Lara


Buenas tardes querido público, os quería contar una pequeña parte de la historia de mi vida, os iré contando pequeños retazos de ella. Tengo ya una edad y he pensado que entre mis clases de universidad, las conferencias y los pequeños relatos, podría ir deshranando pequeñaS historias, está es una parte, la parte de mi vida que viví con Lara.

LARA

Ahora vivo con ella, con Lara, antes ya sabéis que no, pero ahora sí, (barrio sésamo al poder). Perdonadme la tontería, entre la medicación, la mascarilla y que ahora te la quitas y ahora te la pones, estoy un poco agobiado.

Y… bueno, Lara es, que os contaría de Lara, Lara es única, preciosa, pelo negro, ojos marrones caramelo, tez morena, una sonrisa naturalmente cautivadora, sin postureos, mujer muy inteligente y de un sentido del humor que me desarma y a la vez me encanta, pues tenemos esos diálogos de risa tonta, esos que hay un duelo a ver quien de los dos dice la tontería más grande. Son geniales.

Lara es licenciada en Bellas artes, amante de los animales, de los árboles, de las flores, de las ballenas, los mosquitos, los peces, los boquerones, la cebras, los leones moteados, etc. También le encanta el teatro, pero el vanguardista y en definitiva, todo lo moderno y… lo raro, rarísimo. Lara tiene diez años menos que yo. No sé, de verdad os digo y muchos días me pregunto, que qué narices hace conmigo, no me pega nada. Perdón, yo no le pego nada a ella. Aclarando conceptos, hay algo que no encaja. Un calvorota, gordo y feo, y ella, bueno ella es ella.

Emmmm. Vale, ya podéis dejar de criticarme y de despotricar, los de las filas de atrás también, que aunque estéis en la oscuridad, allí en la fila de los mancos, os veo igual. Pues oye que sé que es porque me quiere. De eso estoy seguro. Pero cuando veo las fotos en las que estamos juntos es como raro. Ya me pasa menos, pero, no se, esto del amor, me pilló a contrapié.

Y yo, pues yo, que os voy a contar de mi, pues nada, según protección de datos, puedo no contar nada, pero algo os contaré, es que estoy muy enamorado de ella, y en consecuencia… de todo lo que ella ama, de los animales y.. de reciclar hasta la mas mínima mota orgánica o no orgánica. Que, oye, eso de los cubos me tiene loco, cada color una cosa, pero es que soy un poco, solo un poco de verdad, daltónico, eso de los colores me confunde mucho y me lío. Pero lo llevo lo mejor que sé, coloco los cubos de izquierda a derecha y apañao. La cago de vez en cuando pero bueno

También me trago, por amor, los sábados por la tarde, los documentales de la 2 y del canal National Geográfic, con esas cebras pegándole a los leones, patos pelandose con los osos polares de la sábana africana y demás, o eso creo, porque siempre me duermo. Pero me duermo ¿eh?, con babilla en la almohadita y todo, hasta sueño y tengo pesadillas. Es lo que tiene la fiesta destroyer de los documentales de animales, que te hace perder el conocimiento. Por lo menos a mí me pasa.

Pero, oye, me encanta dormirme en el sofá, con la mano de Lara acariciando mi cabeza calva, eso me tranquiliza, esa mano es mi salvación y protección contra el mundo. Joder, que bonito me ha quedado ¿Eh?., podéis aplaudir, oye que es verdad, esa mano me protege de las maldades de este puto mundo, esta mujer es algo increíble. Joder ya se que estoy mayor, pero es del todo cierto, es mi ángel de la guarda.

Pues bueno, es que con Lara, con Lara te diviertes muchísimo, es encantadora, esa dulzura y esa inteligencia que desborda y llena todos los sitios de casa, me encanta. Pero… hay cosas que, la verdad, no me van, pero callo y acepto, me lo tomo con gentileza y me adapto, al fin y al cabo de eso se trata lo de amar y convivir, de gentileza y adaptación, que no sumisión.

Por ejemplo, esto del teatro vanguardista, no lo llevo bien, no, la verdad sea dicha. Debe de ser algo increíble, pero es que no lo capto. Ya os contaré más tarde. Y oye que tampoco lo del arte abstracto y/o moderno de ahora mismo, el de hace unas horas. No la verdad, y me esfuerzo, pero no.

Ya me ha pasado y varias veces. Mira os cuento una de ellas, que fue la más heavy.

El sábado pasado, sin ir más lejos, fuimos a una sala de exposición en el Palacio de Montjuic, Barcelona, perdón, se me olvidó, es que vivimos en Barcelona, nada la broma de la exposición a cuarenta y ocho euros la entrada, ehhhh, cada uno ¿eh? Joder, caro ¿Si?. ¿Ella contenta? Si. Entonces no es caro. ¿Que creéis que soy un pringao? Pues no, si creeis eso es que no habéis entendido nada.

Según Lara, exponía el gran escultor/pintor y albañil Laurente Gazebo, Entre nosotros, ni puta idea de quién es el pavo este. Tiene nombre de cantante de los ochenta, por lo de Gazebo. El de I like Chopin.

Pues nada, que entramos en la exposición. Nada más entrar se nos acercó una persona con un chándal, de aquellos antiguos, y una chapa de metal, así a modo de chapela extraterrestre en la cabeza. Este marciano nos ofreció unos canapés de Cabrales con caviar. Madre del amor hermoso, casi me deshidrató instantáneamente como un vampiro al sol, aquello estaba fortísimo, y el tío me decía que si me recordaban al mar. Yo alucine, le dije que si, al mar muerto, el marciano de la chapa nos informo que estaban creados por el escultor. Coño lo entendí de inmediato. Lara le dijo que estaban estupendos. Pensé, que no entendía como mi compañera siempre tenía una buenas palabras para todo. A su lado soy un puñetero gañan sin un ápice de nada. (He dicho nada, porque no se me ocurría que decir, hasta para eso soy gañan).

Un poco más adelante, pasando ya al de la chapela, otro marciano, este llevaba un cubo de basura en la cabeza, sentado a un clavicordio y vestido de mecánico de coches, con grasa y todo, y las manos llenas de mierda. El asesino este, estaba ejecutando, esto es literal, la canción «Love of my life» de Queen. Manda cojones, con un clavicordio, aporreandolo literalmente, iba a abrir la boca para sacar fuego ácido de Alien sobre los hombros y las manos del verdugo, Lara me miró, sabe que hay cosas, sobre todo relacionado con la música, que no puedo soportarlo y si es con Queen menos. Esa mirada la entendí de inmediato, me contuve. Tiró de mi mano y seguimos andando, antes de que provocara un accidente o incidente diplomático, es rápida la jodía.

Dejamos atrás al marciano envenenador y al Killer de Queen, y empezamos a seguir la línea del suelo, por cierto era original, la línea era como la Vía Láctea, muy bonito (lo único bonito de la esposicion, entre nosotros ¿eh?, porfa que no se entere ella). Y allí íbamos, lanzados, Lara me cogía la mano con fuerza, siempre lo hace, para que no me escape, caminábamos viendo a un lado y a otro… pues, no sé…cosas.

Cuarenta cinco minutos viendo cosas extrañas, hierros torcidos, televisiónes con un tío hablando en bucle que decía, «esto es todo», una y otra vez, joder, hasta una lavadora funcionando, con ropa dentro y todo!!!. Yo alucinaba y también me aburría como un fontanero en el Sahara.
Pasado un ratito… más, llego un momento que Lara se cabreo, mea culpa por cierto, la hice cabrear, eso pasa cuando me aburro y se me va la cabeza, oye, es que le dije, con la ingeniosa gracia que me caracteriza, que..

– Oye Lara cariño mio, amor se mis entretelas, porque no venimos cuando terminen las obras, es que está todo roto y patas arriba…. – y me reí un poco, pero solo un poco, esa risa que busca complicidad del otro. Pensaba que le haría gracia mi humor ácido e ingenioso.

Madre del amor hermoso El Apocalipsis según Santa Lara, versículo 20.27. Me echó una mirada de soslayo, que casi me desmayo…. (Miiiiira pues rima y todo).

– Que poca cultura tienes hijo…de verdad, eres más simple que el mecanismo de una cuchara, menos mal que te quiero. Eso te salva.

Nada, a callar, me comí todas las salas de estropicios y chatarra. Dos horas mas mirando estatuas y esculturas de escultor manco. Un trago malo, pero Lara se lo pasó de miedo, joder le sacaba punta a todo. Pero termine mirándola a ella solo. Soy un reumático, digooo un romántico. Me encanta verla cuando disfruta de las cosas. Es algo genial. Creo que eso es algo que llena todos los espacios de una pareja. Acabamos riendo los dos, ella bajo a mí nivel y se juntó conmigo al cachondeo del destrozo que estábamos viendo. Mujer genial.

Pasado esto, que fue grave, mi comportamiento fue deplorable, lo admito, pero joder es que con las cosas estas, es que me superan, llamadme simple, pero creo que si hay algo que no te llega, pues no te llega.

Seguimos con nuestra vida en dos mundos que interseccionan en nosotros, que al fin y al cabo es lo más importante, esa intersección, la que se convierte en un «te quiero» mañanero, en discusiones sobre el arte, sobre la vida sobre todo, menos el trabajo de cada uno de los dos, algo prohibido en casa. Desde el primer día que ella me recogió se la indigencia sentimental. Eso enturbia la relación, o eso creíamos.

Lara, le encanta el teatro, a mi también, pero es que… hay una diferencia, a mí me gusta el teatro normal, el clásico, no el clásico de Shakespeare, que también, si no el normal, un escenario, un telón, una casa pintada, una habitación con sus muebles y los actores y actrices desgañitandose, la gente riendo o llorando. Lo que se llama una obra de teatro.

A Lara no…, Me enseñó unas entradas para una obra de teatro moderna, de esas experimentales, que te puede venir un actor y meterte una hostia y te la comes, «es arte» te dicen, pero la hostia te la llevas, pero claro yo me conozco, si viene un tío de estos y me mete una hostia yo se la devuelvo. Me puse a temblar, primero por lo que os he contado, las hostias las devuelvo, y segundo, es que la obra se llama: «La luz y la guerra del vecino, a la sombra de un olivo mudo».

Yo quería morirme de un ataque de setas alienigenas. Aluciné pepinillos en salmuera. Intenté poner excusas tontas, que estaba muerto y no podía ir, que tenía una reunión de consejo de ministros, pero Lara solo reía y me decía…

– Mañana te paso a buscar al trabajo idiota y vamos. Venga a dormir, elemento, que cada día estás peor.
Y me propinó un precioso beso, de esos de «callate ya que te quiero».

Admiti que debía de ir. Me rendí a aquella sonrisa y a aquel beso. Pero sabía que no lo iba a pasar bien y ella también lo sabia. Ella sonreía mientras se le cerraban los ojos y yo no pegue ninguno de los tres ojos en toda la noche. Se mascaba la tragedia.

Aquella mañana Lara tenía que impartir un curso sobre expresionismo corporal en la Universidad y salió temprano de casa, me dio un beso y un hasta luego, nos vemos a la noche.
– Recuerda que vamos al teatro.
– Si, si, lo recuerdo. – le dije entre tinieblas.
Miedo me da, hoy da clases de expresionismo corporal y vendrá a buscarme con la inspiración por las nubes.
De inmediato me puse manos a la obra y empecé a consultar en la red de redes artículos sobre el teatro moderno, minimalista, el teatro del Kurdistan y sus derivaciones Mongolas y cosas de esas que le gustan a Lara, solo quería no parecer un gañan a su lado. Por ella, sólo.por ella.
Desperté de repente con la marca del teclado grabada en la frente. Ponía «Logitech Keys»y algunas teclas también. Me había visto siete videos de teatro y danza moderna y megamoderna, dos obras de teatro Kurdas en Mongolés y creo que perdi el conocimiento. Recuerdo que estaba viendo Macbet contra Gozilla de la estepa, una adaptación de un autor francés, Louis De Le Monde, y ya no me acuerdo de más.
Pasé la mañana más tranquilo, me tomé dos discrepam, un Paracetamol de 1 gramo y un chupi de Jack Daniels, mano de santo, iba flotando por la casa, con una sonrisa de gilipollas total. Creo que el Jack Daniels me perjudicó un poco, es lo que tiene el Wiskey de Tennessee (que no bourbon como muchos creen).
Bueno que me enrollo. La verdad es que bien pensado me preocupaba demasiado, Lara sabe como soy y sabrá ayudarme en el tema. Dejaré la preocupación para más tarde.

Llegó la hora de ir a trabajar, por cierto con todo el globo de la medicación y demás mierdas que me había tomado. Yo trabajo como diseñador del teletexto de la tele, si, si, todavía existe.
Joder, menuda pájara llevaba, llegue al despacho flotando como un coche de esos de la guerra de las galaxias, lo que no recuerdo es como llegue a la oficina, la verdad. Entré en mi despacho de superlujo que tenía tres amplios ventanales, con una vista preciosa al muro de ladrillos del edificio colindante y me puse de inmediato a trabajar, bueno creo que fue de inmediato, oye que se me fue la olla total, me puse delante del ordenador y empecé a poner tonterías para que salieran en el TXT de mañana, pero oye, que me lo inventaba, así tal y como venía a mi mente privilegiada.
Cosas absurdas, pero que me hacían reir, informé que el gobierno subía el SMI a 2200€, que Jordi Hurtado se retiraba y que a Abascal le habían pillado en los lavabos del congreso besándose con la cabra de la Legión, no sé oye, con el pedal que llevaba me dio por ahí. Bueno oye todo muy flipante.

Al cabo del rato de estar escribiendo estupideces, de repente, me vinieron los apretones de la muerte, pensaba que me habían pegado tiro en las tripas, me estaba deshaciendo por dentro, me asusté, poco, pero me asusté, eche a correr por el pasillo, no sabía si llegaría al baño, el guiski me había sentado mal seguro y las pastillas, y supongo que el puto café de la oficina… Todo junto, explosión en mis tripas.
Llegue al baño y entre de una patada en la puerta y raudo me senté en la taza del WC. Madre mía, lo que llegó a salir de allí, era un espanto, casi me doy la vuelta, tenía los mil sudores de la muerte. Pasado un rato de parto, acabe por fin, tire de la cadena y me incline un poco para ver si había sido niño o niña, después de tamaño esfuerzo y se.me cayó el puto móvil de la empresa, que llevaba en el bolsillo de la camisa, (por cierto una Raf Laurel, preciosa, me la compró Lara), por el inodoro.

Joder, joder, joder, lo que me faltaba. Tenía que recuperarlo, vamos que lo cogi como pude, dios mio el Nokia 1100 que me había regalado el director, que buen hombre que es el director. Imbécil prepotente…
En un flash de esos míos, recordé que mi cuñao me contó que si se te caía el móvil a un sitio con agua u/o líquido no corrosivo, había que echar arroz para que se secara o algo así, tampoco es que haga mucho caso a mí cuñao pero sin pensarlo dos veces, (lo pensé tres, es que soy libra), baje a la tienda y compre diez kilos de arroz, del integral (por lo del baño). Y, nada oyes, dicho y hecho tiré los cinco kilos en el inodoro, yo no entendía que tenía que ver, pero me lo dijo mi cuñao y mi cuñao es un sabio, también es un gilipollas, pero prevalece lo de sabio.
Y… volví a tirar de la cadena. Tres veces más…. Joder…
Menudo pollo se montó con el WC lleno de arroz, no pasaba el arroz, volví a tirar de la cadena varias veces (no se porque se dice así, lo de la cisterna, si no es una cadena), y oye empezó a salir arroz por todos los sitios, por todos los WC de la oficina y por los lavamanos, joder por todo los agujeros que había en el baño salía arroz. Madre mía la que he liado y el móvil seguía mojado, vaya mierda. Salí como pude del baño, que parecía el delta del Ebro. Había arroz y agua hasta la puerta y parte del pasillo. Y…
Mi jefe, el imbécil, estaba en la puerta.
– Que Javier, haciendo el gilipollas como siempre.
– No, no señor Manolo es que se me ha caído el móvil.
– Joder Sánchez, no hay día que no lie alguna. Limpie esto y vaya a su despacho que queda media hora para terminar la jornada. ¿Ya ha completado las noticias del TXT?
– Si, si señor Manolo. Ya está todo hecho…
Me dirigí a mí despacho, tenía los zapatos llenos de arroz y agua. Joder que paranoia y Lara que iba a llegar en media hora. Madre mía, el globo me había durado todo el día y no me había enterado de nadar, aunque aún veía fontaneros con chaqués azules y unicornios con tres cuernos. Me quite los zapatos y los calcetines, madre mía, había arroz para hacer dos o tres paellas…
Ding!!! Sonó el teléfono…
– Señor Sánchez está aquí la señorita Lara…
Madre del amor hermoso… Se avecinaba la tragedia. Estaba descalzo con todo mi despacho lleno de arroz y viendo fontaneros con chaqués azules por todos los sitios y los malditos caballos con cuernos.
– Que suba, en diez minutos salgo…
Me mire al espejo y me dije:
– Eres un gañan Javier, es que eres un gañán, toda la vida igual…


Continua la semana que viene en capitulo 2 y último. «La obra de teatro y un sueñecito»




© Javier Sánchez noviembre de 2021

Mi paseo en el tiempo.

Hace unos meses, volví a un lugar de mi pasado. Los pasados tienen lugares y los lugares poseen, literalmente, esos pasados, siempre. De inmediato, me llené de recuerdos y bellos pensamientos de juventud. Paseé mi camino, de la mano de la memoria. Y durante ese caminar soñaba despierto.

Décadas después, vuelvo a estar en ese camino, me llevan mis pies sin duda alguna. No, no estoy huyendo, sólo quiero dar la vuelta a este mundo y empezar por allí atrás, aunque que me dicen que ya es tarde, que tengo una edad, pero es que todavía te siento atravesando mi cuerpo como esas cosquillas que se pasean por dentro de mi, caricias en mis manos, besos en mi frente. Continuo mi camino de aquellos años…

Todavía es tan bello como aquellos largos paseos nocturnos de mi juventud, cuando al anochecer, después de estudiar y trabajar, salía a caminar por los alrededores de la ciudad, en el cielo se ve el camino de Santiago lleno de estrellas, sigue siendo tan precioso como antaño. Acompañado del olor a tierra, el sonido de las piedras a cada paso, esa brisa nocturna única que te realza los sentidos. Al rato, sin casi darme cuenta, me detengo en el puente de San Martín y me asomo al Tajo, escucho pasar el río, el agua de la vida, se oye sin ver el chapoteo de las riberas, me quedo un tiempo escuchando, me fascina el paso del agua del río, es como el tiempo, que pasa y pasa…

Cuando ya me he llenado de vida sigo el mismo camino de vuelta a mi antigua casa, quiero ver dónde vivía en aquellos años, me dirijo como tal cual hacia antaño Se escuchan mis pasos al entrar en calle del Ángel, vuelvo a oler a pinturas y a horno de pan, a las cocinas con olor a tomillo

Todavia recuerdo a aquella pequeña de pelo rubio jugando con unas muñecas en un balcón o sentada en la calle, no lo recuerdo muy bien, es curiosa la memoria que todavía lo recuerde y al final de la calle, en la pequeña plaza, recuerdo a los críos jugando a la pelota, donde había un letrero de «Prohibido jugar a la pelota», del cual siempre me reía y me preguntaba cómo podía ser que se prohibiera a la infancia jugar, con un cartel tan ridículo.

Al final de.la calle se ve la Plaza de San Antonio, la pequeña plaza de mi juventud. Allí viví, se me altera la edad y me siento en el suelo a mirar la nada, esas nada que queda grabada a fuego. Llevo horas danzando por la ciudad, pero no hay prisa, me encanta sentir el silencio de las calles en las noches, cambiada, si, pero sintiendo que fue, parte de mi vida, hace ya…

© Javier Sánchez noviembre de 2021

Olor a musgo en casa

Olía a adoquines mojados, mezclado con el aceite de los coches y el agua de la lluvia, a húmedo y frío octubre. Aquellos octubres de mediados de los sesenta, grises como la gente que cada día se dejaba la vida en las fabricas, sirviendo a los señoritos propietarios de las fabricas, la burguesia catalana.

Vivíamos en un edificio de seis plantas, más el ático que daba al terrado de la casa. El edificio modernista compuesto de principal, que es donde en aquellos tiempos vivía la gente de dinero, es por ello lo de principal. Esas viviendas eran las más grandes de la finca, por lo normal el doble ya que si cada planta se componía de 4 pisos, en el principal se componía sólo de dos. Estas viviendas poseían la parte trasera del edificio que casi siempre eran jardines, que componían la parte interior de la manzana de edificios. Yo jugué de pequeño, de muy pequeño en aquellos jardines, la señora Rosalía, propietaria del principal, nos cuidaba mucho. Una señora mayor, sin hijos y soltera, heredera de una fortuna. Poco recuerdo de ello, sólo recuerdo una fuente en la pared del enrome jardín, árboles y una escalera que bajaba de la vivienda al jardín, recuerdo olores, olor a la humedad del jardín y al musgo que se creaba alrededor de aquella fuente. Poca cosa más, pero increíblemente, son recuerdos de hace 54 años, de un niño de cinco años. Creedme, la memoria es algo increíble.

Y en casa, en el terrado de casa, el musgo también crecía por todos los rincones, mucha humedad, cuando llovía, que era mas a menudo que ahora, se quedaba el agua estancada en los sitios más insólitos. Desde allí se divisaba un bosque gris de chimeneas de las industrias, sobre todo telares, de metalurgias, manufacturas de goma, pinturas, etc… hecho este que dejaba, al atardecer un el gris anaranjado.
Curiosamente al lado de casa había una fábrica donde se manipulaba la chufa, era una fábrica enorme, desde allí salían los carros y pequeños triciclos para el reparto de la chufa a las lecherías o ya en botellas, la deliciosa horchata de chufa. Recuerdo que, con mi hermano Ramón, íbamos a robar chufas a esta fábrica, ya que las ventanas del sótano quedaban muy al alcance y las tinas donde depositaban las chufas en agua estaban a la mano de cualquier bracito de 6 años como el mío. Un bote para mama y otro para el camino.

Entre el colegio y casa pasaba la vida, sin ver a mi padre entre semana, sólo llegar a verlo de refilón y esperando el domingo. Ay, aquellos domingos, recuerdo que iba con mis padres y mis hermanos a tomar una horchata, mi padre se tomaba un vinito, un chato, y nosotros una horchata, era un día de fiesta pues mi padre estaba y lo teníamos para nosotros, libraba de aquellas 12 horas diarias de trabajo agotador, en una fabrica de telas, ya hablaremos mas tarde de ello, pero ahí estaba, con sus hijos y amigos del barrio. Si, antes había amigos del barrio, amigos.

Nosotros, toda la familia, vivíamos en una portería, que le consiguió mi abuela a mi madre. Con ello, mi abuela, consiguió sacar a mis padres de habitaciones alquiladas por seres infrahumanos, o de pensiones miserables, que ellos llevaban años habitando y… trabajando por supuesto. La lucha de la migración interior española, la historia se repite décadas después, sufrimientos, explotación y humillaciones, día a día.

En aquella portería había un pequeño cuarto, en la planta baja, que se componía de cocina-comedor y en la sexta planta (los valiosos áticos de ahora), había 2 habitaciones, una sala y un pequeño baño. En aquel edificio el tipo de vecinos pertenecían a la burguesía catalana, médicos, arquitectos, abogados, los herederos de la iglesia, que lo controlaba todo, falangistas, militares y franquistas de pro. Vamos un infierno para el trabajador.

Mi madre, libraba los domingos, de los señoritos del edificio y aunque teníamos vivienda en la finca, como he dicho, ella prefería que nos fuéramos de allí para no estar bajo el yugo de los que les importaba una mierda, si descansaba o no, después de 6 días de esclavitud y le mandaran a hacer recados estúpidos, después de venir de la iglesia, todos ellos guapitos, a buscar el diario o a comprar el pan, cuando ellos acababan de pasar por delante del horno, del kiosko de camino a casa. Los mismos hijos que ahora (también de la derecha mas rancia) abogan por una igualdad (con la boca tan pequeña que no cabe un silbido).

Mi madre, aquellos domingos nos arreglaba a los cuatro, (mi hermana Silvia no había nacido todavía) y salíamos bien guapitos directos a la Rambla… a la Rambla del Poble Nou.
En la rambla del Poble Nou se vivían siempre con alegría los domingos, los niños nos conocíamos todos, los padres y madres se hablaban y se sentaban en los bancos de la calle a debatir de lo que fuera, poco se podía, bien poco, porque no se podía debatir en aquellos tiempos, pero se hacia entre labios pretos y gestos, mirando que ni se acercara ningún uniformado o ningún elemento adepto al régimen. Era una época muy dura para la clase trabajadora, para la palabra, para la libertad y sobre todo para los pobres de dinero, si, de dinero, pero ricos de espíritu. Época de chaquetas de pana, pantalones cortos, pañuelo en la cabeza y frío, mucho frío en invierno.

El Poble Nou (Pueblo Nuevo en castellano) fue conocido como el Manchester catalán a finales del siglo XIX, la clase trabajadora, malvivía, sudaba sangre y lágrimas, en cuenta debemos de tener que estamos a mediados de los 60 y la clase obrera era explotada sin miramientos por los empresarios sin escrupulos, hijos del franquismo, pero ya despuntaba la rabia, el…

– “Pilar, estoy hasta los cojones de este tío y del lameculos de Mariano”
– Ramón, tranquilo por favor, piensa en los niños…
– En ellos pienso Pilar, en ellos pienso…

… era el ya basta, la rebelión, el váyase usted a la mierda. Y el cuando se morirá este cabron y toda su pandilla de bandidos.

La gente dominaba el difícil arte de reventarse a trabajar de lunes a sábado y el domingo salir con los hijos a vivir al sol, si lo hacia, si no se inventaba, y había que ocultarles la mierda y la miseria que ellos padecían. Se escuchaba la radio, sobre todo la radio y todo mentiras, pero se escuchaba, .as que nada para elucubrar y darle la vuelta a lo que te contaban o para no hacerle caso. La televisión no estaba al alcance de según qué clases, tampoco habría diferencia en aquella época. Un domingo cualquiera, un suspiro en aquella dura, durísima vida, la que vivieron mis padres.

De vuelta del paseo, los juegos en el terrado de casa, bendito paraíso, eran increíbles, espadas de madera y caballos hechos de escobas rotas. Aventuras únicas e irrepetibles que, aún a mi edad, recuerdo con un peso en el pecho. Bella e increible la memoria, no me acuerdo de lo que cene ayer y si me acuerdo de cómo jugaba con mis hermanos en el terrado de casa.

Ya de vuelta el lunes tocaba cagarse en la madre que parió la hijo del dueño de la fábrica, famoso falangista, golfo y cabrón. Padre de algún gilipollas de extrema derecha que alentaba a jóvenes de la época. Ahora, hoy por hoy, los hijos de aquel gilipollas salen con las banderas con la gallina, símbolos nazis y de la falange y gritando viva España, grande y libre. Grandes sorpresas aparecerían en años venideros, cuando estos mismos aparecieran, ya en democracia, en la vida política. Y grandes sorpresas las de los padres que reconocían al golfo cabrón reconvertido a la democracia.

Dura vida, duros días, enfermedades, sacrificios, «si señora», «si señor», «lo que usted diga» Pero ahora estoy donde estoy porque mis abuelos y mis padres, Ramón y Pilar, perdieron su salud y su vida para que yo esté aquí escribiendo esto en un ordenador de última generación con al aire acondicionado puesto y tomándome un café.

Por ellos…dos.

No dejemos que se pierda el legado de su lucha, de su vida, por las estupideces de unos cuantos.



© Javier Sánchez octubre de 2021

Ella.

Aquella tarde de octubre, salí de trabajar a las 19 horas, una hora antes de lo previsto. De hecho mi jornada laboral en aquellos tiempos terminaba a las 20 horas, pero aquel era un día muy especial.

Nervioso, estaba muy nervioso, salí de la oficina y fui directo al Paseo de Gracía, para dirigirme, a seis calles mas hacia abajo, para girar en dirección a Gran Vía. Y allí me esperaba ella. Ella. Y hacia meses ya.

Corría el año 1980, hacia un año frío y extraño, de esos que de vez en cuando, en Barcelona te arrasan, te apocan, ese frío que, gracias a la humedad, no te lo quitas de encima de ninguna manera.

A ella ya la había visto a principios de año y… me enamoré al momento. Fue ese instante fugaz, que cuando te enamoras, ocupa toda tu mente y me dije:

– Es preciosa, nunca había visto algo tan bonito, he de conseguir que estés conmigo, tarde o temprano.

Aquel cuerpecito tan perfecto, aquel pelo plateado, aquella boca preciosa y aquel timbre de voz tan especial y perfecto. Ofuscaba los sentidos, me obsesionaba, me encantaba.

Aquella tarde de octubre de 1980, con mis 18 añitos recién cumplidos, fui a por ti, fui a aquel lugar, para ver si querías venir conmigo, después de seis meses de lucha encarnizada contra el tiempo. Las horas, las noches, el duro trabajo. Durísimo.

Pero conseguí el primer paso.

Y llegué, llegue temblando, me quedé en el quicio de la puerta, incluso saboreando los nervios que invadían mis manos y entré en aquel lugar, donde sabia que, tú, siempre estabas, te busque con la mirada por todos los sitios del lugar y allí, por fin, apoyada en la pared, bella y espigada, como si me estuvieras esperando desde siempre. Preciosa y arrebatadora.

El estómago se me salía por la boca. Me encamine a un señor que andaba por allí, muy encorbatado el y le dije:

.- Quiero aquella guitarra, por favor….

Desde entonces, desde aquel dia has sido mi compañía perfecta. En mis días tristes, alegres, música, bolos, jamm sessions de blues puro, conservatorio, novias, gente. Has vivido conmigo desde hace cuarenta años y he aprendido de ti y tu de mi.

Tú, mi guitarra.

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© Javier Sánchez febrero de 2021

La música de mi madre

Esta canción, cuando yo era bien pequeño, la oia cantar a mi madre siempre, pertenecía a un disco de mi hermano. Mi madre la cantaba al pie de la letra, madre no sabía inglés, yo tampoco, solo tenía 10 años, pero me decia, tiene que ser preciosa y tiene que decir algo bonito hijo.

A mi madre le encantaba la musica, toda la música, siempre tarareaba todas las canciones, igual que mi padre, hombre aragonés de poderosa voz. Pienso que de ahí salió mi instinto y devoción por la música, al igual que mi hermano, todos multiinstrumentistas.

Pero esta canción, al igual que la titulada L’appuntamento de Ornella Vanoni, son canciones que marcaron mi infancia. Gracias a mi madre.

Años más tarde, llegó un día que le mostré a mi madre lo que cantaba Paul.

Lloró. Y me comentó

– Te lo dije

© Javier Sánchez agosto de 2020

Tiempos

Canción: L’appuntamento (La cita)

Ornella Vanoni


Eran tiempos de colegio, de olor a lapiz, a goma de borrar olor a nata, a papel, a bolígrafo, a bata de rayas, a tiza. 

Tiempos a olor de  jabon lagarto. A lejía. A pan con chocolate, a tierra mojada, balon de cuero gris, pesado como una piedra cuando se mojaba. Tiempos de barro en las rodillas y amigos llenos de barro. 

Tiempos de madre danzando por casa cantando, con aquella preciosa voz, siempre con la radio a volúmen alto. Cantando, mientras padre dormia, porque el hombre trabajaba de noche. Habitación cerrada a cal y canto y dsitribuidor tambien. El duro trabajo acabo con él, nada más jubilarse.

Y aquella canción, aquella canción, que recién llegado al mediodía de colegio mi madre cantaba, y a mi me dejaba embobado, me quedaba tonto viendola y oyendola cantar, esta canción, mejor que Ornella. Se la sabia de memoria, como otras tantas, pero es que esta le encantaba. Era una belleza, mi madre y la canción Cada vez que la oigo las lagrimas asoman.


©Javier Sánchez 2020

JUSTO CUANDO MAS TE NECESITABA

Cada vez que la escucho, aparecen las lágrimas en mis ojos y mientras escribo este texto la estoy escuchando y se me hace un nudo en la garganta, se agolpan recuerdos encantadores, si encantadores, de los tiempos cuando la sensibilidad resbalaba por toda mi piel.

Esta preciosidad de canción fue, posiblemente, la primera que me hizo llorar en la esquina de mi habitación. La recuerdo como si fuera ayer mismo.

¿No os pasó nunca que una cancion os llevaba camino abajo, hacia al llanto desconsolado de un amor incomprendido, de una ausencia que te oprimia el pecho?

Gracias Randy, estés donde estés, por esas melodías encantadoras y preciosas que nos serviste en bandeja de oro a aquella juventud, la juventud que vivíamos intensamente la sensibilidad de tu música. Y sobre todo por esta cancion que me hice mia y hace viajar a mi adolescencia y juventud, cuando me enamoraba cada dia y me volvia loco de tristeza o de nostalgia cuando ella no estaba.

RANDY VANWARMER 1955-2004

 

 

© javier sanchez 2020