TROZOS DE MI VIDA. Cuando viví con Lara. CAPÍTULO 1


Buenas tardes querido público, a partir de hoy os voy a contar pequeñas partes de la historia de mi vida, os iré contando pequeños retazos de ella una vez a la semana o algo así, o cada mes, no sé, bueno haré lo que me de la gana. Unas serán divertidas, otras serán un verdadero drama, pero siempre intentaré aderezarlo con una pequeña pincelada de humor, manos cuando me atrpello aquel avión, que lo pasé muy mal. Tengo ya una edad y he pensado que entre mis clases de universidad, las conferencias para idiotas del turno nocturno que encima son gratis. Pues en el tiempo que me queda libre podría ire desgranando esas pequeñas historias que le suceden a los pequeños mortales como yo, la gente normal, la que vive a pesar de todo, de las maldades, de las enfermedades, de la malas artes de la gente. Por cierto, nada es mentira, en todo caso no es del todo verdad, pero ya me conocéis.

Este es un pequeño trozo. Una parte de mi vida, la que viví con Lara.

LARA

Hay que ver, ahora vivo con ella, con Lara, antes ya sabéis que no, pero ahora sí, (barrio sésamo al poder). Perdonadme la tontería, entre la medicación, la mascarilla y que ahora te la quitas y ahora te la pones, estoy un poco agobiado. Ahora nos la van a quitar, tranquis, los feos estamos a salvo, es voluntario y a los otros, pues hasta que venga la septima ola podrán exhibir su belleza extrema.

Y… bueno pues vamos allá. Lara es, que os contaría de Lara, Lara es única, preciosa, pelo negro, ojos marrones caramelo, tez morena, una sonrisa naturalmente cautivadora, sin postureos, mujer muy inteligente y de un sentido del humor que me desarma y a la vez me encanta, pues tenemos esos diálogos de risa tonta, esos que hay un duelo a ver quien de los dos dice la tontería más grande. La verdad es que son geniales. Momentos sublimes.

Lara es licenciada en Bellas artes, amante de los animales, de los árboles, de las flores, de las ballenas, los mosquitos, los peces, los boquerones, la cebras, los leones moteados, etc. También le encanta el teatro, como a mí, pero con la diferencia que a ella le gusta el vanguardista y en definitiva, todo lo moderno y… lo raro, lo rarísimo. Lara tiene diez años menos que yo. No sé, de verdad os digo y muchos días me pregunto, qué narices hace conmigo, no me pega nada. Perdón, yo no le pego nada a ella. Aclarando conceptos, hay algo que no encaja. Un calvorota, gordo y feo, y ella, bueno ella es ella.

Emmmm. Vale, ya podéis dejar de criticarme y de despotricar, los de las filas de atrás también, que aunque estéis en la oscuridad, allí en la fila de los mancos, os veo igual. Pues oye que sé que es porque me quiere. De eso estoy seguro. Pero cuando veo las fotos en las que estamos juntos es como raro. Ya me pasa menos, pero, no se, es que esto del amor, me pilló a contrapié.

Y yo, pues yo, que os voy a contar de mi, pues nada, según la ley de protección de datos, puedo no contar nada, pero algo os contaré, es que estoy muy enamorado de ella, y en consecuencia… de todo lo que ella ama, de los animales y.. de reciclar hasta la mas mínima mota orgánica o no orgánica. Que, oye, eso de los cubos me tiene loco, cada color una cosa, pero es que soy un poco, solo un poco daltónico, eso de los colores me confunde mucho y me lío. Pero lo llevo lo mejor que puedo, coloco los cubos de izquierda a derecha y apañao. La cago de vez en cuando pero bueno

También me trago, por amor, los sábados por la tarde, los documentales de la 2 y del canal National Geográfic, con esas cebras pegándole a los leones, patos pelandose con los osos polares de la sabana africana y demás, o eso creo, porque siempre me duermo. Pero me duermo ¿eh?, con babilla en la almohadita y todo, hasta sueño y tengo pesadillas. Es lo que tiene la fiesta destroyer de los documentales de animales, que te hace perder el conocimiento. Por lo menos a mí me pasa.

Pero, oye, me encanta dormirme en el sofá, con la mano de Lara acariciando mi cabeza calva, eso me tranquiliza, esa mano es mi salvación y mi protección contra el mundo. Joder, que bonito me ha quedado ¿Eh? podéis aplaudir. Oye que es verdad, esa mano me protege de las maldades de este puto mundo, esta mujer es algo increíble. Joder ya se que estoy mayor, pero es del todo cierto, es mi ángel de la guarda.

Pues bueno, es que con Lara, con Lara te diviertes muchísimo, es encantadora, esa dulzura y esa inteligencia que desborda y llena todos los sitios de casa, ya sea que lo he dicho antes pero me encanta. Pero… hay cosas que, la verdad, no me van, pero callo y acepto, me lo tomo con gentileza y me adapto, al fin y al cabo de eso se trata lo de amar y convivir, de gentileza y adaptación, que no sumisión.

Por ejemplo, esto del teatro vanguardista, no lo llevo bien, no, la verdad sea dicha. Debe de ser algo increíble, pero es que no lo capto. Ya os contaré más tarde. Y oye que tampoco lo del arte abstracto y/o moderno de ahora mismo, el de hace unas horas. No la verdad, y me esfuerzo, pero no.

Ya me ha pasado y varias veces. Mira os cuento una de ellas, que fue la más heavy.

Fue un sábado, aquel día fuimos a una sala de exposición en el Palacio de Montjuic, Barcelona, perdón, se me olvidó, es que vivimos en Barcelona. Pues nada que la broma de la exposición costó cuarenta y ocho euros la entrada, ehhhh, cada uno ¿eh? Joder, caro ¿Si?. ¿Ella contenta? Si. Entonces no es caro. ¿Que creéis que soy un pringao? Pues no, si creeis eso es que no habéis entendido nada y ya podéis dejar de leer.

Según Lara, exponía el gran escultor/pintor y albañil Laurente Gazebo, Entre nosotros, ni puta idea de quién es el pavo este. Tiene nombre de cantante de los ochenta, por lo de Gazebo. El de I like Chopin.

Pues nada, que entramos en la exposición aquel aciago sábado. Nada más entrar se nos acercó una persona con un chándal, de aquellos antiguos, y una chapa de metal, así a modo de chapela extraterrestre en la cabeza. Este marciano nos ofreció unos canapés de Cabrales con caviar. Madre del amor hermoso, casi me deshidrató instantáneamente como un vampiro al sol, aquello estaba fortísimo, y el tío me decía que si me recordaban al mar. Yo alucine, le dije que si, al mar muerto, el marciano de la chapa nos informo que estaban creados por el escultor que exponía. Coño lo entendí de inmediato. Lara le dijo que estaban estupendos. Pensé, que no entendía como mi compañera siempre tenía una buenas palabras para todo. A su lado soy un puñetero gañan sin un ápice de nada. (He dicho nada, porque no se me ocurría que decir, hasta para eso soy gañan).

Un poco más adelante, pasando ya al de la chapela, otro marciano, este llevaba un cubo de basura en la cabeza, sentado a un clavicordio y vestido de mecánico de coches, con grasa y todo, y las manos llenas de mierda. El asesino este, estaba ejecutando, esto es literal, la canción «Love of my life» de Queen. Manda cojones, con un clavicordio, aporreandolo literalmente, iba a abrir la boca para sacar fuego ácido de Alien sobre los hombros y las manos del verdugo, Lara me miró, sabe que hay cosas, sobre todo relacionado con la música, que no soy nada transigente, y si es con Queen menos. Esa mirada la entendí de inmediato, me contuve. Tiró de mi mano y seguimos andando, antes de que provocara un accidente o incidente diplomático, es muy rápida la jodía.

Dejamos atrás al marciano envenenador y al Killer de Queen, y empezamos a seguir la línea del suelo, por cierto era original, la línea era como la Vía Láctea, muy bonito (lo único bonito de la esposicion, entre nosotros ¿eh?, porfa que no se entere ella). Y allí íbamos, lanzados, Lara me cogía la mano con fuerza, siempre lo hace, para que no me escape, caminábamos viendo a un lado y a otro… pues no sé explicaros…oye, cosas.

Cuarenta cinco minutos viendo cosas extrañas, hierros torcidos, televisiónes con un tío hablando en bucle que decía, «esto es todo», una y otra vez, joder, hasta una lavadora funcionando, con ropa dentro y todo!!!. Yo alucinaba y también me aburría como un fontanero en el Sahara.
Pasado un ratito… más, llego un momento que Lara se cabreo, mea culpa por cierto, la verdad es que le hice cabrear, eso pasa cuando me aburro y se me va la cabeza, oye, es que le dije, con la ingeniosa gracia que me caracteriza, que..

– Oye Lara cariño mio, amor de mis entretelas, porque no venimos cuando terminen las obras, es que está todo roto y patas arriba…. – y me reí un poco, pero solo un poco, esa risa que busca complicidad del otro. Pensaba que le haría gracia mi humor ácido e ingenioso.

Madre del amor hermoso El Apocalipsis según Santa Lara, versículo 20.27. Me echó una mirada de soslayo, que casi me desmayo…. (Miiiiira pues rima y todo).

– Que poca cultura tienes hijo…de verdad, eres más simple que el mecanismo de una cuchara, menos mal que te quiero. Eso te salva.

Nada, a callar, me comí todas las salas de estropicios y chatarra. Dos horas mas mirando estatuas y esculturas de escultor manco. Un trago malo, pero Lara se lo pasó de miedo, joder le sacaba punta a todo. Pero termine mirándola a ella solo. Soy un romántico, pero ya desde pequeño que fue cuando me enamoré de la comadrona por tocarme el culo. Pero a lo que vamos, que me encanta verla cuando disfruta de las cosas. Es algo genial. Creo que eso es algo que llena todos los espacios de una pareja. Acabamos riendo los dos, ella bajo a mí nivel y se juntó conmigo al cachondeo del destrozo que estábamos viendo. Mujer genial.

Pasado esto, que fue grave, mi comportamiento fue deplorable, lo admito, pero joder es que con las cosas estas, es que me superan, llamadme simple, pero creo que si hay algo que no te llega, pues no te llega.

Seguimos con nuestra vida en dos mundos que interseccionan en nosotros, que al fin y al cabo es lo más importante, esa intersección, la que se convierte en un «te quiero» mañanero, en discusiones sobre el arte, sobre la vida sobre todo, menos de el trabajo de cada uno, algo prohibido en casa. Desde el primer día que ella me recogió se la indigencia sentimental. Decidimos que eso enturbia la relación, o eso creíamos.

Lara, le encanta el teatro, a mi también, pero es que… hay una diferencia, a mí me gusta el teatro normal, el clásico, no el clásico de Shakespeare, que también, si no el normal, un escenario, un telón, una casa pintada, una habitación con sus muebles y los actores y actrices desgañitandose, la gente riendo o llorando. Lo que se llama una obra de teatro.

A Lara no…, Me enseñó unas entradas para una obra de teatro moderna, de esas experimentales, que te puede venir un actor y meterte una hostia y te la comes, «es arte» te dicen, pero la hostia te la llevas, pero claro yo me conozco, si viene un tío de estos y me mete una hostia yo se la devuelvo. Me puse a temblar, primero por lo que os he contado, las hostias las devuelvo, y segundo, es que la obra se llama: «La luz y la guerra del vecino, a la sombra de un olivo mudo».

Yo quería morirme de un ataque de setas alienigenas. Intenté poner excusas tontas, «que estaba muerto y no podía ir», «que tenía una reunión de consejo de ministros», pero Lara solo reía y me decía…

– Que idiota que llegas a ser. Mañana te paso a buscar al trabajo idiota y vamos. Venga a dormir, elemento, que cada día estás peor.
Y me propinó un precioso beso, de esos de «callate ya que te quiero».

Admiti que debía de ir. Me rendí a aquella sonrisa y a aquel beso. Pero sabía que no lo iba a pasar bien y ella también lo sabia. Ella sonreía mientras se le cerraban los ojos y yo no pegue ninguno de los tres ojos en toda la noche. Se mascaba la tragedia.

Continúa la semana que viene…

© Javier Sanchez abril de 2022

La primera vez que me enamoré… Aquél día.

A veces, me siento en el suelo, a lado de la cama y paso tiempo mirando al techo, de veras que lo hago mucho, y aconsejo que lo hagáis, pienso largamente en mi juventud. Con una sonrisa tonta en la cara.

Pienso en aquellas locuras grabadas a fuego rápido en mi memoria. Y sobre todo en aquellos amores, amores tempranos. Amores que fueron los culpables y capaces de trazar mi forma de sentir, para el resto de mi vida.

Y pienso en aquella edad, la edad en la que todo me afectaba multiplicado por mil. Por lo menos a mi si. Aquella edad en la cual tenia la piel tan fina que cualquier roce, cualquier situación, me llegaba al hueso. Me afectaba de sobremanera. Aquellas preciosas edades, en las que me enamoraba cada día… una par de veces, aquella sensibilidad a todo y en especial al efecto científico «me enamoro que ya es mediodía». Pues que quieres que te diga, era algo precioso. Muchos dicen que se sufre, si, es cierto, pero también es cierto que no es como romperse una pierna, es algo muy vital.

Pero ay.!! Cuando menos me lo esperaba apareció, apareció aquello de no poder explicar, por que narices me faltaba el aire delante de aquella chica. Aquella chica, que era como la nitroglicerina, «no agitar». Pues crecí con ella.

Y la verdad es que me sorprendió el no saber que hacer cuando fui un dia a picar al telefonillo de su casa. Al segundo, como siempre, contestaba ella, y yo, aquel día me veía tartamudeando cómo un tontito… Y me salia…
– Hola María soy Javier
¿Hola María? Pensé. Pero no era asi hasta aquel dia. Por lo normal era:
– Hey Mari, bajas.??

Y el no entender el porque perdía los nervios mientras ella bajaba, oía la puerta del ascensor y cuando abría la puerta de la portería y me saltaba a los hombros, como había sucedido siempre, toda la vida. Pero aquel día me asuste porque se me paro el corazón. Y me vi mirándola, la miraba distinto, pero también miraba alrededor, como buscando a alguien que me explicara que estaba sucediendo. Aunque a María ya la había visto mil veces y con diferentes alturas. En el cole, de vacaciones, en el instituto, el camping… Cuando nos encantaba que el viento nos rozará la cara.

Y aquel día no salimos corriendo, comenzamos a andar, con ella al lado izquierdo, como siempre, siempre le gustaba ir a mi izquierda desde pequeños, y el no saber como o donde ponerme, y no era la primera vez..!!.

Y como un destello de luz, darme cuenta de que ella era mi algo diferente, mi hermana, mi amiga. Pero ahora era todo eso y más, era mi María, la que cada día me hacia reír y bailaba a mi alrededor cómo una loca. Mi María, mi piel. Ahora era algo mas extraño que no había reconocido, pero ella si, ella me lo estaba enseñando.

Habíamos entrado a la plena vida, plena juventud. Nuestra amistad se había transformado en algo que es difícil de explicar si no llevas mis gafas. Todo era extrañamente grato. Y empezaba a ser maravilloso.

Y fue cuando, por primera vez, los dedos se entrelazaban y se apretaban aquellas manos diciendo, «te siento». Aquello siempre había sucedido, nuestras manos siempre andaban juntas, pero esta vez sentí como aquello inundaba mi mundo. Sinceramente creo que ella, creo que María, me enseño lo importante que es coger de la mano y saber lo que se siente y saber lo que siente la persona a quien se la coges.

Me vi en aquello de no saber quien empezaría a hablar de «cosas serias», aunque ya hablabas de «cosas serias» desde hacia 10 años, y es que ella, esa María, de pronto habia irrumpido cómo un misil en mi vida y sin darme cuenta. Algo cambio todo, todo se había magnificado, todo era diferente. Entre los dos todo se dio la vuelta.

Y es que, simplemente la juventud nos había contaminado como un mágico virus. El despertador de los sentidos, había llegado del largo viaje, desde la infancia, pasando por la tontería y llegando al te siento cerca y quiero sentirte mas cerca. Acababa de llegar aquel peligroso y adorable sentimiento llamado amor.

Y, la verdad, eso, mezclado con aquella juventud explosiva, aquel conocernos desde el amanecer hasta el anochecer. Ya no había forma de calmarse ni contando las estrellas sentados en el banco de detrás de casa.

La verdad, hecho de menos y mucho, aquel sentir del tiempo pasando rozando tu cara y atravesando tu cuerpo. Puede ser que no me haya adaptado a mi edad. Me da igual,, la verdad y que algún psicólogo me diga que tengo algún síndrome raro, que por cierto no sabrá ni describir, si no es que mira hacia atrás en su vida y me encuentra paseando por allí. Pero, que pasa oye, yo solo se que me encanta pensar en ello, en ella y en aquello, y no dejo de pensar, aunque la gente me dice que ya no es como antes, que ya todo eso paso.

Pero yo me digo, no esta prohibido soñar, no esta prohibido que todavía me guste enamorarme casi cada día. Y no esta prohibido sentirse joven, aunque no lo sea, aunque pocos te entiendan.

Y sobre todo me gusta porque hay gente que piensa que no es normal. Y no ser normal es lo mejor que puedes hacer en esta vida, al igual que ser raro. Ciertamente me da igual lo que piensen de mi.

María, fuiste un huracán, mi encantadora amiga, mi hermana y mi primer amor.

Este escrito es para ti estés donde estés.


© Javier Sánchez enero de 2022

Cuando el viento te acariciaba la cara.

Corría el verano de 1974, caluroso y pegajoso verano de Barcelona, recuerdo que por aquellos tiempos, íbamos, los fines de semana, a un camping en la población de Castelldefels en el cual había parrillas y diversos sitios para asar y cocinar a la leña. Aquel camping, se llamaba «La tortuga alegre», estaba situado al lado de lo que ahora es la autovía de Castelldefels, a cinco minutos del mar. Allí ibamos con mis padres, hermanos y amigos del barrio e incluso de mi escalera. Pura diversión, aventuras, calor y agua.

Bien de mañana partíamos para la estación de tren en plaza Cataluña y vamos allá, casi una hora de viaje. Bajábamos en Castelldefels playa. Para mi, importante viaje, con los amigos. Con catorce años de los de antes, ibas en el tren observándolo todo y grabando en mi mente, lo que ahora os cuento.

En aquel camping, lleno de gente de pocos recursos, trabajadores, sin casa en la montaña, ni en la playa, en todo caso la famosa  «casa del pueblo», que era de los abuelos. Recuerdo a mi padre, en camiseta blanca imperio, asando cordero en las brasas con los amigos, vecinos del barrio y del trabajo, mas los que se habían hecho allí, era feliz, mi padre no siempre podía ir al camping, el trabajo esclavo le tenia pillado, cinco hijos eran muchos hijos, pero salir de la agonía del trabajo y poder pasar el día olvidándose del sufrimiento diario, le hacia grande. Aquel hombre que se dejo la piel de tanto trabajar, solo necesitaba eso, una tarde o un fin de semana, en aquel camping. Suficiente para él y para todos nosotros.

También recuerdo a mi madre preparando la mesa en la que comeríamos todos, unos veinte mas o menos, hablando con las amigas, era su escape de tanto niño y tanta tensión acumulada. En la radio, aquella radio a pilas, con funda de cuero, con una antena enorme y un sonido bastante malo, en Radio Nacional de España, emitían el parte. Lo que ahora son las noticias.
Mi madre, en ese momento empezaba a cantar, cantaba aquellas canciones de la época, Manolo Escobar, Valderrama; pero como con más cariño recuerdo es cuando cantaba una de Lola Flóres, «La bien paga». Ciertamente mi madre la cantaba maravillosamente bien, con un arte que a muchos asombraba y a mi me embelesaba. A veces me pillaba mirándola, sonreía y me decía:
– Hijo, para lo que cuentan… es mejor cantar, te lo aseguro»

Los niños, bueno los niños de antes, que teníamos entre 12 o 14 años, o sea niños, en aquella época éramos niños de verdad, auténticos, no había tantos problemas añadidos a la infancia, adolescencia, andábamos todo el día en la calle, jugando a todo lo que nuestra cabeza, libre de imaginaciones artificiales, pudiera inventar, que era mucho, por cierto.
No se precisaban ayudas en el colegio, ni psicólogos, ni orientadores cuando se torcía algo. Sorprendentemente todo se arreglaba con un pelin de tiempo y un pasar el brazo por encima del hombro del amigo o amiga. Era muy sencillo, era más sencillo.
Andábamos con nuestros amigos, de barrio, de colegio, de escalera de vecinos y también ya con las las parejitas de verano, los secretítos entre las chicas y por supuesto también entre los chicos, que los había y muy buenos.

– La Marí (si, la famosa María, ya os he hablado de ella, el amor de mi juventud) esta por el Javi.
.- Como lo sabes ?
.- Me lo ha dicho ella…
.- Halaaaaa, siiiii !!!

Aquellos veranos eran puros, inocentes, no estaban manipulados, por nada ni por nadie, eramos como muy auténticos y, la verdad, pasarían marcando nuestra memoria, la de todos nosotros.

Ángel, Ana, María , Leti, Maribel , Nuria, Inés ,Luisa ,Carmen, David , José Manuel, Jorge, Roberto, Eloy, Clara y yo. La banda del colegio, del barrio, de la escalera.
Aquellos tiempos eran un devorar la vida al oreo, todo el día con el viento en la cara y el sol por todo el cuerpo. Los despertares de la vida. Las heridas de las caídas, con mercromina y pa’lante, los piratas, luego los escondites, también los…
– Javi, te vienes luego a la roca tu y yo solos ?
.- María, no lo se, es que se vendrá mi hermana.
.- Pues ya la pondremos con mi hermano que se quede con ella.

Recuerdo los atardeceres sentado en una piedra viendo como se ponía el sol y cogido de la mano de María. Aprovechando la hora ciega. Ni día, ni noche. Poco antes de cenar.
Precioso, aquella mano que me estremecía y que me hacía sentir el ser humano más importante de aquel bosque cercano a la playa y parte del mundo exterior.
Era el más grande, pues ella me concedió el honor de poder quererla y de que aquella mano acariciara la mía. No había nada capaz de medir el tiempo, nada que fuera capaz de que el corazón dejara de palpitar de aquella manera, ni nadie que pudiera averiguar donde estabas, con una excepción, mi madre, que con un grito te localizaba de inmediato. La madre murciélago.

En verano, hacia viento, al atardecer siempre hacia viento, no brisa, era viento el que nos resbalaba por la cara y nos acariciaba con cariño por todo el cuerpo, te soplaba al oído tu valiosa juventud. Aquello era precioso. El mar empujaba a aquel viento para hablarnos. Pero yo, pobre mortal, solo veía a aquella chica que miraba al mar, María siempre lo hacía, el mar le atraía, se la llevaba de mi lado. Me la robaba, siempre. Miraba su pelo movido dulcemente por aquellas plumas invisibles que nos acariciaba y nos daban las buenas noches.
Y me perdía mirándola, todo se detenía en un largo parpadeo, hasta que aquella bendición se dignaba a girar su bella cara, me miraba y me sonreía. Recuerdo con dulzura como aquella sonrisa me desarmaba. Me hacía desfallecer. Ella siempre esperaba a que le devolviera la sonrisa para lentamente girar su rostro y volver a mirar al mar.

De veras os digo que hecho de menos aquella inocencia tan sencilla y pura. Aquellos sentimientos que tanto han arraigado en la gente de mi edad. Y me convirtieron en lo que soy.
¿Sabéis? creo que, hoy por hoy, nos hace falta a todos un pequeño retazo de cuando fuimos felices y no necesitábamos saberlo.

© Javier Sánchez enero de 2022