Que viene, que viene.

Como cada año, por estas fechas, se acerca la entrada de la estación de la primavera, palabra que proviene del latín (como no) y no voy a caer en topicazo de lo de la “prima Vera”. Prima, primer, Vera, verdor. El primer verdor. Tiene muchas acepciones y/o utilizaciones, y/o, bueno eso. A saber:

Nombre femenino (por lo de la primavera, aunque estación es masculino, pero que da igual oye)

1. Estación del año comprendida entre el invierno y el verano; en el hemisferio norte, se sitúa aproximadamente entre el 20 de marzo, por la tarde, equinocio de primavera, y el 21 de junio, por la mañana, antes de comer, solsticio de verano, y en el hemisferio sur entre el 21 de septiembre y el 21 de diciembre. O algo asi he leído en la Wikipedia, pero creo que me he liado, consultarlo vosotros mismos.

Y en medio de todo este guirigay esta el Ecuador, que no lo se. Será allá por agosto o así. O no. O será siempre. Es que el ecuador es muy raro. La raya esa de en medio, la junta que pega los dos trozos de la tierra. Sabéis a que me refiero ¿no?

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Foto, primavera en las afueras del ecuador.

2. Tiempo en que una persona o una cosa está en su mayor grado de desarrollo, belleza o energía. “Está en toda la primavera”. No lo pillo, pero en el diccionario así lo indica.

3. Primula acaulis o Primavera, este genero de flower pertenece a la familia de las Primuláceas y está formado por más de 500 especies de plantas vivaces cuyo origen está en el Hemisferio Norte del planeta. No me jodas, no os voy a poner las fotos de 500 especies. Os pongo una que es la que he encontrado por internet y que me viene mas al punto de lo que estamos comentando..

Primula Horribilis.  Planta herbácea de hojas perennes, anchas, largas, arrugadas, ásperas al tacto y tendidas sobre la tierra, de entre las cuales se elevan varios tallitos desnudos que llevan flores amarillas en forma de parasol. Que vaya espanto de floripondio, de verdad, fea como un pecao, pero bueno, primavera que se llama. Menudo lumbreras el que la bautizó, menuda melopea que llevaría.

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Foto, la flor Primavera, fea, pero fea y no me digáis que algo bonito tendrá, pues a lo mejor, pero en mis peores pesadilla, lo dicho, fea como un pecao.

4. Adjetivo/nombre común – En España (only in Spain)

Persona o parecido a una persona, Que es ingenuo y sin malicia, que se deja engañar fácilmente. También se le denomina gilipollas esférico (lo mires por donde lo mires es gilipollas). Que tiene varias indicaciones más, pero no nos vamos a extender ahora en ello. Que tengo que ir al súper a comprar salchichas que me han dicho que están muy bien de precio. Adjunto foto para que se entienda, lo del espécimen, no lo de las salchichas.

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Foto, un espécimen de primavera.Se entiende ahora ¿no?

5. primaveras

Aplicado a años de edad de una persona, en especial de la primera juventud o adolescencia evidentemente, no vas a decir que tiene 80 primaveras. Hay individuos que no es aplicable esta definición, sobre todo los pelo pincho, los de la gorra con la visera hacia atrás en pleno agosto y con un sol de justicia y diferentes faunas no domesticadas al uso.

También aplicable a: Conjunto de ingenuos o gilipollas.

6. Referente a la música:

Composición musical de Antonio Vivaldi, Antoñito “el pelos”, para los amigos, es la primera composición de la cara A del disco que sacó allá por diciembre de 1725, de titulo, “No entiendo como puede ser lo de mi tía Dolores, Sinfonia en La mayor numero 11 KV 331 TurboLaser)”. Tuvo mucho éxito y estuvo casi 12 semanas en los 40 principales de la época, siempre por debajo de la recopilación de baladas de Scorpions, que ya empezaban a despuntar como cuarteto de cuerda.

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Foto, Antonio Vivaldi, de la casa de los Vivaldi de toda la vida. Músico que tocaba el violín con una pluma de ganso, véase la foto, yo no miento. Un lumbreras el tío y unn virtuoso de la guitarra electrica.

La primavera, la estación de las chaquetas, cuando no hace calor, ni frío, ni nada y todo, hasta mediados de abril, que no sabes que ponerte, que si te pones un abrigo, hará calor y si vas en manga corta, hará frío. Si sales a la terraza en plan “La vida de Brian”, se te congela el asunto, aunque luzca un sol de me quiero morir dos veces. Y si sales con bata y bufanda te cojen los mil males del pueñetero calor que hace a las 10 de la mañana.

Mucha gente ha fallecido por dejarse el abrigo en casa o por ponerse más capas que una cebolla y que el día avance y se plante en los 28 grados. Que el de la meteo te había dicho que no, que haría fresquito. Y tú has salido como para subir al Anapurna.

Primavera, donde en las oficinas de las empresas, todavía está la calefacción en modo panadería bollería incendiada, vamos a tope, da igual la temperatura que haga fuera. Es primavera, estamos en marzo y hay que ponerla. A este evento me refiero que también hay gente que ha fallecido por ello. Sobre todo el que pone la calefacción, me refiero al friolero come lechugas, con menos sangre que el tobillo de un jilguero o la friolera que va en tirantes, falda de cinturón y sandalias, cuando todavía hay nieve en los pirineos. Asesinados ambos por sus compañeros normales.

Es la estación en la cual las lorzas todavía no se notan. Y si no  ligas, como yo, estas a salvo de las miradas despectivas de los propietarios de cuerpos apolíneos y gráciles, forjados tras horas de gimnasio y maratones. Por ello puedes entablar conversacion con ellos, porque no se dan cuenta del “defecto” de fabricacion que tienes. Y es que los gorditos no ligamos nunca, solo nos dicen que somos simpáticos y muy amigos de todo el mundo. (nota del autor). No podía callármelo.

Ayyyy la Primavera,  la estación de los colores, la explosión de los colores, de la vida. Los bosques se visten de marrón, amarillo, marrón flojo y amarillo flojillo, vamos todo de color mierda de bebé. Y luego de verde, rojo, lila, magenta, xerox, cyan, etc. Vamos como si te hubieras metido una tortilla de LSD. Y comienzan a salir de su letargo los insectos, los mosquitos, los tábanos, abejas, avispas, políticos. Y oye, es que no se puede caminar tranquilo por el bosque, sin que te coma algo, algún león de los pirineos o algo así.

La primavera es la estación de la melancolía, la que te jode vivo con las alergias, las úlceras y demás afecciones pulmonares, psíquicas, depresiones, más enfermedades, urticaria, asmas, pistolas y navajas. Esto ultimo, lo verás, sobre todo, si vas al bosque y te fijas, verás en mogollón de árboles, corazones grabados en la corteza, José quiere a Jenny, un poco mas lejos Jenny quiere a Luis Carlos, y un poco mas lejos Luis Carlos quiere a José, menudo lio de amoríos que se llevan, pero lo peor es que lo que de verdad que asusta es pensar la de gente que va al bosque con navaja.

La primavera es la estación del “yanosequehacerjoder”, que si guardas el calefactor, al día siguiente los has de sacar porque no hay quien pare en casa. Si sales sin paraguas llueve, si sales con él, hace un sol Sahariano de justicia divina. Si aparcas el coche a la sombra, no hay dios que lo arranque y si lo aparcas al sol, al entrar se tecuece la cara, joder, que bonita es la primavera, con sus pájaros que vienen de otros sitios a cagarse encima tuyo. Y que vas al bosque a disfrutar del silencio y se te juntan a tu alrededor setecientos mil estorninos, que te dejan sordo. Que bonitos que son lo pajarracos. No puedes dar un paso sin que te cague uno. Oye que te tumbas al lado de un árbol para hacer una siesta y te despiertas que se te están comiendo las hormigas. Que estrés de estación por favor.

Ya lo dice un refrán Chino Cantones, “La plimavela la sangle altelal a ti, ¿quelel cambio plato?”. Puede ser cierto, aunque yo a mi edad, la tengo alterada ya de serie. Parece mentira, pero me altero ya en diciembre y no lo suelto hasta Agosto, que ya empalmo con el verano. Es un sin vivir en mi que vivir no puedo, porque vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero. O algo así. Vamos más salido que el pico una plancha.  Eso lo leí en una galleta de la fortuna, de esas chinas, en un restaurante chino regentado por un gallego. Lo del refrán, no lo de que yo vaya salido.

La primavera, que bonita estación y que bonita canción de Antonio. El veinte de marzo entró, bueno, menos en el Corte Inglés que ya era primavera en Enero, y con nosotros se quedará hasta junio, nada menos. Pero es mentira, ya en mayo, hará un calor de cojones, que estarás todo el día sudando y cegándote en el / la atontado/a que te dice, “ayyy que ganas de que llegue el verano”, ¿el verano? ¿En Barcelona? pero si hace mas calor que en una metalurgia!!!.  Esa es otra, el verano, el puto verano con sus calores asfixiantes, hablaremos otro día de ello, que hoy no puedo, ya os he dicho que he de ir al súper. Pero que sepáis, que en nada, será primavera. Que bonito oye, se me saltan las lagrimas y los puntos de la ultima operación de hígado que tuve.

Disfrutad de ella…. hasta junio o julio o algo así.

Un beso a todos. Bueno a todos, no.

 

 

© Javier Sánchez 2020

La rosa

Y aquel hombre se dirigió a la playa, a aquella playa, dónde, entre espumas y arenas, habia un rincón, para él, único.

Como cada domingo, como le prometió a su dama, con paso cansado se acercaba a aquellas rocas, de la playa de sus recuerdos. Donde su memoria vivía cada día.

Él, cada vez que iba allí, y se acercaba a aquel sitio, se le aceleraba el corazón, porque allí, allí, entre aquellas rocas, acariciadas por el mar, surgió una belleza única. Y, con solo recordarlo, las lágrimas afloraban para caminar lento por su arrugada piel.

Allí nació algo que nadie entendió, ni ellos mismos, o posiblemente si, porque fue tan bello y puro, que les arrastró a que, día a día se vivieran sin aire. Y aunque muchos quisieron destruir y arrasar aquella inexplicable y preciosa unión… nadie los consiguió. De la manera que los odiosos pensaban.

Aquél hombre, con pausa, tranquilamente, paseando, llego a las rocas y se dirigió a una. A una en especial. Gris perla, preciosa y con una forma cómoda. Allí vivió con ella las noches de caricias más hermosas de su vida.

Se sentó, mirando al mar, con la rosa entre las manos. La brisa del mar acariciaba su cara y el sonido le recordaba a los susurros de aquel día, los olores la suavidad de unos labios, y pensando, abstraído, lejos del mundo, con las lágrimas en los ojos, que le nublaban la bella visión del mar que le acompañaba, aquel mar que les contempló.

El hombre se levantó, se secó las lagrimas y entre aquellas rocas plantó en la arena una rosa, después de darle un cálido beso.

Y partió.

Esa rosa era para una mujer, la mujer más encantadora que él jamás había conocido.

Pero es que después de mucho sufrir, la vida no les dejó estar juntos, pero es que tampoco podían estar el uno sin el otro, y un día, a causa de tanto sufrimiento, decidieron abandonar aquel amor y el le prometió que cada domingo, durante toda su vida, allí habría una rosa para ella porque él, ya no le podía dar mas que esa belleza.

Ella lloró, porque sabía que no podría recogerla nunca. Y él, con una sonrisa de amor profundo, le dijo que no se preocupara, que no existía problema alguno, si ella no podía recogerla. Pues lo más importante era que él le dejaría la rosa, para ella. Y ella lo sabría igualmente, aunque estuviera a kilómetros, porque aquella rosa estaría allí por y para ella.

Siempre. Toda la vida.

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© javier sanchez 2019

8 a.m.

LAS OCHO DE LA MAÑANA

Ocho de la mañana, salgo de casa, para mi carrera matutina, al bar a tomar un cafe y un donut.

– Buenos dias.!!

Nadie contesta, para variar, me acerco a la barra…

Alli hay toda clase de fauna, el ejecutivo que se comia la taza y se bebia el donut, con su movil, recibiendo emails, del puto jefe, jefe que no tiene vida propia y vive solo para trabajar y alarga su problema psicológico a su subordinado, mas la llamada de la explicación del email que le acaba de enviar al esclavo. Poca vida y poco viajar para ver. No para negociar.

La maestra, que se esta apretando un carajillo de coñac “El Galopero”, famoso en el mundo entero, porque en un rato se va a enfrentar a 30 cabrones de quince años, que amparados por los perro flautas de sus padres, le van a dedicar un dia insoportable. Y sabiendo que tras tantos años ejerciendo, esta al borde de la depresión. O de un día de furia.

Dos chicas de unos veinte años, tomando un te sin teina, sacarina. Una con una zanahoria y la otra un trozo de apio. Y hablaban no se que de perder peso…

No me lo puedo creer, eran dos niñas, con dos cuerpos de veinte años, sin un átomo de grasa, vientre plano, todo en su sitio, y hablaban de perder peso. (¿?). Peligro. Mucho peligro.

El cantamañanas, “singing morning” , que se cree el mas gracioso del bar, pegando unos gritos que pa que te cuento, hablando con el camarero, del partido de furbo, como no, entrenador de toda la vida, de graderia claro. Pesao como el solo, porque se cree el más gracioso. Ni el camarero le hace caso. Bueno nadie le hace caso… nunca.

El guaperas, alto moreno, ojos verdes, traje negro impecable (del Zara), perfume caro (cuatro dias sin cenar), maletin de piel, peluco de 3.000 euros, (un mes y medio sin salir y sin cenar) y con prisa.

– Eh Pssst.!! Oye.!!! Una cortado, corto de leche, con sacarina, es que tengo prisa. Llego tarde a…

El camarero corta la conversación

– cortao, poca leche, sacarina!!!

El guaperas, mira su peluco unas doscientas veces, antes de que le traigan el cortado. Se situa en la barra, en su postura estudiada al milimetro…. Se sabe guapo. Toma el cortado y mira el reloj dos veces mas. Y se va… a la cola del paro. Dando tres o cuatro vueltas, antes de llegar. Tiene la mala suerte que la oficina de desempleo está delante del bar.

En una esquina hay un hombre tembloroso, se esta tomando un cafe con leche y un croasan. Tirándoselo todo por encima. Y habla con el otro camarero, que está pensando que a la una termina el turno y, la verdad, no le hace ni puto caso.

El que le habla, el tembloroso, es Alberto, un recien separado, que le esta confesando que pudo salir hoy de IKEA… Se perdió.

– Desde el Sábado por la tarde que llevo alli, me perdi en el almacén de cojones “Junkhra” y las almohadas “Ronkargrl” , me quede solo, no veia la linea de seguir palante. Y alli me quede.

Ha sido horrible, sin cobertura, sin nadie… todavía no he ido a casa, mi mujer no se lo va a creer.

Yo gritaba y gritaba, a los de seguridad, para ver si me echaban a la calle, y asi orientarme, pero solo me indicaban de lejos.

– Oiga, salga de ahi ya mismo y siga la linea!!!

– Pero que linea!! Si aqui no hay nada!!

– Que salga de ahi cojones!!

Y se iban…

El tio estaba en la barra llorando como una ensaimada, lo de madalena ya huele, renovarse o morir. Y nadie le hacia caso. Vaya cuadro.

Tambien hay cuatro currelas, en una mesa, son de la obra de al lado, una reforma de estas de fachada. Los cuatro con bocata de metro y medio.

– Nene!!! Cuatro cervezas!! Maas!!! Y ve poniendo cuatro carajos que vamos tarde ya.!!!

Que nos llama el andamio. Veeennngaaaa!!!

Hostia puta!! Se habían apretado dos birras cada uno y un carajillo. Y al andamio… manda cojones.

Tambien en un rincón esta el alcoholico, un poco desarrapado, y dejado de si, con cara de cansado, que se bebe una cerveza a las ocho de la mañana, con la cabeza baja, sabiendo que todos los superhumanos, toda esta fauna, le estan mirando y criticando. Sin saber su espantosa historia. Lo que le ha llevado al agujero. Y juzgandole. Sin miramiento ni empatia alguna.

Y alli estaba yo, en la barra, sin que el puto camarero me ponga el cafe, con mi camisa de rebajas, mis pantalones de 15 euros, que no me atrevo a lavarlos por si acaso se destruyen y mi fiambrera tipo bolso.

Lo mejor del mercado, me he hecho unas pechugas de pollo con una sopita, que estarán calientes cuando llegue la hora de comer. Treinta euros me ha costado la supermegafiambrera.

Me encanta ir al bar a esta hora, veo la vida tal y como es. Como se pinta cada mañana. Como la pintan cada mañana cada uno de los personajes que la componen.

Que la componemos.

Me siento de verdad entre tanta gente. Entre esta gente. Porque son la cotidianidad pura y dura. Mucho mas dura que lo que cada uno de ellos muestra, pero entre todos la componemos a la perfección.

Y esta tontería os queria contar.

Gracias por leerla.

©Javier Sanchez 2019

En el médico

Ayer fui al médico, al de cabecera, mas conocido como de medicina de familia, nunca he entendido eso, yo vivo solo, bueno con mi hijo y mi yerna, perdon nuera, pero eso no cuenta como familia ¿no?. ¿Porque le llaman “de familia”? ¿Y los solteros?

¿Y los divorciados o separados? ¿Y los feos? . No sé, creo que no esta bien hecho esto.

Pero bueno, el asunto es que solo fui para arreglar unos papeles, en concreto lo conocidos como “últimas voluntades”, esto es debido a que, en anteriores capítulos, el medico, no este, el del horóscopo del cangrejo, me dijo que…

– Te queda como mucho uno o dos años de vida. Asi sin paños calientes, aunque a veces es mejor.

Pero vamos que podia afinar más, que entre uno y dos años, hay una diferencia, espera que pillo la calculadora….., Joder, un año!!! Será cabrón!!!

La otra vez que me mori tambien me pasaron cosas raras. Me explico:

Aquella vez el médico, un tal Menguele, me dijo. Joseph Luis de nombre.

– Tu palmar en uno o dos años, tú mirrar y atenderr, her Xavier, toma tres muestren de orinen cada dien y ya nos vemos en tres gloriosos días de nuestro Reich.

Es lo que me suena de la otra vez. Le contesté Tanke her Doktor. Hail usted o algo asin.

Pues eso, me fui a casa e hice lo que herr doktor me indicó. Aunque solo bebi dos veces, sabía muy amargo y me revolvía el estómago. Cuando volvi a ver a herr doktor ya me enteré de que eso del meao no funcionba asi. El tio me miro como si fuera gilipollas, que bien pensado, la verdad, asi me senti, pero oye así aprendí. También os digo que me mee en los pantalones, porque el cabrón ese echo mano al cajón… Me vi muerto de muerte natural por balasera. Era un hombre creo que con la maldad tatuada.

Hoy le traigo al doctor las tres muestras de mi oro amarillo, a ver que hace con ellas, lo mismo, ahora, como esta todo tan adelantado saben el dia y hora. Es para organizarme, tengo hora para pedicura, para el dentista y he quedado con Maria para ir al cine, una de risa “El exorcista”.

Bueno ya os contaré, o no… Dentro de un año. Más o menos, ya os iré contando.

© Javier Sánchez 2019

Invisible

Antonio arrastraba por la calle, su carrito, su mochila y su vida. Su vida en un carrito y en sus piernas, vividas piernas, cansadas de andar sin compañía por las calles.

Sus setenta años contemplaban a la gente con indiferencia. Esa indiferencia con que la vida te regala. La superioridad de haber vivido con el dolor en el alma, cada dia. Esa superior diferencia que le hacía sabedor de que nadie o muy pocos habían pasado lo que él paso y sufrió hasta caer de rodillas al lado de un banco en la calle.

Pocos podían explicar lo que Antonio podia contar. En tiempos, hacía unos treinta años, fue socio, con su amigo de la infancia, de una prospera empresa de tejidos. Una vida fácil, dinero, amigos, contactos, casa, esposa e hijos. Todo perfecto o eso parecía.

El declive de la empresa, provocado por su amigo, le llevo a caer poco a poco en la vida real, en la selección natural de amigos y conocidos, en el amor que se acaba de repente. En la vida que, de un plumazo, te mete una hostia, y te despierta en la realidad mas dura.

Se quedó solo con cincuenta y largos años, sin nadie, ya no vestía trajes caros, ni dejaba buenas propinas en los restaurantes de lujo que iba, en los cuales ya no le dejaban acercarse. Los juzgados y los amigos, legal y alevosamente acabaron con su vida normal, la de un hombre con futuro. La de una persona, un ser humano.

Después, años de trabajo de supervivencia, uno tras otro, los que le debían favores le daban limosna en forma de trabajos humillantes. Apareció el alcohol, pero Antonio se sentó en el banco del parque, en el cual ya dormia, después del último despido con repugnante sonrisa, pensando que debía de adaptarse, sin casa, sin nadie que le ayudara o cuidara. Solo, entre tanta gente. Es lo peor que te puede pasar, sentirte solo entre millones de personas.

Se dedico a sobrevivir sin nada, a dormir escondido entre arbustos del parque y hablando con sus propias desgracias, con sus propios congéneres apartados de la vida. Hablándoles de la posguerra, de las manifestaciones a la que acudió para dar la vida por los que, a posteriori, le apartaron de la circulación. Entre los sin vida le llamaban “el profesor”.

Antonio, hombre culto gustaba de comentar su vida pasada, omitiendo su antiguo estatus, para no ofender, pero si su lucha, sus palos recibidos, sus años de estudiante, y sus criterios. Les hablaba del como debían de adaptarse al medio, e intentar salir de él, sobre todo con la gente joven.

Antonio, en una ciudad de excesos, de gente ciega, de gente con la boca grande de ayuda al prójimo y de apartarse de acera, cuando pasa él con su vida a cuestas.

Antonio ya no intenta salir de su vida, solo quiere sobrevivir en ella. Se rindió un aciago día cuando se cruzo con unos jóvenes padres y dos niños de unos diez años, dirección al colegio, bien uniformados de azul y camisa blanca, que comentaron, – mira un pobre de esos que huelen tan mal.!

– Antonio miro a los padres para ver si después de aquella cuchillada, ponían una tirita de amor y educación, y se encontró con un tirón de los padres a los niños, para apartarle de aquel esperpento.

Esta ciudad inhumana, que conserva a sus caídos, vivos, entre los parques, el silencio y la omisión de vista. Que no escucha, en el grito de silencio y la cara mirando al suelo de estos angeles caídos, ángeles que se sientan en la puerta de la iglesia, para cuando el tintineo de la joyas se acerca, pongan la miserable gorra, y no caiga nada, ya cayó en el cepillo de dentro.

Antonio ya se cansa de hablar de mirar a las estrellas que no ve, solo imagina, y a la gente que tampoco le ve, y ni se lo imagina. Historia viva con un carrito y un abrigo raído. Vida andando penosamente por una sociedad hipócrita, de fastos, de iglesias que piden, de leyes que no dejan vivir.

Antonio murió ayer con setenta años, se supone. En su cara todavía quedaba la marca de las lágrimas. Ayer se fue un libro de historia de la vida.

Hoy sigue todo su curso de bocas grandes y vistas ciegas.

Adios Antonio.

©Javier Sanchez 2019