Voy a buscarte, raudo y sonriente.

 

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Por la mañana, el rocío en la hierba, hace brillar el prado. Huele a musgo, a romero, a tierra mojada, a las piedras húmedas de la puerta de casa. A vida.

Salgo descalzo a la libertad del aire fresco de otoño. En la puerta de casa abro los brazos y respirar hondo. Siento como me acaricia la cara y me susurra un precioso buenos días. Acariciando mis oídos con todos sus secretos.

Voy raudo, directo al camino estrecho que desemboca a tu calle. Cuesta arriba. Hoy es un día precioso, encantador. El aire que viene del cerro mueve mi camisa a rachas llenas de olor, el olor de mi pueblo que siempre se acerca por el camino de San Cosme. Acercándome a la casa grande, se ven las vacas saliendo de la gran portada de casa de Julián, hablando entre ellas entre mugidos y cencerros escandalosos, Julián lleva la vara, encarrilándolas. Aunque sabe que ellas conocen su camino, mejor que él.

– Buenos días Julián.

– Buenos días muchacho. Que vaya de suerte zagal.

– Gracias Julián!!
Paso ya mas raudo, si cabe, por la casa de la señora Marga, me detengo al lado de una ventana, con unas macetas con unas amapolas preciosas, sé que esta ahí, van pasando las vacas a mi lado. Y el último Julián

– Buenos días Javier, ¿donde vas tan pronto? Que el día no hace todavía.
– Pues arriba, a la casa de terraza, para arriba señora Marga.
Marga sonríe y me dice.
– Con dios majo, ve allí, allí esta.
– Lo sé…

Y subo la pendiente que me lleva a tu casa. Entre las amapolas y las diminutas margaritas que viven en el camino empedrado, con la cara fresca y sonriente. Con el alma plena, volando la mente, como cuando vuela que eres feliz, pocas veces pasa, pero pasa.

Ya veo al fondo el final de la calle, arriba, “la casa de los terraza”, tu casa, tu ventana, tu pequeña ventana de madera y la pequeña cortina blanca, que oculta tu belleza, tu habitación, tu vida y la mía.  Y adivino tu figura, madre mía, si hasta adivino tu sonrisa, se que me ves, lo sé, con esos preciosos ojos azules, y es que siento que tu mirada recorre la cuesta hasta mi pensamiento.

Mi corazón, que es tuyo, juega a su albedrío en mi pecho, al juego de los golpes, aprovechando entre la cuesta y los nervios, por que hoy te voy a ver. Hoy te voy a pedir compartir lo que me quede de vida contigo. Y solo pienso en aquel día que te vi sentada en aquella piedra, en el riachuelo de La Cabañera, con tu preciosa cara mirando al sol, olvidando al resto del mundo y viviendo en el tuyo.

Te miraba, embelesado, preciosa al color del sol del color del trigo que se colaba entra las ramas de los arboles y pensaba, es lo mas precioso que la madre naturaleza ha creado, no había nada mas bonito, nunca había visto a nadie como tú. Y mi cuerpo, mi mente se paralizó, como un pequeño ser diminuto de piedra.  Y se acerco a verme el pánico, una visita que te arruina la vida, tenía miedo de acercarme, de hablarte de lo que quería. De que ya te amaba. Y el que me dijeras que no. Pero…

Aquí me veo subiendo la dura cuesta que va a tu casa, para fundirme contigo en uno, para ser tú, y tú, yo.

Las piedras resbalan, me asustan la piedras que resbalan, es como si muriera y cayera hacia el vacío, el vacío negro que me conoce, que me mira a la cara cada día, pero las aprovecho para alzarme por el camino. El viento fresco del monte me empuja hacia ti. Y ya te veo en la ventana. Y te digo en voz baja, solo para los dos,

– Te amo mi ángel, aunque el tiempo ya se me acaba, se me acaba el tiempo, ya lo sabes, pero te amo y quiero terminar mi tiempo a tu lado.

Y cuando se me acabe, que tu mano me acompañe a los campos de hierba fresca. Y allí me dejes, esperándote, recostado en la piedra de la tía Rosa, para que cuando tu vengas, seguir amándote.

©Javier Sánchez 2019

 

 

La dama de la perla

Sabed dama de los dias, dama de mis sueños, mi dama de sonrisas, sabed que en mi cabeza danzan mil palabras, bellas como aurora de invierno. Ayúdadme, os ruego, pues debeis de saber que esas palabras, no saben como deciros, que la única persona en el mundo que no sabe lo que siento…

…sois vos.

© Javier Sanchez 2019

A veces

A veces, solo a veces aparece,
de repente, alguien.

En forma de holas, de buenos dias como estás. ¿Y tú?

A veces, la vida te sorprende y te acerca a alguien a tu vida cotidiana.

Y ese alguien llena tus espacios sin saberlo.

… sólo para que te vaya la vida más suave y sonriente….

Y te das cuenta de que es cierto, que ese alguien, ya era alguien.

Y te encanta… el cada día.

Como una bruja buena…

© Javier Sánchez 2019

20.819,25

2 de octubre de 2019

Esta mañana a las 10 y 20 am (antes de merendar) he cumplido 20.819,25 días de vida feliz en este planeta.

Bueno lo de feliz, si, casi siempre, hay peros, pero bueno, casi siempre. Pero lo de estar en este planeta, la verdad es que he de descontarle días…

Cuando era joven, que fumaba muchos porros y en este, en este planeta, no estuve mucho tiempo, bastantes días menos.

Mi primer beso, ahí, la verdad es que no puedo contabilizar los días en el planeta. No lo sé, del beso si que me acuerdo. María.

La primera vez que hice el amor, cinco minutazos de gloria. Y siete días que perdí flotando por las galaxias. María.

Mi preciosa juventud. No se contabilizarlo tampoco. Muchos dias fuera de aquí.

El primer día que viví solo, en Toledo, en aquel precioso apartamento, estudiando y trabajando, están en mi memoria, sinceramente a trozos, pero tampoco estuve en la tierra.

También tengo que descontar cuando me morí, y no es broma, tres días en coma más la parte de mi vida que se me borró, para siempre, de la memoria, esos tampoco ya cuentan.

Todas las veces que me he enamorado, tampoco cuentan, oye en este planeta no estás, ya lo sabéis.

Cuando encontré mi primer trabajo serio, que no tenía nada que ver con los estudios. Tampoco estaba en este planeta, el planeta Curro75, era mi casa.

Cuando cobré mi primera nómina, un día o dos, tampoco cuentan, es que me fui de juerga. Y perdí la cuenta del tiempo

Cuando nació mi hijo, días de felicidad y meses sin dormir, tampoco cuentan, estás pero no estás.

Cuando le dije a mi jefe que, realmente, era un gilipollas, tres días que tampoco cuentan en este planeta

Cuando termine la carrera universitaria, tres o cuatro días, creo, que tampoco cuentan, es que también me fui de juerga, me gusta celebrar oye, que quieres que te diga.

No se, no quiero seguir porque sino tendré que nacer otra vez. Es que no me van a quedar días en este planeta coño.

Pero vamos, se me ha pasado volando voy volando vengo. Y en el camino, yo me entretengo

Salud.

© Javier Sánchez 2019

Dicótomia.

Me han comentado mas de una vez, la dicótoma que padezco al escribir, entre la humilde capacidad de escribir un poema triste (que no un triste poema) y la humilde capacidad de escribir un relato humorístico, que este humilde escritor (lo de escritor es un eufemismo, es por poner algo) publica de vez en cuando. Me explico, porque esto parece una recriminación, y NO lo es.

Ayer, sentado en el sofá de casa, barriendo la casa, yo no, el aparato diabólico ese, el rumba, que por cierto se parece a mi madre, por que tiene algo pre grabado que dice:

– Mira como tienes la casa, toda llena de mierda. Ayyyyy el dia que yo falte…

y pensaba en ello, en lo del aparato no, perdón que me lío, que, en este vuestro blog, escribo de todo, de todo lo que asoma por mi cabeza, tanto de actualidad, como poemas, como escritos, relatos humorísticos y también serios. Os aseguro que no es un problema de bipolaridad, de veras os lo digo, tampoco me estoy excusando, no tengo porque, solo estoy compartiendo con vosotros, de veras, es un problema que tengo desde pequeño, en mi cabeza se me agolpan ideas, y el contenerlas me es difícil y me lío. Desde pequeño escribo poemas, escribía cosas que me pasaban, siempre lo hacia. Y ahora rjnfssjf años después me sigue pasando lo mismo. No se si estoy loco, de todas formas un loco no sabe que lo esta, pero cuando me surge una idea, y comienza un escrito, este se puede convertir en poema, o en un relato, o en un simple pensamiento. Puede tener cien líneas al principio y acabar solo en una frase.

Hay veces comienza con una seriedad, que hasta a mi me asusta, pero luego, según me dicen, mis tres psiquiatras que investigan mis tres o cuatro personalidades, pasa, que aquello que ha comenzado como un serio entierro de sordo mudos en el desierto de Gobi, en mi cabeza se va complicando y se va inclinando a una versión humorística, y no puedo evitarlo, entonces me salen las tonterías que escribo, aunque me encanta que, por lo menos algunos y algunas compañeros compañeras (joder es complicado esto de repartir “os” y “as”.) os hace, como mínimo esbozar una sonrisa.

¿Sabéis?, a mi me encanta escribir poemas, pero tengo ese problema, que una vez terminado y publicado, lo releo mil veces (como os pasa a todos vosotros, estoy seguro) y me gustaría cambiar algo, pero no lo hago, nació así y así se queda, lo malo viene cuando le encuentro el lado humorístico (hay que estar zumbao, de veras, y se que no tengo arreglo), por ejemplo:

“aquella estrella cayó al mar e inundo con su luz tu bellísimo semblante”.

Joder es que me lo dejo, yo solo, en bandeja, y entonces se me cruzan los cables y pienso:

“aquella estrella que cayo al mar produjo aquel peazo de ola que nos puso perdidos/as a todos/as de agua, algas, peces, pulpos y parte de todos los habitantes de la cuna de la vida, y, joder, es que las algas cayeron en tu, igualmente, bellísima cabeza y taparon tu, igualmente, bellísima cara, pero es que estabas muy graciosa y encima apago la hoguera, que mala suerte”.

¿Me entendéis ahora?.

No se, el humor y la poesía, el humor y los relatos serios, el humor y el humor. Todo ello es algo muy serio, y parece que me lo tomo todo a broma, pero no es así. O si, no lo se. Pero en definitiva, me gusta escribir poemas, pensamientos, relatos y ocurrencias. Solo es eso. Y lo peor de todo es que si os contara los poemas que han terminado en relatos humorísticos, alucinaríais…. y viceversa.

Pues eso, que no estoy loco, creo, me estoy medicando, eso si, pero os prometo que no estoy loco. Y sinceramente, lo que más me gusta es hacer reír. Lo de los relatos y poemas, son cosa de mis tres amigos y amigas (a Ricardo, Juanito y Dolores, mis personalidades añadidas).

Un abrazo a todos y sigamos adelante, que la vida es corta, o eso dicen.

Seguiré con mi medicación.

© Javier Sanchez 2019

Y PONÍAN LOS LENTOS

En aquellos tiempos, que todavía me vencen, con una claridad cristalina que, a veces, me asusta.

Cuando la música te inundaba los oídos. En aquellos tiempos, y por favor no me confundais con un añorador de tiempos atrás, no lo soy, solo soy un simple narrador de mi juventud, el misterio de la juventud, de mi juventud, en aquellos tiempos cuando en, lo conocido como, la discoteca o pub, la música no te impedía hablar, ella era una mera amiga más.

Y veías las barras llenas de amigos, hablando entre sí y con los camareros, también amigos. Esos amigos que no habías visto en una semana y allí estaban. Punto de reunión.

Chicos y chicas, con y sin problemas, pero sin postureos extraños, con naturalidad, hablando y riendo. Si, hablando y riendo, solo eso.

No digo que aquello fuera mejor que ahora, ni peor, pero sí, muy, muy distinto. La vida corriendo, intensa, vital, amigos, joder, los amigos y amigas, lo más importante de una vida. Jóvenes.

Natural y puramente jóvenes.

Y entre las risas y las conversaciones en aquellas discotecas…

Ponían los lentos.

© Javier Sánchez 2019