Zahorí de tus pensamientos

Me cuesta no pensar en ti
A pesar del tiempo pasado
No niego, que todavía te amo,
O es porque te sueño cerca
La verdad, no me cuesta e
Inanición de ti tengo, cada día.

Restos de ti en mi piel de
Otra vida y otra precisaría para,
De nuevo, empezar de nuevo
Rastros de ti en mi piel de
Inolvidables tiempos pasados
Gracias a los dioses por ello
Unos grandes tiempos, si,
En los que fui visible al mundo
Zahorí de tus pensamientos.

© javier Sánchez marzo de 2021

Aunque ya no es tiempo.

© javier Sánchez marzo de 2021

Tu nombre escondido

Con tu perdón, pues te quiero
A tiempos que sigo amándote
Rozando el amor, dias lejanos
Más, si cabe, en estos tiempos
El miedo de no volver a verte
No quiero irme sin abrazarte.

Así te digo, mi tiempo es tuyo
Las miradas, sonrisas y las palabras son tuyas, pues tú eres la causante de estas letras, las que esconden tu nombre, sin esconderse.

Javi

© Javier Sánchez febrero de 2021

No sé explicarte a nadie.

Hasta el final de mi vivir quiero,
acariciar tu pelo hasta dormir,
Pues dormir a tu vera es cielo puro, álzame mujer, álzame.

Buscaré mi mirada por el techo,
la que pierdo cuando te vas,
de sol a luna, que me quedo ciego, hasta que vuelves, mujer, no veo.

Se estar solo, pero no solo de ti
El aire esta hecho para dos en casa. Y me sobra el aire, me sobra el viento.
Cuando partes y quedo huérfano.

Huérfano de besos, caricias, susurros.
Huérfano de palabras y perfumes.
Huérfano de tu inteligencia abrumadora.
Huérfano de tus manos en mi cara.

Buscaré mi mirada por el techo,
la que pierdo cuando te vas,
de sol a luna, que me quedo ciego, hasta que vuelves, mujer, no veo.

Nunca sabré, nunca podré
explicar a nadie que es el amor
pues me bendijeron con tu ser
y me siento incapaz de describirte.

Pues te miro y pienso que no se explicarte a nadie.

©Javier Sánchez febrero de 2021

Ese hilo invisible

Diez mil vidas, hasta dar con la que me encuentre contigo, en una esquina o en un bar de Bourbon.

Por mil calles, caminante de mil calles, en mil esquinas preguntaré a los ancianos, una y otra vez, una y otra vez, para que me cuenten cómo puedo hacer, para volverte a ver, para volver a quererte, para volver a empezar.

Por los mil mundos y de millones de galaxias, entre los mil tiempos, hasta hallar ese sublime y único momento preciso. Ese momento en el que te vi, en el que aquel hilo eterno nos unió. Te veo.

A mil estrellas rogaré y moriré mil veces, si es preciso, hasta que todo sea como pudo ser y no fue. Hasta que las vidas, los mundos, las calles, las esquinas, los ancianos, los tiempos y las vidas se acaben.

Será entonces, y solo entonces, cuando vuelva a escribir este texto, declarando esta promesa.

Te encontraré. Estés donde estés.

©Javier Sánchez febrero de 2021

Y se encontraron

adultos-mayores.jpg

Toda una vida buscando, toda una vida perdidos en los ojos de la gente, sin saber porqué, toda una vida que transcurría de una manera extraña, con ese constante peso en el pecho que no les dejaba vivir durante décadas, sin saber el porqué.

Toda una vida caminando, solos, perdidos entre tanta gente, necesitando algo que desconocían, mirando al cielo azul, sin saber porque conocían ese cielo.

Y llegó un día, llegó una mañana de otoño, aquella mañana de aquel octubre, en aquel banco de aquel pequeño jardín repleto de flores azules y blancas, en medio de aquella enorme ciudad. Con toda una vida a cuestas se vieron y se miraron, recordando aquel cielo que ambos miraban cada día, y el corazón aceleró…

… hasta la sonrisa…

.

©Javier Sánchez febrero de 2021

Lo demás son palabras en el humo.

Coger la mochila, una botella de agua, una de vino, mi guitarra, mi alma plena. Y nada más.

Y partir, partir al viaje. No un viaje, no, sino, el viaje. Hacia aquella ciudad que se llama, “Sin Rumbo.”

Dejando atrás todo lo vivido.

Sintiendo que te tiemblan las piernas a cada paso. Pero sin duda alguna. Sabiendo que has de ir.

Sin mirar atrás, solo pensando en esa ciudad, la que no da miedo.

La que da igual como llegues y cuando llegues.

Y caminar, con la libertad bajo el brazo. Con el viento que se arremolina entre las manos.

Atrás quedan lágrimas, amores, pruebas, risas, flores, vida.

Por delante otras lágrimas, amores, pruebas, risas, flores y otra vida. Otra.

Sin explicar nada, sin hablar de nada, solo hacer el camino pendiente, el camino latente, el que te agarra el alma y no te deja respirar, el que te atrae como un gigantesco imán, hacia aquellos tiempos futuros.

Andar el camino tocando la hierba, con las manos al viento, sonriendo, sonriendo, sonriendo.

Hacia la ciudad de “Sin Rumbo” solo va quien desea, no los que huyen, sino los que van. Los salvajes.

Solo cogen la mochila, una botella de agua, vino y una guitarra. El alma llena y nada más.

Lo importante del viaje, no es el destino, ni cuando, ni como llegaras, lo importante es la decisión de iniciar el viaje. Lo demás son palabras en el humo.

.

©Javier Sánchez enero de 2021

Gracias

Aunque ya nunca nos veiamos, por que no podíamos pues danzamos en esta tormenta que ha arrasado y eliminado este mundo de sentimientos y de miradas puras a los ojos. Aunque afloren lágrimas en ellos cuando hace el frío, ese frío que invade, que atenaza el alma. 

Porque a veces se siente la necesidad de esa gloria que da una mirada, simple y pura. La caricia simple física del dorso de una mano. Del deseo de un beso inalcanzable, largo y cálido, como un verano. El tiempo, está vida, lo impide, este tiempo que, por desgracia, lo destroza todo.

Siempre conservo, en mi mente, la huella, tu huella, de las risas, de los llantos, de la complicidad, extraña complicidad, de  vidas al unísono, de vidas anteriores, de mis miradas de soslayo, furtivas y delictivas. 

Y, es que, cuando veo ese mar, ese precioso mar, recuerdo la olas de tus ojos y como aflora la espuma de tus lágrimas. Eso me desarma, afloja mis piernas.

A pesar de eso quiero compartir, mientras yo viva, estos trozos de belleza de vida y darte las gracias, con mis ojos llenos de mediterráneo, por haberme acompañado en esta difícil etapa de mi vida.  De todas las vidas.

Gracias por todo. Mil gracias. 
Gracias por ser como eres. 
Gracias mujer de alma blanca. 

Gracias de un bandido,  que un día te robara un beso.

Javier


© Javier Sánchez enero de 2021

No puedo olvidarte

Tener tus manos, tus manos entre las mías, solo un momento, solo eso, para saberme, sentirme más humano y que tú me guíes en ese mundo que necesito, de caricias, cariño y bondad.

Rozar tu cara con la yema de mis dedos. Para darte, para ofrendarte todo mi ser, el que guardo en la profundidad de mis recuerdos.

Sentir tu mirada tan solo una vez mas. Esa mirada que me transporta, la que me complica la existencia, que me atrapa de madrugada, aunque la prefiero antes que olvidarla.

Y susurrarte al oído.

– Amor mío, no puedo olvidarte.

©Javier Sanchez enero 2021

Así es la vida

A veces, la vida te arrolla como un tren desbocado y lo hace de tal manera, que en la embestida, te revuelca, te arrastra y con una graciosa voltereta te vuelve a poner de pie dispuesto a sonreírle y a provocarla, para que te vuelva a arrollar de nuevo. Y así todas las vidas, las anteriores y las próximas.

.
Es que… así es la vida, no es mala gente. Solo le gusta hacerse ver.

.
© Javier Sánchez, enero de 2021

Colores en el alma

Y el payaso tomó asiento en el banco de aquel parque, a pleno día. Con aquella sonrisa exagerada y esa palidez en su cara. Pintura en los ojos, párpados azules cruzados con unas líneas blancas. Nariz, como no, roja, simpática. La guinda de la expresión. Que es un payaso sin su nariz roja, no es nadie.

Vestido de arlequín negro y blanco y zapatones azules eléctricos. Y un bombín, pequeño, a un lado de la cabeza. Guantes azules. Y un cigarrillo en la mano…

Javier vivía escondido tras ese muro de simpatía, de alegría. Javier, venia de un cumpleaños, con veinte niños y quince padres, todos miraban al payaso con simpatía y alegría, pidiéndole más cada vez. Ellos que sabían.

Entre globos, pasteles y risas, gritos y aplausos, aquella tarde, fue como tantas. Sacar lo que llevaba dentro, muy dentro de si, para que aquellos niños vieran la vida alegre y divertida y no la oscuridad que perduraba de hacia tiempo. Javier, el payaso, les proporcionaba, desde siempre, una sonrisa. Sin nada a cambio y no pedía dinero.

Javier vivía tras aquella protección de simpatía y sentido del humor, de alegría, pero aquella tarde, sentado en su banco del parque, con la cara mirando al suelo, estaba más triste que nunca, acaba de llegar del hospital, allí, en aquel hospital, también sonrió, como no, sin dudarlo, a aquella persona vestida de blanco, cuando le dijo

– Javier, un año máximo.

Javier llegó a casa y lloró durante dos horas. Se dirigió al baño y mirándose al espejo…

– Joder chico, toda la vida dando alegría, escondiendo llantos y… mira, mírate, ya ves, el premio, me tocó el gordo y ya ha pasado el sorteo. Siempre tarde Javier, siempre tarde.

Javier el payaso, secó sus lágrimas, suspiró y comenzó a pintar de nuevo su alma de colores. Blanco, azul, rojo… Le alivio pintarse la sonrisa de color rojo. Cuando acabó, se miró en el espejo y se dijo…:

– Hola Topi como estas… vamos que ellos nos esperan.

Y Topi salió a la calle… a ese mundo que tanto le debe.

– Hola niñoooossss.!!! Me han dicho que hay una niñita preciosa que cumple seis añitosssss.!!!!

Javier ya no hablaba. Topi lo dejó en casa.

Dedicado a todos los payasos, los que nos hicieron reír, los que nos hacen reír y alegran nos alegran la vida detras de esa alma de color blanco, azul y rojo. Bravo por todos ellos.

©Javier Sanchez enero de 2021