Juega

Sigue jugando, no pierdas la cuerda, de ninguna de las maneras.
Aunque estés al borde del barranco.
Juega, sigue, coje aire y no mires abajo.
No te pierdas en las sandeces de los mayores. Sigue jugando.

Juega, juega a la vida, aunque esté el vaso medio lleno, sigue jugando.
Juega, como cuando eras un juego con piernas cortas.
Vuela en la nave espacial viajando a Andrómeda, en busca de los hombres verdes. Juega a la vida. No te pierdas en las sandeces de los mayores.

Juega, aún con el cabello blanco.
Juega con el caballo blanco, siii, ese que bate las alas majestuosamente y te convierte en el dueño de los cielos.

Juega, siempre, salta y ríe aunque te duela la vida.
Y no te pierdas en las tonterías de los mayores, nunca tienen razón.

Sigue jugando.
Siempre.




© Javier Sánchez mayo de 2021

El experimento

Me comentaron en una tertulia de cuñaos que uno de mis cuñados conoció a un amigo del hermano de un estudiante a monje Lama, Jose Mari de Los Rios, natural de Albacete y que este pavo le pregunto a su maestro:

– Maestro ¿A qué situación le tiene más miedo la gente?.

Y le miró fijamente a la cara del lama, que tenía sospechosamente los ojos cerrados. Dos horas después el lama contestó, es que el Lama estaba en trance, vamos que estaba roncando como un caballo desbocao.

– A la oscuridad, estimado estudiante, la oscuridad es lo que el ser humano más teme.

Y volvió a caer en trance, pero ya para siempre.

Lama Yuan Yaai.
1936-2021

Aunque me cueste admitirlo, (y vaya por delante que no me creo eso de que mi cuñado conozca a nadie importante) creo que lo que dijo el difunto lama es muy cierto, en la oscuridad viven nuestros miedos y duermen nuestros secretos. Descansan nuestras batallas diarias, en un rincón, esperando el día, mentras el alto el fuego diario nos deja dormir.

En ella no nos sentimos cómodos, nunca, es un sentimiento ancestral, la oscuridad no es nuestro medio. Nunca lo fue ni lo será. Siempre ha producido miedo, inseguridad y sobre todo, golpes en el pie con la pata de la silla o mesa de IKEA.

Hay un experimento muy acreditado, lo leí en una revista científica, creo, “Que me dices oyes” se llama, y decía tal que así:

“Probad a apagar luces, y dejad en silencio toda la casa, si es posible o al mínimo posible.

Y sentaos, es la manera más cómoda y segura. De pie se sufre más. Y esperad acontecimientos.”

Os lo aseguro. Estas más expuesto. Lo hice. Y…. experimente lo siguiente:

Al momento el cerebro comienza a acelerarse, estado de alerta DEFCON 4, y los sentidos se acentúan asombrosamente, como consecuencia de lo mismo, el ritmo cardíaco se acelera poco a poco, sin problemas, pero se va acelerando. Lo notaba.
Y comencé a “oír” el sonido de la circulación de mi sangre, a oír ruidos que antes no oía. La sensibilidad de mi cuerpo se acentuo de forma asombrosa. El bello de mi cuerpo, como el de todos, es sensible a cualquier movimiento del aire lindante y circundante.

El cerebro comenzaba a captar cosas, a procesar cosas incomprensibles, cuestión de la aceleración cardíaca y la hiperoxigenacion del cerebro. No es que te vuelvas más listo, o tengas superpoderes, no os hagáis ilusiones. Simplemente se oxigena más.

Hasta que llega el momento, en plena locura sensitiva, entre los latidos de mi corazón partía, la sangre circulando, el puto grifo de la cocina que gotea, el portazo del imbécil del vecino de abajo y los vecinos de al lado que están echando un polvito, que senti que algo pasaba por mi lado, moviendo el aire y el bello de mi brazo se erizó el minúsculo bello de mi cara lo notó. Y ese algo lo sientes a tu lado. Y casi me desmayo.

Esa sombra oscura, que estaba oculta en la oscuridad, que surge de los más profundo de un abismo insondable que mi cerebro habia creado en el pasillo, debajo de la foto de mi suegra y activó el miedo irracional. Como mola esta frase.

Y todo mi ser entró en lo que se llama ataque de pánico (del latín me caguorum pata abajum o algo así) y me levanté como un resorte a encender la luz, nuestro moderno y amado medio. Acto seguido me oriné encima. Poco a poco me giré para ver que es lo que me estaba aterrorizado, lo más fácil hubiera sido echar a correr, pero no podía.

Y mi hijo me dijo:

– Hola papa, que haces aquí a oscuras?? Hay leche.???

Así es el miedo. La oscuridad. Asi es el cerebro y así es el cabrón de mi hijo que se sentó a mí lado, en pleno ataque del terrorífico experimento, sin decir nada, como un puto ninja.

Esto es lo que se ve en la oscuridad.

©Javier Sánchez mayo de 2021

La señora Dolores

La señora Dolores caminaba arrastrando los pies, cruzaba la calle, mirando a su alrededor y saludando a sus vecinos, con la antigua bolsa de tela para llevar el pan.

Ochenta y seis años, cuatro hijos y 10 nietos. Con toda una vida de trabajo, de jovencita, sirviendo en casa del terrateniente de turno, después en la panadería, seguido de la emigración a Barcelona, en la cual trabajo en mil sitios diferentes, siempre destacando su ímpetu y su visión de futuro. Trabajó en un colmado, en un bar, en una vaquería y en casa de un sastre. Nunca bajaba de diez horas al día, matrimonio e hijos.

Con el tiempo la señora Dolores abrió una tienda de ropa, mercería, trapos, botones y cremalleras. Vendía de todo lo referente al vestir. Ella decía:
– El cliente viene a una tienda de ropa, aquí debe de haber de todo lo que el cliente busque referente a la ropa y al vestir.

Creó los departamentos de la tienda e instruyó, como ella creía, a los empleados, especializandolos en un producto, pero con nociones del resto de lo que ella consideraba que podía venderse. Nunca tuvo que explicar nada de nada a sus empleados ya instruidos, ellos conocían tan bien el movimiento de la empresa, que la hicieron suya.

La señora Dolores era feliz, había conseguido ya cerca de los sesenta años que aquella tienda tuviera la categoría de calidad y servicio, que en aquellos años, era importantísimo. Y como ella decía siempre.
– Sólo se precisa amabilidad con los empleados, si así lo haces, ellos trasladarán esa amabilidad a los clientes.

La señora Dolores se retiró de la vida empresarial, de su tienda y de sus cinco empleados a la edad de setenta años. La tienda quedó en manos de sus hijos, pero bajo las heredadas estrictas indicaciones del funcionamiento de su creadora.

La señora Dolores nunca pisó, ni humilló a nadie. Todos trabajaban para la empresa, todos eran la empresa. Sin duda alguna. Amabilidad.

Sus hijos tenían empresas relacionadas con la producción textil, muy instaurada en Barcelona. Todas produciendo, con problemas, para que nos vamos a engañar, como cualquier negocio, pero produciendo. Pero todo siempre iba bien. La mano de Dolores siempre se palpaba el ambiente.

Dolores, aquel día, pasó de largo de su casa, con el pan en la pequeña bolsa de trapo, y se dirigió a dos manzanas de su casa, a un edificio, enorme, acristalado, precioso.

Entró en el edificio y preguntó por un tal Alonso Escudos. El cual bajo a los cinco minutos. Cincuenta años, traje negro, camisa blanca impoluta y corbata gris perla. Bajaba rápido por las escaleras y sonrió en cuanto vio a la anciana.

– Señora Dolores, encantado de verla, es todo un placer, mi madre compraba y todavía compra, en su en su tienda a fecha de hoy y desde que yo recuerdo, es más estuve de pequeño y adolescente en su tienda varias veces. De hecho recuerde usted que la llamé por consejo de ella, ella me recomendó que hablara con usted. Es un placer, reitero.

– Muchas gracias hijo, me alegra mucho que tu madre fuera clienta mía, se nota en tu forma de vestir, por cierto eres una persona muy amable.

– Jajajajaja, muchas gracias…
¿Pasamos a ver a los chicos?

– Cuando tú quieras.

Subieron en el ascensor hasta la quinta planta, la señora Dolores se cogió del brazo del caballero. El cual le cedió amablemente, no le hacían mucha gracia los ascensores.
Llegaron a la quinta planta y salieron del ascensor, dirigiéndose a una puerta doble de lo que parecía una gran sala.

El señor Alonso entró en la sala y se hizo de inmediato el silencio, la Señora Dolores quedó sentada en una silla en la puerta.

– Señoras, señores, después de mucho meditar, después de muchos cursos, de coachs, de ideas ridículas e ideas casi vitalmente inviables puestas en marcha sin comprobar nada. He llegado a la conclusión de que ninguno de nosotros sabe lo que es trabajar y dar todo por la empresa y ello, por la salud y el bien estar de todos nosotros, he traído a una empresaria que les explicará lo que es ser, empleado y empresaria, lo que es subir la escalera de la vida y la otra escalera, la escalera laboral, cosa que nosotros creemos que ya hemos subido y no es cierto, de veras que no lo es. Esta persona les va a enseñar, y les advierto que es un lujo, como se debe subir la escalera con respeto al negocio, a la empresa, a los empleados y a los clientes. Sin vanagloriarse de traje caro, coche de lujo y ventas más comisiones de locura…

Pase señora Dolores…

La Señora Dolores pasó a la sala, dio las buenas tardes. Dejó la barra de pan en la mesa de madera lacada y miro al frente.
Allí había unas treinta personas de todas edades y categorías. Administrativos, informáticos, contables, vendedores, jefes de sección, etc. Todos asombrados y mirando a la anciana y al propietario de la empresa.

– Buenas tardes, nací en 1934, y en la vida, nadie me dijo que nada sería fácil, pero si que es fácil, pero solo si se la haces fácil a los demás, eso os lo puedo asegurar… Y vengo a explicaros mi vida… Para poneroslo fácil. Y por que el Señor Alonso me lo pidió con una amabilidad, que ya no recordaba.

– Por cierto ¿Alguno de ustedes ha sido amable con alguien estos…. por ejemplo…. cinco últimos años?…

© Javier Sánchez mayo de 2021

Una entrevista

De un tiempo a esta parte, he hecho como unas doscientas entrevistas, no me han cogido en ninguna, es realmente desesperante, en todas me echan antes de empezar a currar e incluso antes de acabar la entrevista. Y todavía no lo entiendo, no captó que hago mal. Os cuento de qué va y lo que me pasó en la última…

Entré en la sala de espera de aquella oficina toda llena de títulos y cuadros abstractos, de esos que hay dibujado un punto y el precio ronda los 200.000 €.. Y digo “el precio”, el que le ponen los “que saben” no es que lo valga ¿Eh?

Había entregado un CV (currículum vitae) en aquella empresa hacia un año y medio por lo menos, el cargo por el que me habían llamado era de “Accounting advisor”, vamos en idioma menos gilipollas, “Asesor contable”, el conocido como “el numeritos” de toda la vida.

Todo esta situación viene de que estaba y estoy en paro e iba asiduamente a la oficina de empleo, donde había un funcionario que le llamaban “el cursillos”, esta aventura, la de aquella catástrofe de búsqueda de empleo, la cuento en mi famosísimo “Best Seller Bloguer Award” (o como se escriba) de este mismo blog llamado “Buscando trabajo”.

Pues eso, que “el cursillos” me indico que hiciera un curso a distancia de contable para empresas y lo hice. Fue agotador, porque lo que yo no sabía es que el puto curso iba de números y cuentas y más numeros de cuentas, un mareo constante. Joder, yo pensaba que era para contar cosas en empresas, para relatar cosas, cuentos y todo eso. Vamos lo que hacen los coach estos, que te lo venden todo de color bonito, pero claro, todo es si te esfuerzas y trabajas 10 horas al día por 1000 €, tu también llegarás a tener un yate de 80 m de eslora y tonterías de esas, en la siguiente vida claro. Pero no, era más complicado, bastante más complicado, luego si me apetece os lo cuento. Que seguro que será que no, más que nada porque soy muy vago y por eso no tengo un yate (sarcasmo). Si eso, ya sabéis, lo leéis en el presente blog, no la dejo el link porque me da palo, buscadlo.

Pues terminado el maldito curso me eche a la calle a entregar CVs por todos los sitios. Entregaba en los puntos de venta de la ONCE, en charcuterías, hasta en las oficinas de los ministerios, que me echaban a patadas, por cierto, se ve que allí esto de que les lleves la contabilidad no les sienta muy bien. Sobre todo en Obras Públicas. Que curioso

Pues como os decía, que me llamaron de esta empresa, la empresa se llamaba “Sausages Sánchez and Brothers”, vamos “Salchichas Sanchez y hermanos”, pero es que en inglés mola más. Y aquí estoy, en la sala de espera, esperando.

– Señor Sánchez, Javier Sánchez….

Mira ya no espero más…

Y pase al despacho del pavo de RRHH (Recursos Humanos) , que suena a ONG pero todo parecido con la realidad es pura coincidencia.

– Pues tengo muy pocos defectos, señor, y muchisimas virtudes. Soy responsable, emprendedor y me gusta, sobre todo, el trabajo en equipo.  – Le dije al pavo que me recibió con la desgana de un cazador de mejillones.

Un tío flaco con el pelo engominado, José Serapio Buendía, que manda cojones con el nombre. Alto, gafapasta y una vocecilla de esas como cuando te pillas un dedo con un cajón de la cocina, como muy gritón, no acompañaba a la.envergadura del individuo. Vamos de esos tipos que le dabas un guantazo, así porque si.

– Muy bien eso nos gusta.- me dijo el largo –

Y le contesté estoicamente, que no se lo que es pero lo he leído a un bloguero de estos que sigo.

– Si, es que así le puedo echar la culpa a los otros. Pero soy una persona muy seria, formal y me ducho casi siempre.
– Hombre lo de echarle la culpa a otros no es muy de trabajo en equipo ¿No cree?
– Como que no, mire, es como el fútbol, si te viene un defensa grande, de esos de dos metros, así como usted pero bien hecho, que te va a partir por la mitad si te coje, ¿Que haces? oye pues se la pasas a otro. Pues eso, trabajo en equipo. Tampoco es tan difícil de entender oyes. O es que entre los jugadores millonetis del fútbol está permitido y entre la chusma no.
– Bueno , ehem, vale, joder nunca me lo había planteado así… Aquí dice que estuvo en la universidad de medicina. Muy bien, alguien con conocimiento sanitarios nos iria…
– No, no, no, jajaja, no es así. He puesto que estuve, no que hice la carrera, se me hizo muy cuesta arriba, es que me desmayaba con la sangre y los muertos me dan miedo, yo quería ser médico de la seguridad social, los de las recetas y todo eso, pero no me salió bien.
– Vaya tela oiga, menudo elemento está hecho usted

Me dijo el gafapasta mirando el CV de nuevo.

– También me indica que ha sido usted, reponedor en Mercadona, profesor de “Filosofía y economía sumergida, detective privado, calibrador especialista de lentejas… ¿Joder eso qué es?
– Pues mire, yo trabajaba sentado en una línea y miraba las lentejas que pasaban por la cinta y las grandes las quitaba. Es que tengo vista fotográfica oiga.
– ¿En serio? No me lo puedo creer…
– Noooo, es broma, no tengo vista fotográfica. La verdad es que no hacia nada, eso sí, me mareaba con tanta lenteja pasando, fue un enchufe de mi cuñado, pero me echaron por falta de productividad o algo así.

El gafapasta ya no me escuchaba, leía mi denso CV. Se tocaba las gafas con las manos temblando.

– Manda cojones, vaya tela.
Hostias! Madre mía, aqui en una esquina me ha dibujado un pene, honbreeee un poco de decoro.
– No se que significa eso de decoro, pero es que también soy pintor. Me nace asin oyes. Pinto cuadros, paredes y en folios. En cualquier momento. Es como un trastorno que tengo, mire usted, ahora mismo le dibujaba unas tetas en la frente, pero me contengo, soy buena persona.

El largo alucinaba, se me quedó mirando y me dijo con calma.
– Mire, larguese de aquí antes de que llame a la policía o peor, a mi suegra.
– Me voy, pero por qué yo quiero. Que desagradable y malahe que es usted.

Y me fui, tal y como entre pero al revés, me fui a casa a llamar a otra empresa, es que me he dejado el móvil. Y a pensar el porqué me echan de todas las entrevistas.

© Javier Sánchez mayo de 2021