Apariencia

Nunca confundas mi silencio con lo que se considera ignoracia, tampoco que lo que escribo es mi auténtico estado de ánimo, y mira que te digo, hasta puede que casi nunca lo sea.

Y nunca creas que cuando callo, ignore la realidad o mi realidad. Una amiga me dijo, sabes más con lo que callas que con lo que dices.

Tampoco porque sonria signifique que desborde amabilidad y felicidad.

Ni que porque escriba un poema, vaya dedicado a nadie o si. Pero no siempre es así.

Y es que yo tambien tengo mis problemas, menos graves, graves o muy graves. Como todo el mundo.

Lo que pasa es que la edad me regaló una nariz de payaso, y ella, y solo ella, es la que me hace ofrecer la parte gentil de mi vida… Y, la verdad, no a todo el mundo.

Soy un ser humano normal y corriente. Y me encanta ser así, aunque me casi siempre me desencanten.

Los que escribimos, los que dibujamos nuestros sentimientos o nuestros inventos con palabras, la verdad, somos de una pasta especial, con una capacidad especial. Y es… la de actuar sin público.

Y, si, que a veces lloro, como todos. Y a veces río, como todos.

Porque siempre he creído que, reír es pensar con gracia.

© Javier Sánchez 2019

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Palabra de poeta

Tal dia como hoy, 18 de agosto de 1936, el genio de pluma y tinta, Federico García Lorca, fue asesinado por otros locos, por su forma de pensar y por su forma de ser.

Hoy, mas que nunca, vale la pena recordar uno de sus escritos. Me apena pensar la proximidad de las fechas. Me asombra. Me asusta.

Lloro tu muerte Federico, lloro que este pais de ladrones y pandereta, nadie, nadie se haya preocupado de buscarte, por las cunetas, en los bosques o en el cielo. Y lloro las muertes producidas por los otros locos, ciegos de odio convulso.

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“La calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona”.

Federico García Lorca

El experimento

Me comentaron que un estudiante a monje Lama, Jose Mari, de Albacete le pregunto a su maestro.

-“Maestro ¿A qué situación le tiene más miedo la gente?.

Dos horas después, el Lama estaba en trance, roncando como un caballo desbocao.

-“A la oscuridad, estimado estudiante.”

Lama Yuan Yaai

Y creo que es muy cierto, en ella viven nuestros miedos y duermen nuestros secretos. Descansan nuestras batallas diarias, en un rincón, esperando el día. Mientras el alto el fuego diario nos deja dormir.

En ella no nos sentimos cómodos, nunca, es un sentimiento ancestral, la oscuridad no es nuestro medio. Nunca lo fue ni lo será. Siempre ha producido miedo, inseguridad y sobre todo, golpes en el pie con la pata de la silla.

Hay un experimento muy acreditado, lo ley en una revista científica, creo, “Que me dices oyes” se llama, y decía tal que así:

“Probad a apagar luces, y dejar en silencio toda la casa, si es posible. Al mínimo posible.

Y sentaros, es la manera más cómoda y segura. De pie se sufre más. Y esperar acontecimientos.”

Os lo aseguro. Estas más expuesto. Lo hice. Y…. experimente lo siguiente:

Al momento el cerebro comienza a acelerarse, estado de alerta, y los sentidos se acentúan asombrosamente, como consecuencia de lo mismo, el ritmo cardíaco se acelera poco a poco, sin problemas, pero se va acelerando. Lo notas.

Y comienzas a “oír” el sonido de la circulación de tu sangre, empiezas a oír ruidos que antes no oias. La sensibilidad de tu cuerpo se acentúa de forma asombrosa. El bello de tu cuerpo es sensible a cualquier movimiento del aire lindante y circundante tu cuerpo.

El cerebro comienza a captar cosas, empieza a procesar cosas incomprensibles, cuestión de la aceleración cardíaca y la hiperoxigenacion del cerebro. No es que te vuelvas más listo, o tengas superpoderes, no os hagáis ilusiones.

Hasta que llega el momento, en plena locura sensitiva, que sientes que algo pasa por tu lado, mueve el aire y el bello del brazo lindante se eriza, y la piel. Y ese algo se sienta a tu lado.

Esa sombra oscura, que estaba oculta en la oscuridad, que surge de los más profundo del abismo, o algo así… En lo mas profundo del miedo, esto último si es acertado.

Y todo tu ser entra en lo que se llama pánico, te levantas como un resorte a encender la luz, nuestro moderno y amado medio. Y te giras poco a poco a ver que es lo que te ha aterrorizado.

Y mi hijo te dice.

– Hola papa, que haces aquí a oscuras?? Hay leche.???

Así es el miedo. La oscuridad. Asi es el cerebro y así es el cabrón de mi hijo que se ha sentado a mí lado, en pleno ataque de experimento, sin decir nada, como un puto ninja.

Esto es lo que se ve en la oscuridad

©Javier Sánchez 2019

Aún

Apareces en mis sueños, como cuando niños, como mi sombre y yo la tuya

Pero eres tú, eras tú, la que dibujaste mi sonrisa, cuando yo buscaba nubes entre la niebla, e iluminabas mi camino con susurros.

Y aún te busco, bella pintora, creadora de lagrimas sonrientes.

Y es que desde aquella mañana de junio, la mañana que conoci tu cara, la primera vez, la que acaricio mi frente, como pluma de angel, revolviendo mi vida.

Te busqué, mi vida, perdida en mi memoria, mi memoria de adolescencia, de vitalidad desbocada.

Buscando nubes entre las nieblas

Aún busco, aquella flor de colores, la que pintaste en mi alma, bendito pincel.

Aún te busco, vida mía, para que veas tu bello lienzo, para…que veas tu obra, sin grises, de luces y colores.

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©Javier Sánchez 2019

¿Irracional?

Ya lo preguntaba aquel productor cinematográfico interpretado por Kirk Douglas en la película”Cautivos del mal”

¿A qué crees que le tiene más miedo la gente?.

Y solo hay una respuesta:

“A la oscuridad”

Y es cierto, en la oscuridad viven nuestros miedos y duermen nuestros secretos. Descansan nuestras batallas diarias.

En ella no nos sentimos cómodos, nunca, es un sentimiento ancestral, la oscuridad no es nuestro medio. Nunca lo fue ni lo será. Siempre ha producido miedo, inseguridad y golpes en el pie con la pata de la silla.

Hay un experimento muy acreditado, lo ley en una revista científica, creo, “Que me dices”, y decía así:

“Probad a apagar luces, y dejar en silencio toda la casa, si es posible. Quedad a solas, de pie o sentados, como queráis. Y… preparaos s sentir”

Comencé… sentaos, es la manera más cómoda y segura. De pie se sufre más. Os lo aeeguro. Estas más expuesto. Lo hice. Y…. experimente lo siguiente:

Al momento el cerebro comienza a acelerarse, estado de alerta, y los sentidos se acentúan asombrosamente, como consecuencia de lo mismo, el ritmo cardíaco se acelera poco a poco, sin problemas, pero se va acelerando. Lo notas.

Entonces empiezas a oír el sonido de la circulación de tu sangre, empiezas a oír ruidos que antes no oias. La sensibilidad de tu cuerpo se acentúa de forma asombrosa. El bello de tu cuerpo es sensible a cualquier movimiento del aire lindante y circundante tu cuerpo.

Y el cerebro comienza a captar cosas, empieza a procesar cosas incomprensibles, cuestión de la aceleración cardíaca y la hiperoxigenacion del cerebro.

Hasta que llega el momento que algo pasa por tu lado, mueve el aire y lo sientes. Y se sienta a tu lado.

Esa sombra oscura, que estaba oculta en la oscuridad. En lo mas profundo del miedo.

Y todo tu ser entra en lo que se llama pánico, te levantas como un resorte a encender la luz, nuestro moderno y amado medio.

Y te giras poco a poco a ver que es lo que te ha aterrorizado.

Y tu hijo te dice.

– Hola papa, que haces aquí a oscuras?? Hay leche.???

Así es el miedo. La oscuridad. Asi es el cerebro y así es el cabrón de tu hijo que se sienta al lado tuyo, en pleno ataque de pánico, sin decir nada.

Esto es lo que se ve en la oscuridad.

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©Javier Sánchez 2019

Una historia espantosa.

El hombre estaba parado a la orilla de la carretera, era casi medianoche, hacia autostop, (vamos parar un coche para que te auxilien o viajar como el rey, osea, de gorra). Era una noche espantosa, una de esas noches cerradas, con una tormenta terrible, luces y truenos, lluvia torrencial, vamos de esas que te cagas.

El hombre caminaba ya hacía varias horas y nadie paraba para llevarlo. Su vehículo se había estropeado en medio de la nada, en plena carretera de la montaña. La tormenta era tan fuerte que no se se alcanzaba a ver a unos tres metros de distancia. A dos, si, a tres, ya no. Curioso ¿Verdad?.

Esta es mi tía Paca. Es que ni encuentro ninguna foto de una carretera con mucha lluvia.

De repente, vio entre la cortina de lluvia, cómo un extraño coche con las luces de posición, se acercaba por la carretra lentamente, él estaba en la cima de una engañosa cuesta, conocido como falso plano, el vehiculo se detuvo justo a su lado. El hombre, dado su penoso estado, empapado, helado de frio y que era muy feo, sube al vehiculo sin dudarlo y rapido cierra la puerta. Mira hacia el asiento de al lado y se da cuenta con asombro de que nadie va conduciendo el coche. Detrás tampoco hay nadie. Curioso. Iba a decir algo… y el coche de repente, se mueve suavemente.

Sorprendido y acojonado (todo hay que decirlo) se agarró al asa superior de la puerta como si eso le fuera a salvar la vida y mirando repetidamente al asiento del conductor y al frente, consecutivamente y muy rapido, alucinando. De repente, en una de las miradas al volante, la cortina de agua cede un instante, ve la carretera y con horror se percata de que delante hay una curva a la derecha (no cortes, Carlos trata de arracarlo, por dios!!, perdón, se me ha ido la olla).

El individuo, asustado, se agarra esta vez al salpicadero y comienza a rezar e implorar por su salvación al advertir su trágico destino.

– No me lo puedo creer, no me lo puedo creer. Esto solo me puede pasar a mi (asi unas 50 veces). Y encima soy feo. Pero feo, joder voy a morir feo, me van a velar boca abajo.

Aún no habia terminado de salir de su espanto cuando, justo antes de llegar a la curva, aparece una mano tenebrosa por la ventana del chofer y mueve el volante lentamente pero con firmeza.

Entre relámpagos y truenos, el hombre chilla de pánico, paralizado por el terror de la imagen de aquella mano agarrada al volante, medio cierra los ojos y se aferra con todas sus fuerzas, esta vez al asiento; inmóvil e impotente ve cómo sucedía lo mismo en cada curva del oscuro camino, mientras la ensordecedora tormenta aumentaba su fuerza. Y sigue gritando.

A cada gesto de la mano fantasmal, fuera se oía como un quejido.

Ni podia más y sacando fuerzas de un bollicao que se había comido antes, atina a abrir la puerta y baja del coche a la primera oportunidad. El hombre corre como poseido, gritando y agitando las manos por encima de la cabeza por toda la carretera hasta el pueblo más cercano.

Sin parar, corriendo como un verdadero poseso. Vamos, un runing de estos de ahora, hasta arriba de geles y todo esas mierdas que se comen, que un dia vamos a tener un disgusto.

Exhausto, todo empapado, helado de frio y lo de feo no se le habia pasado, llega a un pueblo y se dirige a una casa con luz, que era, como no, la cantina del pueblo, justo a la entrada y se encontraba aún abierta. Entra y pide una botella de ron, un donuts y dos magdalenas (ahora muffins).

Todavía temblando y con la cara desencajada, fea de cojones, empieza a contar a todos los presentes la horrible experiencia que acababa de vivir. Se hizo un silencio ante el asombro de todos.

Como a la media hora entran a la cantina dos hombres, resoplando y con cara de extenuacion, atabiados con sendos chubasqueros negro azabache de la temporada anterior, y le dice uno al otro en tono molesto:

.- “Mira Francisco María de la Cruz, allí está el tonto la polla que se subió al coche cuando lo veníamos empujando y en la bajada nos dejo alli colgados gritando como un loco”

Que gentuza, de verdad ¿eh?.

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© Javier Sanchez 2019