Zahorí de tus pensamientos

Me cuesta no pensar en ti
A pesar del tiempo pasado
No niego, que todavía te amo,
O es porque te sueño cerca
La verdad, no me cuesta e
Inanición de ti tengo, cada día.

Restos de ti en mi piel de
Otra vida y otra precisaría para,
De nuevo, empezar de nuevo
Rastros de ti en mi piel de
Inolvidables tiempos pasados
Gracias a los dioses por ello
Unos grandes tiempos, si,
En los que fui visible al mundo
Zahorí de tus pensamientos.

© javier Sánchez marzo de 2021

Aunque ya no es tiempo.

© javier Sánchez marzo de 2021

NOS HACE FALTA ALGO, ALGO QUE DEJAMOS ATRAS.

Nos hace falta magia en este, ahora triste, mundo. Ya se fue difuminando entre el ser un ser humano e intentar parecerlo, en tiempos comenzamos a perderla. Se nos escapó entre aceros, cementos, prisas, envidias, egoísmos, ambiciones desmedidas, la ausencia de sonrisas, sobre todo la ausencia de verdaderas sonrisas y estruendosas carcajadas. Pero ahora nos hace mucha falta, mucha.

Hay que prestar atención a la vida, a la que vivimos, sí, la que vivimos, esa otra, la que nos vive, es otra cosa. Es la ladrona. La que nos roba los colores y los amores.

La que olvidamos, la que no nos dejó ver quien se sentó a tu lado, ni quién pasó por tu vida y ni la vimos, porque estábamos haciendo planes para vivir, y mientras, esa vida pasaba rauda a tu lado, moviendo el bies de la camisa.

Tenemos, no, debemos dejar salir esa magia, cada día, con cada palabra, escrita, cantada o hablada, con cada gesto único, con cada preciosa sonrisa. Esa magia, la divina, la que estalla con una lágrima de alegría, esa magia que aparece y te pone agradablemente nervioso. Esa magia que te da una suave caricia  que  es capaz de calmar el alma.

Esa magia, debemos de volver a sentarnos con ella, a soltarla por doquier, debe de notarse su música en el aire, debemos de reinventarla, recuperarla de las sórdidas y ridículas  luchas para ser cada día mas feliz.

¿Más feliz?, ¿comparado con qué, con quién y porque?. Es que ya se es feliz, entre problemas, y es que la felicidad, está entre los problemas, que también son parte de esta vida. ¿Alguien nos dijo, en algún momento, que toda esto sería fácil? Todo este encantador follón de vida.

Y es que buscando la felicidad, constantemente, no vemos que perdemos la vida y esa magia de la que hablamos, he ahí el misterio.

Los sabios dicen que, la magia, se inventó allá por cuando eramos enanos, cuando los muebles de casa eran enormes. No llegábamos a coger las galletas. Cuando las manos eran grandes y te protegían.

Aquella magia que, cuando te dormías en el sofá de casa, o en el pecho de papá, aparecías al alba en tu cama. ¿Quien no sueña con aquella bendita magia?. Hay que soñarla porque no se fue, esta escondída, entre las arrugas de nuestro tiempo.

Nos han borrado la sonrisa mil veces y mil veces hemos intentado sonreír de nuevo, y a veces lo conseguimos, pero giramos la cabeza de nuevo a las tristezas y a los estúpidos momentos.

Vamos a coger el sendero rodeado de recuerdos y así recuperarla para volver a aprender a sonreír, a ser capaces de reconocer el puro olor a la lavanda, entre los mil olores inventados, que no nos sirven para nada y el aroma del romero, que invade las estancias de nuestra juventud

Hemos de recoger de debajo de nuestra antigua cama, esa magia, que nos llevó hasta estos días, la que nos hará recordar, que una vez fuimos felices, sin necesidad de ninguna ayuda.

Pero de verdad.

©Javier Sánchez febrero de 2021

Cartas y guerra

Belchite, 4 de septiembre de 1937

Mi amada María.

Te escribo, entre brumas, en este agujero de una casa devastada, a duras penas oigo en el cerebro lo que escribo, desde este infierno de sangre y acero.

Ya amanece, no he dormido nada, los nacionales no han parado de disparar en toda la noche con el tableteo de las ametralladoras, de no dejarme dormir, ni un minuto. Me recuerda cuando asediaron el pueblo. Me siento indefenso.

Ayer por la mañana entramos en el pueblo de Belchite, hace el calor de agosto, huele a todo, menos a pueblo, huele a pólvora y a muerte, gritos de “Adelante, por la república”. A muertos.

Juan, mi amigo Juan, ha fallecido a diez metros de mi, se le ha escapado la vida por un golpe certero de una piedra. Tú fíjate, una piedra entre tantas balas, madre mia, una piedra rebotada de la explosion de una granada que nos han lanzado y me ha dejado casi sordo, pero a Juan, la piedra, le ha reventado la frente y se ha caido, como un muñeco de trapo. Por dios mi amigo Juanito, se ha ido para siempre.

María cariño mío, no puedo soportarlo, estoy escondido en un agujero de este edificio destruido, que fue hogar de alguien. Veo que están entrando casa por casa, no hay ninguna que se libre, no hay nadie, solo disparos y muertos.

He caido al suelo en una de ellas, me siento agotado, me he dormido de repente y he despertado, otra vez, en este desolado pueblo, destruido, arrasado, gris y marrón. Y no se que hacer, hablo solo, es como si no hubiera nadie a mi alrededor, y te llamo mi vida, repito tu nombre sin pausa entre el abrazo del miedo.

Grito tu nombre. Grito por si alguien me contesta. Y de vez en cuando veo la gente que pasa a mi lado, pero nadie mira ni me contesta. Y veo las borrosas sombras, de columnas de civiles que pasan delante de mi, caminan mirando al suelo y no hablan, son como fantasmas. Y los que hablan, lloran, y no entiendo lo que dicen. Y los gritos de la gente, la que muere y la que ve la muerte, la de los soldados, es un espanto.

María preciso abrazarte, desde que te vi por última vez en el pueblo no he sentido nada agradable, todavía recuerdo tu olor y el calor de tu cuerpo. María, vida mía, solo se que estoy solo, que me siento solo y ya, ya sin fuerzas te escribo esta carta relatandote lo que me sucede. Quiero volver contigo, María. Quiero volver a casa contigo y con mi familia. No quiero más balas, más muertos, más infiernos, solo quiero estar contigo y me protejas de todo esto. Te quiero.

Siempre tuyo. Siempre

Tomas.

MESES ANTES

Escondido tras la roca, tumbado en el suelo, con las piedras y las trinchas del uniforme clavandosele en el estómago y en el pecho.

En el atardecer, en la hora ciega, cuando no se ve, Tomás apuntaba su fusil a la nada, todo eran ruidos, disparos a lo lejos, al lado del pueblo, de su pueblo. Tomas tenia frío, un frío antinatural que le calaba hasta detrás de los ojos y le producía un dolor insoportable. Era un mes de marzo anormalmente frío, muy frío.

– Maldita sea, malditos salvadores de la patria… me cago en los fascistas de mierda.

Cuarenta y cuatro soldados estaban apostados a lo largo de una loma, cuatro habian partido a ojear cerca del pueblo, los cuarenta que quedaban abarcaban unos cien metros en linea. Treinta miraban hacia el pueblo y seis, repartidos entre los treinta, vigilaban la retaguardia. Todos helados de frío y consumidos por la ira y la rabia.

Llevaban quince días por los cerros y campos solo escuchando tiros y cañonazos. No habían visto a ningún fascista. Y llegaron a la loma del pueblo. Ateridos de frío y hambre. Iban al pueblo de Tomás, por que él se lo indicó al teniente, que allí les atenderían y podrían reponer fuerzas, para seguir hacia Teruel, que era su destino. El que les habían ordenado defender de los sublevados, que querían conquistarlo. A toda costa.

Llegando al atardecer a las cercanías del pueblo, pararon en seco en aquella loma. El teniente ordeno posicionarse para observar. Algo había en el pueblo que no era normal. Algo no iba bien.

Estaban en la loma que Tomás jugaba de pequeño, con su hermano, caído en el Albarracin, y Juanito, que estaba dos puestos mas a su derecha y su amor de hoy en día, María.

Aquella loma verde, la que en primavera se tumbaban los cuatro a mirar el cielo, a comer el trigo o alguna fruta que habían robado de cualquier campo, o a sus mismos padres.

Tiempos de adolescencia del color amarillo de los campos del trigo alto, el de los amplios campos de cebada, de olor a romero, a tomillo, y al heno mojado de la mañana.

Tiempos de queso con el pan espeso de madre. De salidas del colegio y a la carrera a dejar el zurrón en casa, besar a madre y pedirle permiso a padre para ir a la loma del pueblo.

Se llamaba así, no tenía nombre, bueno si, la loma del pueblo. Curiosamente, ahora los defensores del pueblo estaban en la loma del pueblo, esperando a actuar.

El amarillo se volvió oscuro, de golpe, y sintió el frió. Cada disparo lejano le ponía más y mas nervioso a Tomas, denle estaba cruzando la vida y quería salir corriendo hacia el pueblo a matar a todos los golpistas que estaban matando a su gente y posiblemente a su familia y buscar a su amor, que la veía por todos los sitios llorando. Y el teniente, el maldito teniente, no decía nada.

Cuarenta y cuatrobsoldados republicanos, soldados que defendían la república, la legalidad arrasada por cuatro generales descontentos, la banca, sobre todo la familia March, otras familias influyentes y poderosas y la maldita jerarquía eclesiástica. Con la Iglesia hemos topado, la mas influyente y poderosa.

Cuarenta y cuatro soldados republicanos aguantando el momento en el que el teniente diera la orden de acercarse a aquel pueblo Aragonés.

Con el frío atenanzandoles el alma, y empujandoles a la violencia y a la rabia. Esperaban, tiro a tiro, espanto a espanto.

– Mi teniente, a que estamos esperando, ¿¿a que no quede nadie.?? Toda mi familia está ahí y mi prometida. Joder ni teniente.

– Tomás, no vuelva a hablarme asi, soy su superior.!!

– Están matando a mi gente… Ante eso, no conozco superiores. No conozco rangos. Me cago en…

El teniente, calló por un momento y no dijo nada… Sabía que tenía razón.

– Tomás déjame pensar, actuaremos. Te lo prometo.

En el pueblo los fascistas, los golpistas, se llevaban a los hombres a las afueras del pueblo y en las cunetas de la carretera, en las tapias de los cementerios, los fusilaban. Sin preguntar, algunos caían gracias a chivatos, que aprovechaban la coyuntura, para “solucionar” antiguas rencillas entre familias, fuera verdad o no. Si decían que no eras afín al golpe, te llevaban de paseo. Así se eliminaron generaciones. Padres, madres, abuelos… puta guerra.

Amanecía frente a la loma, ya volvían los cuatro soldados que habían ido a observar quien y cuantos habían…

– Mi teniente, son unos cincuenta, un teniente, un sargento, soldados nacionales y soldados moros. La guardia civil ha salido por piernas, dos guardias han muerto, están tirados en la carretera.

Han dado paseo a mucha gente del pueblo. A muchos, mujeres y mozos.

La mayoría de la gente esta escondida en las cuevas de las afueras del pueblo, las hemos visto y la ellos a nosotros. La gente sabe que estamos aquí. Debemos ir ya…

– Mi teniente, sé dónde están las cuevas, ¿puedo proponerle que dirija allí diez soldados para defender a la gente, por favor?

– Compañeros, señores – dijo el teniente – vamos a ello de inmediato, la mitad con el sargento por la derecha y la otra mitad conmigo por la izquierda. A la entrada nos desplegamos… Y acabamos en el centro del pueblo. Entendido!!!
Diez de vosotros partid hacia las cuevas, donde Tomás os indique. Tú no vas Tomás, te necesito en el pueblo.

– A la orden mi teniente.
Tomás orientó a los soldados y partieron antes que ellos.

De inmediato se levantaron todo el resto y bajaron la loma del pueblo, Tomás, era como veinte soldados juntos. Se le salia el odio y la rabia por los ojos, Juanito se puso a su lado.

– Cabeza Tomás, ten cabeza. Por favor.

Tomás asintió. Aunque, por dentro, su cabeza iba a explotar, solo pensaba en su familia y en Maria.

Llegaron al pueblo ya amanecido, los fascistas ya no estaban, habían matado a la mayoría de los hombres y adolescentes.

Mujeres llorando, clamaban justicia a los soldados.

Tomás, con el fusil en la mano, hundió sus rodillas en el suelo de la plaza de su pueblo y lloró. Juanito, su amigo, le cogio el hombro y le dijo, – vamos, vamos a las cuevas y a casa a ver, en un momento.

En las cunetas, en las paredes de los cementerios estan las huellas, de los llantos de las mujeres y hombres que la barbarie borro de la faz de la tierra, con el beneplácito, de alcaldes, curas y vecinos. No todos fueron así, pero si afloró el odio y la envidia. Las miserias humanas de personas sin sentido. Guerra entre hermanos, entre paisanos.

El horror mas espantoso.

Tomás encontró a su familia y María, estaban en las cuevas, de su padre no sabían nada. Fue un mazazo, Tomás sabía lo que había pasado. La familia de Juanito estaba con ellos.

Después de ayudar a la gente y llorar a sus muertos. Tomás estuvo con María, un bálsamo en aquella catástrofe, se llenó de su amor y partió de nuevo.

– He de seguir camino amor mío, te prometo que volveré, te escribiré, por poco que pueda, pero te prometo que volveré. Y la besó.

Tomás y su gente, con el odio clavado en la espalda, partieron en la ofensiva de las tierras de Zaragoza, incluido Belchite. Iban todos los hermanos y paisanos, unos detrás de otros hacia las batallas mas terribles de la guerra civil, ya era finales de marzo de 1937 y el frío asolaba Aragón.

Cuatro meses quedaban para la batalla de Belchite, meses de guerrillas y batallas fraticidas. El sufrimiento continuaba … Y sería mucho peor.

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© javier sanchez febrero de 2021

Tu nombre escondido

Con tu perdón, pues te quiero
A tiempos que sigo amándote
Rozando el amor, dias lejanos
Más, si cabe, en estos tiempos
El miedo de no volver a verte
No quiero irme sin abrazarte.

Así te digo, mi tiempo es tuyo
Las miradas, sonrisas y las palabras son tuyas, pues tú eres la causante de estas letras, las que esconden tu nombre, sin esconderse.

Javi

© Javier Sánchez febrero de 2021

Las indicaciones de Pau para la vida

Que sepamos vivir el presente

Que no perdamos el tiempo pensando en el futuro

Que dejemos de creer en la suerte y creamos en nosotros mismos

Que dejemos de hacer montañas de granitos de arena

Que la tristeza nos dé ganas de reír. Que nos riamos mucho

Que cantemos en la ducha, en los bares, en las bodas, en las cenas con los amigos o donde nos apetezca cuando nos venga en gana.

Que aprendamos a decirnos «te quiero» sin que nos dé vergüenza.

Que nos besemos, nos toquemos y nos achuchemos mucho

Que nos escuchemos tanto como sepamos compartirnos en silencio

Que nos queramos, a los demás y sobre todo a nosotros mismos

Que nos peleemos lo menos posible. Estar enfadado es una gran y estúpida pérdida de tiempo. ¡A la mierda el ego y el orgullo!

Que nos dejemos de rollos, de chorradas, de hacer ver lo que no somos, que eso no sirve pa’ ná.

Que le perdamos el miedo a la muerte, pero también le perdamos el miedo a vivir.

Que decidamos por nosotros mismos. Que nunca dejemos que los demás decidan por nosotros.

Que cuando la vida nos cierre una ventana sea cuando más abramos las alas para romper el cristal y salir volando.

Que las cosas nos lleven adonde sea, pero que nos vayan bien.

Que los cerebros de zafios, hipócritas, memos, mamelucos, corruptos, pesaos, estúpidos, tocapelotas, mentirosos, gilipollas… se reprogramen y entiendan que en la vida no hace falta ser así, que la vida va de otra cosa.

Que a las penas, puñaladas y al mal tiempo, buena cara. O mala, que tampoco pasa nada.

Que la vida sea siempre un sueño.

Que la vida son cuatro días y tres han pasado ya.

Y, en fin, que a la vida le demos calidad, porque belleza sobra.

Y que por un beso de la flaca daría lo que fuera.

Pau Dones Cirera, músico y poeta

Un hombre que nunca dejó de sorprenderme.

© Javier Sánchez febrero de 2021

Clase magistral de matemáticas

A ver clase, atended y dejad los putísimos moviles. Sus voy a poner un problema del imbécil del profesor de matemáticas japonés To Losumo Pokito, premio Nobel de literatura geográfica, que data de 1957, es una mezcla ecléctica entre matemáticas y filosofía aplicada. Bueno en definitiva, es una mierda de problema de un tío japo, que se ha muerto ya dos veces y que le dieron el premio nobel, sin merecerlo, de literatura matemática. Tomad nota:

– Si un perro labrador sale de Jaén, por allí por Andalucía, con dirección a Barcelona capital, a una velocidad crucero de 10 km/h y dos horas después sale otro perro, pastor Alemán, de Jaén (natural de Jaén quiero decir) desde Barcelona, dirección a Jaén a una velocidad de 11km/ h y está lloviendo chuzos de punta.

¿Cuantos sacos de cinco kilos de serrín mojado se tiene que comer un pavo vegano carnívoro para cagar un armario ropero de 8 puertas correderas y pomos nacarados?

Tenéis 63 minutos y medio para resolver este famoso problema del imbécil del japo. El que lo resuelva lo echaré de la universidad para siempre.

Hala a trabajar.

© Javier Sánchez febrero de 2021

No sé explicarte a nadie.

Hasta el final de mi vivir quiero,
acariciar tu pelo hasta dormir,
Pues dormir a tu vera es cielo puro, álzame mujer, álzame.

Buscaré mi mirada por el techo,
la que pierdo cuando te vas,
de sol a luna, que me quedo ciego, hasta que vuelves, mujer, no veo.

Se estar solo, pero no solo de ti
El aire esta hecho para dos en casa. Y me sobra el aire, me sobra el viento.
Cuando partes y quedo huérfano.

Huérfano de besos, caricias, susurros.
Huérfano de palabras y perfumes.
Huérfano de tu inteligencia abrumadora.
Huérfano de tus manos en mi cara.

Buscaré mi mirada por el techo,
la que pierdo cuando te vas,
de sol a luna, que me quedo ciego, hasta que vuelves, mujer, no veo.

Nunca sabré, nunca podré
explicar a nadie que es el amor
pues me bendijeron con tu ser
y me siento incapaz de describirte.

Pues te miro y pienso que no se explicarte a nadie.

©Javier Sánchez febrero de 2021

Ese hilo invisible

Diez mil vidas, hasta dar con la que me encuentre contigo, en una esquina o en un bar de Bourbon.

Por mil calles, caminante de mil calles, en mil esquinas preguntaré a los ancianos, una y otra vez, una y otra vez, para que me cuenten cómo puedo hacer, para volverte a ver, para volver a quererte, para volver a empezar.

Por los mil mundos y de millones de galaxias, entre los mil tiempos, hasta hallar ese sublime y único momento preciso. Ese momento en el que te vi, en el que aquel hilo eterno nos unió. Te veo.

A mil estrellas rogaré y moriré mil veces, si es preciso, hasta que todo sea como pudo ser y no fue. Hasta que las vidas, los mundos, las calles, las esquinas, los ancianos, los tiempos y las vidas se acaben.

Será entonces, y solo entonces, cuando vuelva a escribir este texto, declarando esta promesa.

Te encontraré. Estés donde estés.

©Javier Sánchez febrero de 2021

Un esguince en la L3

A ver, os cuento el porqué de que tenga un esguince en la L3.
Estoy que no puedo mover un dedo sin que me duela el alma astral. Me duele muchísimo, esperar un poco que voy al baño a llorar y ahora vengo.

…………………..( Casi 10 minutos de llanto desconsolado)

Bueno, ya estoy aquí.

Pues cuenta la leyenda que entré en el bar de la calle del barrii a tomar un refresco con alcohol, vamos, un cubata de toda la vida.
Entré en el bar, me encantan los bares de barrio, llenos de mierda.
– Niño!!! un pelotazo de Ginebra con cola!!
– Marchando!!!
– Con un cubito de hielo ¿Eh?, que tú me pones esos mazacotes que parecen icebergs y al rato solo es agua.

¿Es que sabéis que pasa? es que odio esos cubos de hielo que te meten en los cubatas, esos que caben justos en el diámetro del vaso y pasa poco líquido por los lados y pasa que cuando va por la mitad del cubata el hielo hace de tapón y debes de inclinar mucho el vaso de tubo y llega un momento que es cuando el hielo cae como esa bola enorme de Indiana Jones y te revienta con todo el líquido en la nariz y en la cara… hace, clink!!! y Coca-Cola y Ginebra te caen por toda tu cara, descienden hasta el cuello y después de tener toda la cara empapada, llega ese momento de violencia reprimida que matarías al camarero veinte mil veces porque te has manchado la camisa de Zara de 4€ que era la mejor de la estantería y la única que me quedaba bien, curioso, porque había de la misma talla que me quedaban grandes y otras pequeñas. Manda cojones lo que es eso de ser pobre.

Bueno pues nada, charlando, charlando, me apreté entre pecho y espalda tres cubatas y una bolsa de patatas. Y, la verdad, me estaba meando (orinando, mingitando). Apretón importante, me dirigí al excusado.

Entré en aquel antro o zulo de baldosas blancas, estanterías llenas de lejía, jabón de lavavajillas, trapos, y demás líquidos. También había botellas de licor, papeles de servilletas y demás enseres del water. Por dios, parecía aquello un colmado en lugar de un WC.

Me meaba….

Me acerqué a la taza del water, que asco, ¿porque le llamarán taza? Subí la tapa y automáticamente cayó de nuevo.
Joder, estamos bien. Me desbroche los pantalones para poder sacar el pájaro y mear. Es que ya me estaba saliendo la gotilla. Puse la rodilla de la pierna izquierda en la tapa del WC, para que no bajara… En ese momento intentaron abrir la puerta.

– Me cago en to, que está ocupado.!!
– Ah… Perdone usted…

Me cago en todo. Ya me ves allí, con el pájaro fuera, los calzoncillos con una mano para que no me estrangulara el pájaro. Al paso, con la rodilla que aguantaba la putísima tapa del WC, para que no se bajara, también acerque el pie de la pierna derecha atracando la puerta para que nadie la abriera.

Joder, iba a morir de meada contenída o me iba a partir por la mitad como las vacas en un matadero, joder y en aquel zulo/almacén, y me estaba meando, osea que inicie la maniobra de apretar y dejarme ir para orinar.

Comenzó la descarga. Ohhhhhhh!!!! Y de pronto se apaga la luz, el temporizador. Y yo en aquella posición y mingitacion, madre mía.

Estaba claro que llevaba tanto rato intentando, aguantar la tapa, atrancar la puerta y sujetarme la parte superior de los gayumbos, que no caí en la maldita luz.

Instintivamente levante los brazos meneando las manos y haciendo los aspavientos de rigor. Consecuencias, me mee encima, con los gestos empecé a darle a los materiales que había en los estantes que comenzaron a caer encima de mi humilde y maltrecha persona. Solté la tapa que sujetaba la rodilla, yo seguía meando, me cayeron encima las botellas de licor, los paquetes de papeles y dos botellas de lejía. Caí al suelo, mojado, meando, lleno de jabón, coñac papeles.

– Me cago en mi vida, esto solo me pasa a mi. Y me puse a llorar… – me cayó otro paquete de vasos de plástico en la cabeza.
– Toc, toc toc, Está ocupado?
– No, no, no, ya salgo, dije en susurros, intentando levantarme.

Abrí la puerta, con la cabeza llena de jabón olor a Marsella y papeles, higiénico y servilletas, con los pantalones meados y oliendo a coñac “El Galopero”, le dije al hombre…
– Pase caballero, cuidado que hay jabón en el suelo.

El tío se quedó pasmado
– oiga es seguro entrar ahí?
– Ahora si…

Salí del baño, pase por delante de la barra y cruce todo el bar, salí a la calle y miré al cielo y grite.

– Ahhhhhhhhhh me cago en mi puta vidaaaa!¡
Paso un coche que me atropello.
Diagnóstico, esguince discal en la L3. Contusiones en la cabeza, costillas, brazos y cara.

Puta vida.

© Javier Sánchez febrero de 2021

Que risa

Oye, que hartón de reír, os la recomiendo… Que buena que es, la mejor comedia que he visto hasta la fecha, mejor que la de “Expediente Warren”, que me reí muchísimo, mientras mi compañera me miraba raro y se iba a la habitación a rezar o algo así, ya no está en casa, se fue y todavía no sé porque.

Bueno creo que con esta película también me ha ayudado los dos porros y tres gintonics de apio y col lombarda.

Jajajajajaja, cada vez que me acuerdo.

– “Mira que ha hecho la guarra de tu hija”.

Ayyy que bueno, que me meo, es que es un no parar de reir. Y jajaja, jajaja….

Esta es la peli, no os la perdáis, de verdad, jajajajaja, que buena.

Hala hasta otra

© Javier Sánchez febrero de 2021