«QEE, el vampiro» Capítulo 1 de 234

Os voy a explicar un secreto que tengo guardado desde hace unas semanas y es que no me puedo contener, soy un cotilla patológico, y no, no tiene nada que ver con un pato inteligente, quiere decir que… Bueno oyes tampoco es tan complicado, lo buscáis en intenne.

Pues pasó que estaba tomando unas copas con unos amigos en en un bar frances llamado «Free Macarroni pour le poum de terre» o algo asi, propiedad de un portugués y regentado por dos coreanos y un chino. Fue una noche divertida, hacia tiempo que no nos veíamos, la pandemia y la dejadez han ayudado a la distancia entre nosotros, pero seguíamos siendo los mismos.

Estábamos todos, hasta el «QEE», siglas de «Quién Es Ese», referiedose al famoso amigo de un amigo que por lo normal es un plasta o por arte de birlibirloque, que no se lo que es,  es mejor tío o tía que tu amigo y es entonces cuando, por tu lealtad falsa a tu amigo, procedes a eliminar a tu amigo o amiga y le pides el número de movil al pavo para no llamarle nunca jamás, oye soy asi, soy muy falso, sonrió pido el número de móvil y después no llamo nunca, media Barcelona ni me habla, bueno antes tampoco. También puedes no matar a tu amigo o amiga y considerar amigo al nuevo, porque es más simpático y no te pide dinero ni favores para mudanzas etc..

Ehhhh… De que estábamos hablando, joder se me ha olvidado.

Ah sí!!! Pues que salimos de copas los amigos y el QEE. Lo pasamos en grande unas risas, un pa’qui pa’lla, un ja ja ja un jo jo jo, un nos tenemos que ver antes de que venga la tercera guerra mundial, los abrazos de borracho, el te quiero y toda la parafernalia entera y algo más, también el famoso «qué coño hacemos en Sevilla si ayer cenamos en Barcelona» en aquel bar o lo que fuera o fuere o fuese aquello al lado de mi casa. Bueno, ya sabéis, esas cosas que pasan cuando sales de juerga. Y oye que si no lo sabéis, es que no habéis vivido lo suficiente u os pasáis el día viendo Netflix, jugando a la consola Play station 14 V6 extramegapro o peor, escribiendo el blogs y sitios de esos de gente rara. Yo es que soy un boomer (a mucha honra) y he tomado copas hasta con Napoleón Bona parte o Bonaparte o como se escriba.

Pues eso, que el QEE resultó ser un tío encantador, se llamaba Mario Relicario Otesano, que manda cojones con los apellidos. Un tio encantador como ya os he dicho, aunque daba un poco de grima, era muy pálido y siempre tenía las manos frías. Estuvimos varios días en Sevilla, los cuatro amigos más el QEE.
Estábamos en la ciudad de la luz, Alberto «el desprendido», es que Alberto cuando come y habla te tira la mitad de la comida a la cara de ahí lo de «el desprendido» y es que todos tenemos mote, también estaba Luis «el manazas», manos como tapaderas de WC, muy torpe, lo echaron del ejército pues causó la voladura del polvorín del cuartel y arrasó con todos los coches que había aparcados allí, menos mal que era el parking de oficiales, nunca se supo el porqué fue y él no suelta prenda, también está Ricardo, amigo de la.ingancia de «el manazas». «El bocachancla» lo de guardar secretos no es lo suyo, a veces da miedo, tres fiestas sorpresa se ha cargado y con semanas de antelación y una de ellas el día de antes, en el ejército le decía el santo y seña a todo el que veía, también lo echaron, él fue el que dijo que Sevilla era la ciudad de la luz, yo sé que es Londres pero bueno, no quiero discutir. Y quedo yo,Javier , alias «el Magoo» es que llevo gafas y veo menos que un pez de goma, me lo sacaron en el equipo de rugby, jugaba de zaguero, arrie o fullback, para los no entendidos es el que se queda atrás de todo, perdía todas las pelotas, a los dos años me echaron del equipo, no porque era malo, es que un día contra un equipo llamado San Boí, el equipo decano de España de este deporte. Me coloque en el lado del otro equipo cinco veces y me fui a mitad de la segunda parte, es que habia un guardia fuera, en la calle, dirigiendo el tráfico y me equivoque. Gilipollas, si, pero me quedé con el puto mote. A Mario, el QEE, le sacamos mote enseguida, «El mareao» el pobre siempre estába pálido, marmóreo, era algo increíble el pavo este. Y siempre hablaba despacio. Muy calmado como si se escuchará él mismo. La verdad es que no me hacíamos ni puto caso, sobre todo por la noche cuando de reactivaba y nos daba unas turras sobre las guerras púnicas y demás que pa que te cuento. Pero era simpático el asqueroso.

Bueno pues ya que estábamos en Sevilla y decidimos ir a ver el Alhambra. Nada cogimos un taxi ya al atardecer, os digo esto del atardecer porque que el mareao no salía de día, sólo salía al atardecer, «cuando es vencido el sol» según me dijo el tío. Me quedé un poco pa’lla pero bueno, sinceramente no lo entendí. El taxi carísimo 200 €, es que el imbecil del bocachancla dijo de ir a Alhambra de Sevilla, pero no sabíamos que estaba en Granada, vamos, que a tomar por culo se Sevilla. Este tío es gilipollas y nosotros de colegio público.

Llegando al Alhambra ya anochecía o atardecia o como se diga, vamos que se iba viendo menos y el QEE iba despertando de su tontería, ya sonreía, ha hablaba, aunque de esa manera pausada que me encendía los nervios. Nos decía de ir a ver cementerios y cosas muy extrañas, y que necesitaba ir urgentemente a una carnicería. Nosotros alucinabamos con el pavo. Pregúntanos a los indígenas de la zona y nos indicaron una carnicería que estaba «cerca», que cabrón, 20 minutos andando. Allí el QEE entro como una exhalación y compro dos kilos de carne. Los devoró delante de nosotros, que asco por dios, echamos la pota allí mismo.
– A ver tío, a mí también me gusta poco hecha pero lo tuyo es …. raro.
– Me gusta así.

Que asco por dios. Tenía la boca sanguinolenta y se lo limpio de un lengüetazo, menudo lengüeton tenía el pavo. Acabado el ágape nos dijo:
– Qué, nos vamos?
Nosotros, acojonados le dijimos a coro si, si, si, vamos.

Un panzón a andar hasta llegar a la Alhambra que pa que te cuento Mari Puri. Ya dentro de aquella belleza, paseábamos por los jardines, preciosos por cierto, el bocachancla y el manazas iban bastante alejados. El «mareao» me cogió por el hombro y se acercó a mi cuello, haciendo ese sonido de hannibal Lecter.
– Javier he de confesarte algo…
– Eh. Que tengo novia ¿Eh?
– Nooo, no. No es eso. Es que soy un vampiro.
– Si claro y yo soy ingeniero de cohetes, vamos Mario, eres raro pero a tanto no cre….
De pronto se convirtió en murciélago y echó al vuelo, y volvió a mi lado.
– Vamos Mario no me jodas, no me asustes, no me muerdas, mi novia Manoli mide 1.84 y hace triatlones, levanta ruedas de camion y cosas de esas, mira que la llamo…
– Tu sangre huele bien
– ¿Eh? Es que mi padre era pastelero, ¡No me jodas Mario!
Y el cabrón me empujó contra una columna y me metió un bocado en todo el cuello queeee…. Joder que me gustó y todo. Pero qué daño y que cabrón el Batman. Me dejo casi seco. Pues era cierto que era un vampiro, manda cojones con el idiota.

Caí al suelo y el imbécil echo a volar.
Mientras partía le dije.
– Te voy a reventar la cabeza de sapo que tienes.
Me iba levantando apoyado en la columna, toda pérdida de sangre y me volví a caer y le grité:
– Me podías haber preguntado coño que a mi me marea la sangre…. Y soy de misa los domingos cabrón y me gusta el alioli. Tu eres tonto.

Con el griterío vino uno de seguridad con un madero y me puso una sanción de 300€ por ensuciar la columna. Mis amigos no aparecieron, estaban gritándole a no se quién por allí al fondo de las columnas aquellas raras.
– Es que me ha mordido mi amigo Mario, que es vampiro oiga y yo no lo sabía, claro como iba a saber que ese imbécil es un vampiro, no me jodas Mari Puri.
– Váyase a la mierda, esto es un monumento idiota. Y no me llamo María Puri, me llamo Macartney.

– Vete al cuerno te vas a llamar como el de los Rollings.
Y perdí el sentío. (Con acento en la i, está escrito en Andaluz)

Continuará en capítulo 2

© Javier Sánchez «el inmortal» mayo de 2022

El trabajo de cada uno.

Las personas que dedican su día a ejercer su profesión, a desarrollar su trabajo, cualquier trabajo, el cual siempre está relacionado directa o indirectamente con la atención al cliente, no sabéis lo que agradecen que se les diga que hacen bien su trabajo y que han solucionado cualquier problema de cualquier índole relacionado con el mismo.

Ojalá esto fuera lo normal y no lo excepcional.

© Javier Sánchez mayo de 2022