pena, con solo el intentarlo ya llenara una parte de tu vida.

Y es que, ¿sabes?, siempre existe ese momento sublime, ese momento en el cual te encuentras la vida de cara y… sucede… sucede que ella te escribe sus propios versos… y los deja a tu merced… pues solo depende de ti su lectura, tumbado en la hierba o en el silencio de la arena, al lado del mar o dejarlos pasar para siempre y nunca saber.

Y es que la solución a muchos de nuestros problemas esta en dejar de pensar a donde vamos y disfrutar de donde estamos, de pensar constantemente quien somos, sin mirar a los lados y no ver quien aparece en nuestra vida, sin avisar.

 

© Javier Sanchez 2019

La blanca armadura

El caballero, paseaba por el jardín de su amada y cada noche, y casual noche, ella danzaba por su pensamiento.

Desde tiempos, desde antiguo, el caballero, no pudo evitar aquella especie de enfermedad, aquella enfermedad sin cura, que nace en los ancestros de la humanidad. El humilde amor por aquella dama.

El caballero de la blanca armadura, sonreía, con la sonrisa triste atenazándole el alma, pues amaba a aquella dama, la necesitaba para sobrevivir en las duras guerras diarias.

Y al alba le ofrendaba flores y textos de su ocurrencia. Y constantemente hablaba con ella. En aquellos sueños que le poseían mientras peleaba en sus guerras espantosas.

Pero él, él solo quería abrazarla con fuerza y decirle.

– Os quiero bella aurora, no puedo seguir sin vos. No se seguir sin vos, sin vuestra sonrisa, sin vuestra voz.

Pero el problema del caballero de la blanca armadura, era que la bella dama no podía amarle, no podía abrazarle, no podía besarle, solo podía reír con el y soñar que si.

El caballero, de la blanca armadura, pensó en la decisión de que debía huir a otro país, a otro mundo, pues a él solo gustaba de hacerla reír y hacerla feliz, llenando pequeñas ausencias, pero es que su alma ya desfallecia, su salud no alcanzaba más.

Agarraba las enfermedades del llanto, la enfermedad de la tristeza, enfermedades que no podía saber de donde venían. Y pensó…

Yo te pregunto bella dama,

– Que hago, me estoy ahogando sin ti. Que hago, si se que nunca estarás conmigo. Te pregunto bella dama. Si me permites partir allende no pueda sufrir por algo que nunca tendré. Dímelo luz de mi vida… Ayudame.

El caballero llego a la posada, pidió una jarra de vino y se recostó en el pajar ofrecido, por el viejo tabernero.

Y le dijo.

– Tabernero, voy a dormir. Si puedo. Pues en mis sueños, siempre danza ella. Y nunca va descalza. Se recostó en la cama de trapo y heno, se quitó aquella prenda blanca que.siempre llevaba encima, cerró los ojos y volvió a soñar. Y a llorar.

© Javier Sánchez 2019

Anuska

No es culpa tuya ser como eres. ¿Porque ha de ser culpa de nadie que cada uno sea como es.?

Pues eres algo importante en esta vida. En tu vida, sobre todo. Mírate.

Y es que los problemas, no los causas tú, créeme. Tú eres más importante que los problemas que nos rodean. Anuska, los problemas simplemente existen, y ellos no buscan culpables.

No es culpa tuya ser como eres.
No, que seas un ser de alma completa, capaz de una sonrisa de llanto y el dar toda la vida.

Esta vida está llena de escollos, piedras y barreras. Ya venía vestida así, con todos los detalles, malos y buenos.

No es culpa tuya de que no sepan respondan a tu llamada. No eres tú, simplemente, no era nadie quien llamó

Esos oídos sordos. Impávidos.

Anuska, sigue siendo la belleza de la vida, la vida de la belleza.

Por nadie, ni nadie que no hable tu idioma, te merece.

Anuska, no es culpa tuya el ser como eres.

No lo dudes nunca.

© Javier Sanchez 2019

LA FLOR ESCONDIDA

daisy-nacida-grieta-asfalto_58409-3761.jpg

Hay una flor entre el bordillo y la calzada, es, cuanto menos, curioso. Entre la grieta que hay entre los dos, asoma una flor blanca, con una preciosa cara amarilla, diminuta, rodeada de unas briznas de verde. Desafiando el incoloro del suelo. Mostrándo orgullosa su diminuta cara.

Vehiculos a motor … pasan a su lado y la mecen y la envenenan de gas negro y repugnante. La flor blanca, impasible observa el devenir de la ciudad, la gente que va y viene, esos vehículos con sus ruidos escandalosos, y ese olor de ciudad que ella se esfuerza en anular con maravilloso perfume, pero es demasiado pequeña y su perfume se pierde entre espantosos malos olores de la ciudad.

La pequeña belleza, sobresale entre papeles, colillas de cigarros, botellas, restos de comida, insectos, porquerias horrendas que ella intenta tapar espigandose todo lo que puede. Pero trabajo dificil, sigue siendo muy pequeña. Pero bella muy bella, la pequeña flor blanca en su lucha por suavizar la dureza de la ciudad. Y dias llora por los seres que pasan y ni la miran. Algunos ya, ni saben lo que es, la confunden con la porqueria que impera a su alrededor.

Pienso que, que hicimos antaño, y porque nadie se sienta a su lado, para mirarla y hacerle un ratito de compañía para que no este tan sola contra este infierno incoloro y apestado de egoismo y crueldad vestidos de humanidad.

¿Que hicimos? ¿enterramos a la madre naturaleza bajo el gris de nuestras ciudades?

O… es ella la que nos muestra, disimuladamente, que sigue viva ahí debajo. Y nos está indicando el camino hacia los colores. Con una diminuta y bella flor blanca de cara amarilla.

.

©Javier Sanchez 2019

Quien eras. Quien eres.

Un alma espantosa cruzaba el aire enrarecido de aquella calle, de aquella ciudad. Esquivando coches, altiva y desafiante. Produciendo el escándalo de bocinas e insultos. Disfrazada de persona, con pantalón y camisa a cuadros. Como cualquier otra alma. 

Un alma que habia perdido todo sentimiento, anodina, sin color y sin calor. Paseando entre otras almas tumbadas en el suelo, pidiendo sonrisas para secar sus lágrimas, apoyadas en la pared gris, derrumbada por almas grises, sollozando por un poco de amor, de cariño, de socorro ahogado. Almas con los oídos ensangrentados por el espanto de aquello que caía del cielo y reventaba el aire. Llorando por la culpa de aquellos que mataban almas sin parpadeo. 

Impasible pasaba entre los veintiún gramos con la boca abierta y los ojos mirando al cielo, por el espanto de ya no poder moverse, ni hablar, llorar, reír… ni amar. 

Impasible entre almas arrugadas, por la ausencia de manos que las alimenten. Entre pequeñas, diminutas almas, que no entendían, sollozantes, arrasadas, anuladas por la soledad y el miedo, ese miedo que no les deja ni una mueca de sonrisa en esa diminuta boca. 

Y andaba entre trisitezas, altiva, irrespetuosa, espantosamente pedante, encantada por los oscuros y lúgubres motivos, de pasear a través del infierno causado a las otras almas, en el reflejo de su fugaz felicidad.  Saludando a los desdichados con falsas sonrisas. Sin pensar en nada mas que en si misma. En su efimera existencia. 

Y, es entonces cuando llego a un espejo enorme, gigantesco, cubría toda una montaña, en el cual se reflejó, viéndose diminuta, minúscula… y sola. Sorprendida de verse asi. Pequeña y sola. 

Pero no se reconocía, pues su altanera prepotencia le hizo olvidar quien era, ya tiempos atrás, muy atrás. Y le preguntó, despectivamente, con esa horrible crueldad de la que era capaz, a la imagen reflejada en aquel gigantesco espejo. 

-¿Y tu quien eres?

-No lo sabes? Soy tú, soy la humanidad. 

Y la tierra tembló en silencio. Con un grito mudo, que llego a los confines del universo.

 

 

©Javier Sanchez 2019

En una farola

Ayer, paseando por la gris calle de mi ciudad, encontré una felicidad. Estaba tirada en el suelo, apoyada en una farola, con las manos en la cara. La gente se arremolinaba a su alrededor, mirándola con cara incrédula.

Algunos decían que “De alguien sería”. Una señora mayor comento “Posiblemente de alguien que se rindió. Y la dejo apoyada en la farola.”

La pequeña felicidad quedó allí sola, de color gris perdido, y la gente la seguia mirando sin entender. Me preocupó y miré a lo largo de la calle, a lo largo de toda ella había una estela del mismo color, gris triste, gris perdido. Aquella felicidad sin dueño me miraba. Con esa carita de tristeza, de a felicidad que pierde a su dueño.

Y salí corriendo, por qué le vi a lo lejos. Y al momento, ella me paro y me dijo:

– Aitor, no vayas, no te apresures, ahora no, espera que la luz del alba vuelva, él se rindió, no pudo con tanta tristeza y tanta humillación. No podemos hacer nada, por ahora, pues le queda llorar y respirar hondo, limpiar sus lágrimas de tristeza y convertirlas en sus gemelas, para hacerme el camino hacia él de nuevo y subirme a sus brazos. Lo conseguirá. Tranquilo. Pero debe de pasar por ahí.

– Pero yo sufro – le dije -.

– Nadie me tiene completamente, no es fácil conservarme. Aunque tú si me tendrás. Porque solo miras hacia donde esta él, y no te importa nada mas. Ni donde estoy yo. Tu corazón es blanco.

La vida es dura, tu lo sabes, como el diamante y bella como el mismo. Sigue tu camino. Todo ira bien.

¿Sabéis.? Ayer encontré una felicidad. Estaba tirada en el suelo, apoyada en una farola. De alguien a quien dolieron y no pudo mas.

©Javier Sanchez 2019