El olor a pan, olor a ella.

Verano de hierba amarilla, de esas  espigas que acarician la cintura. Cigarras avisando del calor, grillos despertando la.noche.
En casa, la madera se dilata con el calor, cruje como una hogaza de pan recién hecha. Ese olor a piedra caliente y a la humedad de la bodega de casa que sube por el pequeño hueco de la escalera.

Muevo con quejidos mi cuerpo y me siento en el borde de la cama, hay que regalarle un poco de tiempo al tiempo, así te trata mejor. Me decido y subo por las estrechas escaleras a las golfas, a por grano para los animales, bajo y aparezco en el.clmedor de casa. Me cuesta bajar y subir, supongo que mañana más

Miro hacia la puerta de la cocina, la luz entra como por las ventanas de una iglesia. No veo a María, no grito ni digo nada, a María nunca le ha gustado que le moleste por la mañana. Nunca he sabido donde se mete, siempre he pensado que anda por la bodega, pero en tantos años nunca le he preguntado, es algo que le pertenece a ella, solo de ella. Así lo entendemos. Hasta el desayuno.

Fuera de casa sólo se oye algún perro, y algún grito animando a algún caballo a tirar cuesta arriba. Voy hacia la puerta de casa, y como siempre, me detengo allí, en el quicio de la puerta. Allí veo pasar nubes y, a lo lejos, las espigas moverse en el baile del viento.
Los caballos resuellan con el peso del carro cargado de paja, deseando llegar, para beber agua y lamer las piedras. No me equivoque al oírlo antes, todavía oigo bien.

Por el camino real, a media vista de distancia, veo a los dos pastores, padre e hijo, que vuelven de ir a buscar a las ovejas, para evitar el calor del sol, encerrarlas y comer un poco de pan con queso y un chato de vino. Y enganchar hacia el huerto para ver que tal anda.

Vuelvo a mirar al interior de casa, no veo a María, ella está levantada hace horas, eso es seguro y ahora estará, haciendo el pan, porque lo huelo desde aquí, para mañana y preparando la bolsa para hoy. Cerca estará, hoy salgo tarde, haré poco, me he levantado cansado, además, María no se encuentra bien hace días, y esta noche no hemos dormido gran cosa.
Me acercaré al huerto y veré que hay para traer, a las 12 viene el médico para verla. Le diré que se acueste, que no va a querer y que no tardo nada, ir y volver, sin más. Ya terminare el resto que haya que hacer en la casa. Y mañana acabo lo que sea del campo.

Y mirando de soslayo, al fondo del pasillo la veo pasar hacia la cocina y ponerse al lado de la mesa pequeña, parece cansada, hago la intención de ir hacia ella, como cada día, a darle un beso, pero me la quedo mirando como despacio cierra el hatillo. Me mira y sabiéndose observada, me mira y sonríe con esa belleza con la que le ha bendecido la edad y mis ojos acostumbrados. Y pienso, mientras la abrazo con mi mirada.

Tú, tú eres quien siempre mueve el trigo, hace que las cigarras avisen del calor y que canten los grillos para la noche. Tú, tú eres quien mueve este viejo cuerpo. Quien crea el alba y el ocaso cada día de mi vida, de nuestras vidas.
Y es que sin tí no soy más que un trozo de algo que va al huerto y mira por la puerta.

 
©Javier Sanchez agosto de  2021

Si un dia

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Si un día tuviera el valor, te ofrecería una rosa atada a un poema.

Una rosa atada a un poema, te ofrecería, si un día tuviera el valor.

Un poema atado a una rosa, si un día tuviera el valor, te ofrecería.

Te ofrecería una rosa atada a un poema, un día, si tuviera el valor.

Al fin y al cabo, lo que quiero decirte claro está.

© Javier Sánchez agosto de 2021

Un suceso en el metro.

El hombre entró en el vagón del metro, pequeño, con barba de ya días, pelo revuelto, con un traje de lana antiguo, raído, con una camisa, que en su tiempo fue blanca. Aunque había algo curioso en él, su semblante, su cara era luminosa, de mirada limpia, con un brillo precioso, en sus ojos marrones. Sonriente, muy sonriente.

Los pasajeros del vagón ni le miraron, iban con sus móviles, sus tabletas, algunos durmiendo. Una humanidad distraída en los colororines de las ventanas pequeñas e importancia ridícula. Más de cincuenta personas que ni sabían que el hombre del traje raído estaban allí. Tampoco sabían la existencia de las unas de las otras, mientras subían y bajaban en cada estación.

Otro más, pensaron colectivamente. Casi molestos por su presencia, casi el único pensamiento distinto al que les obligaban los aparatos.

El hombre del traje raído, situado en un extremo del vagón, levanto la cara, y les miro a todos. Abrió la boca y quedó unos segundos con la boca abierta, observando la indiferencia del resto de aquella humanidad distraida. Ninguno le miraba. Algo que al hombre asombraba. Y hablo…:

– Señoras, señores, no les voy a pedir nada, mi intención es decirles que me he enamorado y simplemente soy feliz. Y es por ello que me disculpo por mi traje raído, mi barba de días y mi pelo revuelto. Por que no puedo dedicarme a más, a nada, es un sentimiento de una belleza extrema, es algo que es difícil de explicar, no sé, es una sencilla maravilla que me ha caído de no sé dónde. Y solo venia a compartirlo con ustedes, que simplemente estoy enamorado y muchas gracias por su atención.

El tren llego a la estación y el hombre del traje raído y el pelo revuelto sonrió dulcemente a la gente que le miraba asombrada, saludó con la mano y bajo del vagón. Corriendo se fue al siguiente.

Los pasajeros levantaron la vista de sus aparatos y se miraron lentamente, cuasi avergonzados y con una oculta envidia. Y todos al unísono siguieron con la vista al hombre del traje raído, incluso hubo quien se levanto a acercarse a la ventana del vagón siguiente para observarlo.

Y el tren partió de nuevo dirección a algún sitio.



©Javier Sanchez agosto de 2021

Si eso te asusta, mejor no te acerques

Paseo por mis sueños, cada día, el tiempo justo para no perderme.

Me he perdido tantas veces que me he comprado un sombrero como el de mister Hulot en sus vacaciones, más que nada para que haga juego con mis despistes. Siempre mirando a los lados, siempre con el paso justo para que nada se me escape, para que nada se pierda entre brumas y murmullos incoherentes.

Hay quien se empeña en solo mirar al frente. Hacia adelante. Por que es lo que firmaron y formaron. Pero hay maneras, hay formas de viajar entre sueños. Entre vidas.

Si miras siempre adelante no veras los arboles, las flores, los campos vestidos de verde para la ocasión. Las montañas blancas, el mar, preciosa cuna de la vida. Nunca sentirás la compañía de quien apareció a tu lado y no le viste.

Mira a los lados, no solo al frente.
A quien va delante, no le alcanzaras y el que va detrás, en el camino, nunca le veras. Si siempre miras al frente, hacia lo establecido, hacia lo que indican e indicaron los ancestros, solo veras lo que esta preparado, nunca podrás variar, ni disfrutar del libre albedrío, nunca verás lo que tienes ni a una vera, ni a la otra. Es en las veras donde viven los olores, calores, fríos, sabores, caricias, besos, bellos ojos, voces maravillosas, risas, lagrimas, nubes, soles y estrellas, miles de sentimientos diferentes, que van pasando como cuando vas en tren.

Cuando se vive de verdad, cuando se quiere, hay que observar todo, para eso esta ahi, sentir, tocar, oler, probar, bailar bajo la lluvia, bajo el sol, hablar bajo estrellas y soles, abrazar, mirar a los ojos, a esos ojos que tienes al lado, aprender a amar, dejarte amar, ser, ayudar, vivir para, desvivir por.

Dejar que te atraviese, esa vida, esa vida que creemos tan sencilla y segura, que te atraviese como millones de agujas y que se te suba a la chepa como una enredadera, haciéndote cosquillas por todo el cuerpo. Sin dudarlo, no hay tiempo.

Voy andando por mis sueños, el tiempo justo para no perderme. Me he perdido tantas veces que me he comprado un sombrero de mister Hulot, más que nada para que haga juego con mis despistes. Siempre mirando a los lados, con el paso justo para que nada se me escape.

Por que es que, aunque no me doy cuenta, se me acaba la vida, muy rapido, mas de lo que quisiera, como a todos y tengo prisa, no quiero terminar, este espléndido viaje, sentado en un sofá viendo una ventana multicolor. No quiero rendirme a la monotonía de una pared, de un murmullo mañanero tomando un café. Quiero vivir cogido de una mano, y no la que yo elija, sino la que quiera coger la mía hasta que mi luz se apague.

Quiero ser un ser vivo. No un sobreviviente. Si eso te asusta de mi, mejor no te acerques.



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©Javier Sánchez agosto 2021

La forma de vivir

No te arrincones en una esquina de tu pensamiento, en un “ya pasará”, nunca lo hagas. Esta vida, la que nos regalaron a todos, vino sin el librito de instrucciones y no es un defecto, es que tenía que ser asi. Hay que pasearla entera, observándolo todo porque, poco a poco, si la dejas, se va convirtiendo en una manipuladora, siempre intentará darte lecciones, tú solo tienes que mirar, observar, tocar, oler, degustar, sentir…

Es que, la verdad, los agoreros te la venden, “es que está vida es una mierda”, “es que todo son problemas”. No siempre es así, no hay malos dias, hay buenos días entre preocupaciones, entre problemas, que, por cierto, ya venían en el paquete, pero ya hemos dicho que no hay librito.

Pongamosla a prueba, con una sonrisa, un abrazo, un te quiero, un beso. Porqué no un beso, en plena calle, porqué no un “es que te quiero” o un abrazo demoledor. Todo ello, te ayuda a pasar los malos tiempos. Esos tiempos que te arrasan cuando todo se pone en contra.

Siempre pasa algo bueno por ella y ella te lo dice, cuando te roza el pelo, cuando conoces a alguien que te llena, ella es como un suspiro, como una brisa fresca, te susurra al oido palabras, indicaciones, que a veces no se entienden, pero ella siempre te deja una pista. Una una bondad en una bandeja de precioso alabastro, una persona que se acerca a ti, miles de pistas que hay que observar. Si te aparece algo bueno, y atiende la frase, si te aparece algo bueno, aunque sea vestido de mañanas, desaliñado, con el atractivo escondido, no lo dudes, no esperes a buscar algo mejor, porque mientras lo buscas, ese algo bueno se te irá. Y no hablo sólo de personas, hablo de situaciones, acciones, momentos. De verdad que las alas blancas nunca se ven.

Coge todos los trenes, todos los que se dejen coger, porque algunos solo pasan con un horario estipulado y único. Y nunca vuelven a pasar, y no se puede poner una queja.

No vivas la vida futura, la vida futura no existe, el presente es el futuro, dos veces, es presente, que pasa y futuro que ha llegado, si dejas pasar el tiempo sin hacer nada, solo pasa el tiempo, nada mas. No anheles que sea mañana si todavía es hoy. Porque , te olvidarás del hoy. Y ese… ese hoy, no pasará nunca mas, pues es único e irrepetible y nadie puede permitirse perder momentos.

Al fin y al cabo nuestra vida se compone de recuerdos, de historias. Y si anhelas historias no llegadas, no tendrás las historias presentes pues se te escaparán, pasarán por tu lado y ni las veras. Vive los minutos de sesenta segundos, las horas de sesenta minutos y los dias de veinticuatro horas.

Es lo justo para tenerlo todo.

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©Javier Sánchez julio de 2021

Confos

Aquesta sensació que tinc
que se m’escapa la joventut,
la força de la vida, que creix dia a dia.
Com una enfiladissa a les meves mans, en el meu esperit.

És aquesta sensació que em talla l’aire, que em deixa sense alè per moments, per sospirs,

instants de tremolor a les meves mans, en el meu goig.

Però no dubto de mi, de la meva forca, no dubto de mi, de la meva edat, no dubto de mi, de la meva alegria de viure.

Deu ser això…

Estic assegut a la sorra, a la vora del blau, a la vora de l’origen i sento com s’abalança a sobre meu, això que em puja pel meu cos com una meravellosa enfiladissa.

I estava confós, perquè és la vida, és el viure, és ella que em travessa com mil agulles, per tot el meu cos, crema’n-me d’ànsia, alterant tota la meva voluntat.
És ella la que em fa sentir tot això.

I confós estava, confós, creient que queia.

I va resultar que estava volant, que començava a volar.

De nou…

©Javier Sánchez juliol de 2021