El secreto del bosque

Al borde del bosque se oye una canción, entre ramas y hojas, que se tocan, se acarician. Son los árboles cantores. Dueños del lugar. Los del bosque verde, como tus ojos. Se huele por todo el bosque el aroma de las piedras, tocadas de musgo, encaramadas a la falda de tierra húmeda que envuelve el pie del los señores del bosque.

La canción, la canción de los árboles, suena entre los perfumes de la lavanda, de margaritas de cara amarilla, que sonríen al helecho, que mira sorprendido como cantan los arboles. Cómo si fuera la primera vez que los ven. Asi son los helechos.

Los árboles cantores, los que ofrecen al viento el profundo olor a resina, sangre de la vida, ojos de los mayores, ellos que han sentido la vida acariciando su copas, corriendo entre sus hojas, como el agua cuando llueve, se desliza entre las ramas, bajando por las arrugas del viejo tronco, durante siglos y siglos.

Suena la canción del viento y los árboles, silbando como cada mañana, dando la bienvenida a la historia de la vida.

Soplad y silbad, hojas y ramas, que ya llega el Hada, saltando de hoja en flor, de flor en hoja, silbando al compás de los arboles cantores.

Preciosa hada, de cabello de oro y trenzas de musgo. De piel blanca y delicadas manos. Sonrisa pícara y alegria en el alma, cantandole a la mañana, la musica de centurias, la de la vida. Guardando el secreto del alba.

Hada del verde musgo de la piedra, que da la vida a la madera que sube orgullosa hasta allá a lo alto buscando el sol. Llenándose de vida para mañana, por la mañana, volver a cantar la canción de los árboles.

Esa canción y ese secreto que ningún humano verá nunca.

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© Javier Sánchez 2018

José el loco.

“JOSE EL LOCO”

José, anda por la vida, por la calle, por un pequeño trozo de calle, que ya es suyo. José, siempre sonrie a todo el mundo, a todos sin excepción. Acercándose a todos con una sonrisa, enorme y bella.

Por el barrio le llaman Jose el loco. Siempre hablando con todos y preguntándoles, siempre lo mismo:

-Hola ¿porque no sonríes? Sonríe un poco porfavor, que hace un día estupendo. Con lo poco que cuesta. Anda por favor…

A José el loco, casi nadie le contesta, pero él en sus cortos paseos de cada dia, siempre se detiene, delante de ellos, que tienen una cara espantosa de susto. Y es que José no tiene buena pinta, va un poco desaliñado, pero siempre va limpio. Y sonriente.

Le encanta hacer eso

– ¿Porque no sonríes hoy guapa?, pronto pasará no te preocupes.

Y a veces, cada día mas veces, esa persona le esquivaba, pero a poco se volvía y le sonreía.

Y José aplaudía. Riendo y tosiendo a la vez.

– Asiiii, asiiiii.!!! Todo ira bien. Eres buena persona. ¿A que lo sabes ahora?

Y algunos, los que pasaban casi cada día por aquella calle, ya le sonreían al pasar a su lado, ya sin que el dijera, nada, ya casi no hacía falta. Y el les devolvía la sonrisa a todos, sin olvidarse de ninguno.

Aunque José el loco, insistía, en asustar a la gente que veía de color gris, con la famosa pregunta.

– ¿Porque no sonríes hoy? Sonríe, es fácil.!! Por favoooorrrr….

La gente de aquella calle se acostumbro a José el loco, y ya bajaban calle abajo sonriendo. Hablando, saludandose.

Aquella taciturna y triste calle se convirtió en una calle de colores, desde que Jose el loco apareció por el Hospital de la Esperanza de Barcelona.

Fue un bálsamo asombroso y cuasi divino para la gente que salia de aquel sitio. Y sucedió que a medida que pasaban los días, el optimismo, por muy dura que fuera la vida, volaba por encima de aquella puerta.

Ya no era todo de color gris, había colores y, aunque pequeñas, sonrisas.

Pero llegó que el bello Jose el loco, desapareció en un precioso día de cielo azul, fresco y claro de marzo.

Los que le conocían, echaron de menos a aquel hombre de pelo blanco, con bata azul y la mirada alegre. En la mano izquierda, la de la pulsera, aguantaba el gotero, él le llamaba, el agua de la vida y en la derecha, nada, el aire de sus gestos alegres. Y en su boca, su perenne pregunta.

– ¿Porque no sonríes hoy? Sonrie, es muy facil, todo pasará.

Jose, consiguió alegrar aquella horrible puerta, en aquellos dos meses,.que milagrosamente anduvo por allí.

Y aun hoy, la gente, en cuanto cruzan la puerta de salida del Hospital, todos miran buscando a José el loco. Y todos bajan la cabeza y sonríen, después de haber estado llorando.

Las buenas personas, no están locas. Los angeles tampoco.

©Javier Sanchez 2019