LA FLOR ESCONDIDA

daisy-nacida-grieta-asfalto_58409-3761.jpg

Hay una flor entre el bordillo y la calzada, es, cuanto menos, curioso. Entre la grieta que hay entre los dos, asoma una flor blanca, con una preciosa cara amarilla, diminuta, rodeada de unas briznas de verde. Desafiando el incoloro del suelo. Mostrándo orgullosa su diminuta cara.

Vehiculos a motor … pasan a su lado y la mecen y la envenenan de gas negro y repugnante. La flor blanca, impasible observa el devenir de la ciudad, la gente que va y viene, esos vehículos con sus ruidos escandalosos, y ese olor de ciudad que ella se esfuerza en anular con maravilloso perfume, pero es demasiado pequeña y su perfume se pierde entre espantosos malos olores de la ciudad.

La pequeña belleza, sobresale entre papeles, colillas de cigarros, botellas, restos de comida, insectos, porquerias horrendas que ella intenta tapar espigandose todo lo que puede. Pero trabajo dificil, sigue siendo muy pequeña. Pero bella muy bella, la pequeña flor blanca en su lucha por suavizar la dureza de la ciudad. Y dias llora por los seres que pasan y ni la miran. Algunos ya, ni saben lo que es, la confunden con la porqueria que impera a su alrededor.

Pienso que, que hicimos antaño, y porque nadie se sienta a su lado, para mirarla y hacerle un ratito de compañía para que no este tan sola contra este infierno incoloro y apestado de egoismo y crueldad vestidos de humanidad.

¿Que hicimos? ¿enterramos a la madre naturaleza bajo el gris de nuestras ciudades?

O… es ella la que nos muestra, disimuladamente, que sigue viva ahí debajo. Y nos está indicando el camino hacia los colores. Con una diminuta y bella flor blanca de cara amarilla.

.

©Javier Sanchez 2019

Anuncios

Quien eras. Quien eres.

Un alma espantosa cruzaba el aire enrarecido de aquella calle, de aquella ciudad. Esquivando coches, altiva y desafiante. Produciendo el escándalo de bocinas e insultos. Disfrazada de persona, con pantalón y camisa a cuadros. Como cualquier otra alma. 

Un alma que habia perdido todo sentimiento, anodina, sin color y sin calor. Paseando entre otras almas tumbadas en el suelo, pidiendo sonrisas para secar sus lágrimas, apoyadas en la pared gris, derrumbada por almas grises, sollozando por un poco de amor, de cariño, de socorro ahogado. Almas con los oídos ensangrentados por el espanto de aquello que caía del cielo y reventaba el aire. Llorando por la culpa de aquellos que mataban almas sin parpadeo. 

Impasible pasaba entre los veintiún gramos con la boca abierta y los ojos mirando al cielo, por el espanto de ya no poder moverse, ni hablar, llorar, reír… ni amar. 

Impasible entre almas arrugadas, por la ausencia de manos que las alimenten. Entre pequeñas, diminutas almas, que no entendían, sollozantes, arrasadas, anuladas por la soledad y el miedo, ese miedo que no les deja ni una mueca de sonrisa en esa diminuta boca. 

Y andaba entre trisitezas, altiva, irrespetuosa, espantosamente pedante, encantada por los oscuros y lúgubres motivos, de pasear a través del infierno causado a las otras almas, en el reflejo de su fugaz felicidad.  Saludando a los desdichados con falsas sonrisas. Sin pensar en nada mas que en si misma. En su efimera existencia. 

Y, es entonces cuando llego a un espejo enorme, gigantesco, cubría toda una montaña, en el cual se reflejó, viéndose diminuta, minúscula… y sola. Sorprendida de verse asi. Pequeña y sola. 

Pero no se reconocía, pues su altanera prepotencia le hizo olvidar quien era, ya tiempos atrás, muy atrás. Y le preguntó, despectivamente, con esa horrible crueldad de la que era capaz, a la imagen reflejada en aquel gigantesco espejo. 

-¿Y tu quien eres?

-No lo sabes? Soy tú, soy la humanidad. 

Y la tierra tembló en silencio. Con un grito mudo, que llego a los confines del universo.

 

 

©Javier Sanchez 2019

En una farola

Ayer, paseando por la gris calle de mi ciudad, encontré una felicidad. Estaba tirada en el suelo, apoyada en una farola, con las manos en la cara. La gente se arremolinaba a su alrededor, mirándola con cara incrédula.

Algunos decían que “De alguien sería”. Una señora mayor comento “Posiblemente de alguien que se rindió. Y la dejo apoyada en la farola.”

La pequeña felicidad quedó allí sola, de color gris perdido, y la gente la seguia mirando sin entender. Me preocupó y miré a lo largo de la calle, a lo largo de toda ella había una estela del mismo color, gris triste, gris perdido. Aquella felicidad sin dueño me miraba. Con esa carita de tristeza, de a felicidad que pierde a su dueño.

Y salí corriendo, por qué le vi a lo lejos. Y al momento, ella me paro y me dijo:

– Aitor, no vayas, no te apresures, ahora no, espera que la luz del alba vuelva, él se rindió, no pudo con tanta tristeza y tanta humillación. No podemos hacer nada, por ahora, pues le queda llorar y respirar hondo, limpiar sus lágrimas de tristeza y convertirlas en sus gemelas, para hacerme el camino hacia él de nuevo y subirme a sus brazos. Lo conseguirá. Tranquilo. Pero debe de pasar por ahí.

– Pero yo sufro – le dije -.

– Nadie me tiene completamente, no es fácil conservarme. Aunque tú si me tendrás. Porque solo miras hacia donde esta él, y no te importa nada mas. Ni donde estoy yo. Tu corazón es blanco.

La vida es dura, tu lo sabes, como el diamante y bella como el mismo. Sigue tu camino. Todo ira bien.

¿Sabéis.? Ayer encontré una felicidad. Estaba tirada en el suelo, apoyada en una farola. De alguien a quien dolieron y no pudo mas.

©Javier Sanchez 2019

Ir

Coger la mochila, una botella de agua, mi guitarra, mi alma plena. Y nada más.
Y partir, partir al viaje. No un viaje, no, sino, el viaje.
Hacia aquella ciudad que se llama, “Sin Rumbo.”

Dejando atrás todo lo vivido.
Sintiendo que te tiemblan las piernas a cada paso.
Pero sin duda alguna. Sabiendo que has de ir.

Sin mirar atrás, solo pensando en esa ciudad la que no da miedo.
La que da igual como llegues y cuando llegues.

Y caminar, con la libertad bajo el brazo.
Con el viento arremolinandose entre las manos.

Atrás quedan lagrimas, amores, pruebas, risas, flores, vida.
Por delante otras lágrimas, amores, pruebas, risas, flores y otra vida.
Otra.

Sin explicar nada, sin hablar de nada, solo hacer el camino pendiente,
el camino latente, el que te agarra el alma y no te deja respirar,
el que te atrae como un gigantesco iman, hacia aquellos tiempos futuros.

Andar el camino tocando la hierba, con las manos al viento, sonriendo, sonriendo, sonriendo.
Hacia la ciudad de “Sin Rumbo” solo va quien desea, no los que huyen, sino los que van.
Solo cogen la mochila, una botella de agua y una guitarra. El alma llena y nada más.

Lo importante del viaje, no es el destino, ni cuando, ni como llegaras, lo importante es el propio viaje.

©Javier Sánchez 2019

En nuestro claro de luna

Y aqui estoy, a la orilla del lago, sentado entre las piedras y los árboles, al borde del bosque, dónde los árboles quedan quietos, para no tocar el claro de luna.

Entrelazo los dedos de mis manos, no para rogar, sino para unirme a mi mismo, para ser entero para tí. Y me embeleso con el precioso lago, dividido por la bella luz de la luna, enorme luna de amantes.

Y mientras mis sueños vuelan, se dibuja tu figura que nace de la luz de la luna, flotando cual perla de nube. Recuesto mi cuerpo entre el musgo de las piedras y el anciano árbol, contemplando como vienes hacia mi.

Caminas, vaporosa y alegre, por el camino del claro de luna, con tus manos entregadas al viento, y mi alma llora de alegría, pues aprecio tu perfume, que vuela por encima de las fragancias del bosque, te espero amor mio, en este claro de luna. Y suavemente te sientas a mi lado, me besas y susurras tu esperanza, que es la mía, la de que cada noche, este claro de luna ilumine nuestras vidas, limpie nuestras almas y cuide de nuestros besos.

Como cada noche en el claro de luna, contigo mi amor..

.

© Javier Sánchez 2019

Futuro

– Contempla este páramo hijo, tú creciste aquí, completamente feliz, gracias a la sangre de tus abuelos. Míralo ahora, yermo. Busca en tu memoria, hijo, y procura que nunca vuelva a suceder está abrumadora tristeza, que nos empieza a consumir, poco a poco, como antaño.

– Y que había padre, no lo recuerdo.
– Verdades y libertades.

© Javier Sánchez 2019

Incongruencia humana

Si somos capaces de crear esto, de que esto sea capaz de que las lágrimas aparezcan con suavidad en nuestros ojos, de que nos falte la respiración el escucharlo y nos cojamos de la mano de quien esté más cerca, para que te acompañe en el bello viaje.

Porque también somos capaces de crear lo mas diabolico, hacer el mal sin mirar, con la consciencia de la auténtica maldad.

Es incongruente. La humanidad es incongruente.