De camino

Cruzo mis tierras baldías,
y guardo mi corazón
en el hatillo para que no desfallezca
por el relente de la mañana.

Convierto los hielos de la vida  en agua
para poder navegar, navegar,
por los, sin ti, ríos y mares
muertos de mi vida.

Separo las altas montañas
para que nazcan preciosos valles
y camino incansable, a resuello,
por esos senderos tuyos y míos

Y me alío con el viento
para que me lleve, como pluma
por que, por dios, ya te veo
ya te siento, ya te siento.

© Javier Sánchez 2020

Una historia de amor

Aquella pequeña luz
Pequeñita y preciosa
La que nunca me invadió.
Ni acarició mi soledad de ti.

Nunca supiste realmente quien fui.
Dijeron que había una forma mujer.
Una forma de una vida contigo.
Pero nunca pudo ser, mujer, amor.

Yo solo quería estar a tu lado.
Solo para toda mi vida
Yo solo quería estar a tu lado
Solo para toda tu vida.

Paseabas por mis pensamientos
Desde la flor del cerezo en tu pelo
Vestida de blanco entre la hierba
Danzando por mi vida, mujer. Amor

Que tiempos cariño. Que tiempos.
Los que respiraba tu aliento en mi alma
Saboreando tu voz en mi boca.
Y tus manos, que me hacían morir.

Yo solo quería estar a tu lado.
Solo para toda mi vida
Yo solo quería estar a tu lado
Solo para toda tu vida.

Pasada la vida, mujer. Ya de largo
Sigo pensando, que aquella luz
Aquella pequeñita y preciosa luz
Nunca me alumbró, para que tú.

Me vieras con aquella carita de tonto.
Cuando me perdía en tu sonrisa
Contemplarás las lágrimas en mis ojos.
Cuando me perdía en tu belleza

Y Yo solo quería estar a tu lado.
Solo para toda mi vida
Yo solo quería estar a tu lado
Solo para toda tu vida.


© Javier Sánchez 2020

La tristeza del bandido

Espero la muerte del sol, deseando estoy a la luna que se demora.

Desespero de luna. ¡Vive dios.!

Con el frío en el cuerpo, siento vuestra alma mi señora y es el tiempo que muere en mis manos.

Mirando a la luna, ángel de ángeles, esperando bajo vuestro balcón, dedico mi frio a contemplar vuestra silueta, a la contra luz del quinqué de vuestra alcoba.

Y se pierden mis ojos entre vuestro cabello rubio, bella aurora, y aún sin ver vuestra sonrisa, pues solo que imaginármela puedo.

Y el corazón se me acelera, ese corazón que camina escondido entre las flores de vuestro jardin, a sabiendas de cuando os asomáis a contemplar la luna, como cada noche.

Observo embelesado como vuestro semblante se ilumina de brillante plata, cuando sonreís con ese bello gesto, yo caigo de rodillas al frio suelo. Con el alma llorando de amor.

Con cabeza gacha, hundido, en la oscuridad de mi sombra, la que quiere trepar el muro que separa mi vida de la vuestra.

Señora mía, ángel de mis sueños, de mis visiones y anhelos, si vos supierais lo que siento, llamaríais a la guardia nocturna. Para que, prestos, apresaran mis pensamientos.

Mi dama de cabello de oro, nunca sabréis quien soy, ni por que os amo entre los matojos y flores de vuestro jardín, pues sabed que soy un bandido y que no os merezco.

Asalto en caminos, a los hombres. Y cada noche vuelvo a vuestra escondida verá, para contemplaros, mi bella dama, mi bella señora, angel del cielo, pues vuestra belleza me redime.

.

©Javier Sanchez 2020

Haré

Te bajare de una nube, su lluvia.

Para que la uses de perfume.

El perfumar tu cuerpo

no se debe ser con esencias extrañas.

 

Moveré las montañas

Y abriré los valles

Para que el sol ilumine tu cara

Te abrazaré hasta que…

vuelva la vida a tus mejillas

hasta que consigas,

como siempre, hacerme feliz

 

Hablaremos y hablaremos

Y hablaremos y hablaremos

Y hablaremos y hablaremos

Venciendo al tiempo.

 

©Javier Sánchez 2020

A Miguel, a Madrid

Borrando por las calles
La memoria del pueblo
Pobres analfabetos
La rabia mira cara al sol.

Ocultando nombres
Cuál fosas escondidas
Entre caminos y muros
La rabia del cara al sol

Hipócritas sonrisas
detrás de cruces
Camisas de seda
mirándo al pueblo.

Borrando por las calles
Los dibujos de un poeta
Los nombres de los muertos
Perdidos en su memoria

Provocando la amnesia
Bajo socarrona bandera
Y vivas al país, grande y libre
La rabia del cara al sol.

Borrando las palabras
Las del poeta, las del pueblo
Escondiendo la sangre
Escondiendo las vergüenzas.

La rabia cantada cara al sol.

.

© Javier Sánchez 2020

Un tal vez

Sentado en esta esquina
en la esquina de nuestro mundo.
Y quedo mirando a la nada.
Te suspiro, con yunque en pecho, a hondas bocanadas de arena.

Te adoro, y a ciegas, entrego mis manos al aire, buscándote entre el gélido viento del este. El viento maldito que no me deja sentir tu mano.

Y es que, ¿Sabes cariño?, es que me ahogo, cada día más, cada día más.
Y es que me pesa tanto el alma que no puedo andar.

Con estas piernas que se tornan antiguas cuando pienso cuan cerca estás de mi y cuan lejos vivo sin ti.

Sentado en esta esquina
En la esquina de nuestro mundo, con los ojos llenos de mar, que no me deja ver más lejos de mis palabras.

En ella me siento, esperando, por si un día pasas por mi vera, aunque solo sea una vez, me sonríes y me matas,
de suave y dulce muerte al decirme, solo un “tal vez”.

.

© Javier Sánchez 2020

Me acostumbré a ti.

Me acostumbré a ti
a tu gracia innata
a tu complicidad
a tus ganas de vivir.

Me acostumbré a ti
a tus luces y a tus sombra
a esa forma de morderte el labio
a esa forma de tocarme la cara
Para calmar mis pensamientos

Me acostumbré a ti
a moler café por la mañana
al olor de tu pelo
a tu olor a jabón en el baño

Me acostumbré a ti
a tu dulce mano, a tus ojos
a esos ojos ladinos
a esa risa que me curaba

Me acostumbré a ti
a hablar durante horas
de nada, a discutir sobre todo y a desfallecer contigo

Me acostumbré a ti
A tus mañanas
A tus tardes
A tus noches

Me acostumbré a ti
a tu gracia innata
a tu complicidad
a tus ganas de vivir.

©Javier Sánchez 2020