Un comentario de esta mañana.

Queeee, que te iba a decir. Queeeeee, es que está misma mañana me he encontrado a la vida, si, si, a la verdadera, paseando por los jardines de mi barrio y me ha dicho al oído que dejes de quejarte por todo de una maldita vez, que intentes no amargar a los demás y que la disfrutes como puedas, de la manera que puedas, pues eso también es vivir. Y cuando se alejaba me ha dicho que ella, te pongas como te pongas va a pasar igual, así sin más.



© Javier Sanchez en esta soleada tarde de abril de 2022.

El entierro extraño

Ayer, por desgracia tuve que asistir a un funeral, era de la madre de mi amiga Encina, si, se llama Encina, su marido se llama Sauce y sus dos hijos, Orquídea Salvaje la niña y el niño se llama Champiñón, pobrecillos, que pena, son carne de cañón en el cole. Encina es una tía muy rara, bueno ambos son raros y siesos como un bocadillo de pan rallado. Pero oye, es mi amiga y me la quiero mucho, bueno tampoco mucho, más que nada la aprecio, así más o menos. Bueno, me sincero, total no me lee nadie, la verdad es que a veces me da vergüenza ir con ella con la corona de florecillas y las camisas de saco de cacahuetes, pero vamos hay que aguantar. Como dijo el gran estadista demócrata Sadam Hussein «La amistad es lo primero, después de mi»

Pues lo que pasa es que según la religión de los zumbaos estos, que se llama Rogue Two, es que cuando fallece alguien de muerte mortal, los amigos y familiares tienen la obligación de llevar al cementerio a una vidente para mediar entre los mundos del Pakagupaya (el cielo de ellos) y Pakagupaca, que es el cielo de nosotros, los medio vivos, así nos llaman los atrofiados estos, los medio vivos, porque dicen que no sabemos que es el traslado de la energía cósmica hacia el universo del otro lado o algo así entendí aquella aciaga noche en una cena en casa de mi amiga Encina (en aquel entonces todavía se llamaba Rigoberta y el Sabino), una cena de amigos totalmente extraña y que el que os escribe iba hasta las cejas de peyote y cubatas de anís del mono.

Bueno pues ya en el cementerio, la médium se puso «a trabajar» y no dio ni una, solo hacia que hablar raro, tirar huesos de oliva y decir que no. A ver, la mujer no dio ni una, no lo conseguía y se esforzaba, no conectó con el Pakagupaya, ni con el cielo de los Indios Tabajaras, ni con nadie, además la llamaron al móvil en medio de la sesión, que por cierto nos dio un susto que pa’que te cuento Mari Pili. Resultó que era su madre para que comprara pan para la cena.. Al rato contactó con una cadena de radio, los 40 principales de Barcelona, pero de la fallecida y sus amigos los muertos, ni papa. Después de tres horas de ruidos extraños, ve hacial la luz y conexiónes fallidas, dijo con sobriedad:

– Joder, es que no hay manera…

y después pasó al siguiente evento, que es el saber quien va a ser, de los presentes, el próximo en morir, que manda cojones que vayas a un entierro y te digan que serás el próximo en roscarla. Llegado ese momento, la vidente se concentró y comenzó a convulsionar, a poner los ojos en blanco y echar espumarajos verdes por la comisura de sus preciosos labios. En un momento dado nos dijo con voz de pito, oyes, como la anciana pequeña esa de Poltergueist:

– «Queeeee me dicen los del otro “lao” queee el siguiente en mooooriiiiirrrr seraaaaaaaá la primera persona que salga del recinto del cementerio, ve hacia la luz Carolanneeeeeeee».

O algo así dijo. Yo, es que tenía sueño y estaba sentado en una lapida de un tío llamado Francisco Breayer, fallecido en 2003 y nacido en 1873, aunque mi instinto arácnido me dice que se equivocaron, el jodío tenia 130 años cuando la palmó. Supongo que la impresora que hace las lapidas no funcionaba bien.

Ya eran las 20.00 pm y de allí nadie se había movido. Y nada que, visto lo visto, aquí estamos todavía todos. Os escribo sentado encima de la lápida de Francisco, que estamos jugando al dominó. Estamos todos bien, menos la madre de Encina y se me ha ocurrido un truco para poder salir de aquí después de cenar. Pues mira, hemos pedido pizzas, una birras y café para los cincuenta, bueno menos a un vegano que no ha pedido nada, no le hemos dejado. Con este truco saldremos, les he prometido que  después de cenar saldremos, ya que cuando venga el pizzero a entregarnos la pizza le haremos entrar al cementerio y…. como tiene que salir, él la palmara y entonces podremos salir.. Es que soy un genio de la informática y la geografía cuántica. Lo sé, soy un cabrón pero hay que salir.

Ya os contare otro día quien salió el segundo, porque me temo que va a haber guantazos para salir de aquí.

Hala un beso a todos. Menos a una.

© Javier Sánchez abril de 2022

En la oscuridad

Me comentaron en una tertulia de cuñaos, de esas de haber quien dice la estupidez mas grande, que uno de mis cuñados conoció a un amigo del hermano de uno que estudiaba para convertirse en monje Lama, un tal Jose Mari de Los Rios dos Sicilias, natural de Albacete. Bueno pues nos contó que este pavo le preguntó a su maestro:

– Maestro ¿A qué situación le tiene más miedo la el ser humano?

Y le miró fijamente a la cara del lama, que tenía sospechosamente los ojos cerrados. Dos horas después el lama contestó, jose Mari se asustó, se había adormilado pues pensaba que el lama estaba pensando la respuesta o que el Lama estaba en trance, pero vamos que no se percato que estaba dormido,  roncando como un caballo desbocao.

– A la osculidad, estimado estudiante ignolante, a la osculidad que es lo que el sel humano más teme. Lo que mas teme el sel humano es la osculidad. El sel humano teme a la osculidad, pelo que mucho. A la osculidad…

– Vale, vale que ya lo he entendido oiga…

Y el Lama volvió a caer en trance, pero está vez ya para siempre. Falleció allí mismo, de un ataque de ojos cerrados pa’ siempre.

Lama Yuan Yaai 1936-2022

Pues eso, que vamos, que aunque me cueste admitirlo, (y vaya por delante que no me creo eso de que mi cuñado conozca a nadie importante) creo que lo que dijo el difunto lama es muy cierto, en la oscuridad viven nuestros miedos y duermen nuestros más oscuros (nunca mejor dicho) secretos. Descansan nuestras batallas diarias, en un rincón, esperando el día, mientras el alto el fuego diario nos deja dormir. En ella no nos sentimos cómodos, nunca, es un sentimiento ancestral, la oscuridad no es nuestro medio. Nunca lo fue ni lo será. Siempre ha producido miedo, inseguridad y sobre todo, golpes en el pie con la pata de la silla o mesa de IKEA.

De hecho existe un experimento muy acreditado, lo leí en un artículo de esos sin fotos, en una revista científica de fama mundial, se llama, «QUE ME DICES OYES » y decía tal que así:

«Probad a apagar luces, y dejad en silencio toda la casa si es posible o al mínimo posible y sentaos, es la manera más cómoda y segura. De pie se sufre más. Y esperad acontecimientos.» Vamos el articulista no se había escojonado escribiendo el artículo, pero que si escribes en una revista de renombre da igual lo que escribas.

Y oye, os lo aseguro. Estas más expuesto. Lo hice. Y…. experimente lo siguiente:

Al momento el cerebro comienza a acelerarse, estado de alerta DEFCON 4, y los sentidos se acentúan asombrosamente, como consecuencia de lo mismo, el ritmo cardíaco se acelera poco a poco, sin problemas, pero se va acelerando. Lo notaba.
Y comencé a «oír» el sonido de la circulación de mi sangre, a oír ruidos que antes no oía. La sensibilidad de mi cuerpo se acentuó de forma asombrosa. El vello de mi cuerpo, como el de todos, es sensible a cualquier movimiento del aire lindante y circundante.

El cerebro comenzaba a captar cosas, a procesar cosas incomprensibles, cuestión de la aceleración cardíaca y la híper oxigenación del mismo. No es que te vuelvas más listo, o tengas súper poderes, no os hagáis ilusiones. Simplemente se oxigena más.

Hasta que llega el momento, en plena locura sensitiva, entre los latidos de mi “corazón partío”, la sangre circulando a toda leche, el puto grifo de la cocina que gotea, el portazo del imbécil del vecino de abajo y los vecinos de al lado que están echando un polvito, que sentí que algo se movia y se sentaba a mi lado, moviendo el aire y el vello de mi brazo se erizó el minúsculo vello de mi cara  notó, ese algo lo sientes como algo intangible, algo etéreo (que no se lo que es pero Estephen Kingn lo pone mucho). Y eso, que casi me desmayo.

Esa sombra oscura, que estaba oculta en la oscuridad, que surgió de lo más profundo, de un abismo insondable que mi cerebro había creado en el pasillo de casa, debajo de la foto de mi suegra y que activó el miedo irracional, la foto de mi suegra no, lo de la sombra y todo eso.. Como mola esta frase, la del miedo irracional y toso ese rollo que he puesto. Todo mi ser entró en lo que se llama ataque de pánico (del latín me “caguorum pata abajum” o algo así) y me levanté como un resorte a encender la luz, nuestro moderno y amado medio. Acto seguido me oriné encima. Poco a poco me giré para ver que es lo que me estaba aterrorizado, lo más fácil hubiera sido echar a correr, pero no podía y antes de terminar el giro completo,  mi hijo me dijo:

– ¿Hola papa, que haces aquí a oscuras? ¿Hay leche?

Así es el miedo. La oscuridad. Así es el cerebro y así es el cabrón de mi hijo que se sentó a mí lado, en pleno ataque del terrorífico experimento, sin decir nada, como un puto ninja.

©Javier Sánchez abril de 2022