Deja vu

Entré en aquella discoteca y directamente me fijé en la barra. Allí había un tío raro, con el pelo blanco y vestido como los de ABBA, estaba subido a la barra, me sonaba de algo, como a una película, pero no sabía de que, me acerque y hablé con el. Después de tomar uno o siete cubatas, oye que me soltó una frase que también me sonaba muchísimo. Me dijo:

– Mira carapasillo, he visto cosas que nunca imaginarias, batallas más allá de Orión, gente que se hablaba con una mesa de por medio, gente que se daba los buenos días, cafés que duraban horas y conversaciones que duraban cafés. Allá por las calles de mi ciudad. En tiempos de las sonrisas.

Pague y me fui, ahí se quedó encima de la barra hablando con una tía que llevaba un pedo importante.

Que cosas más raras me pasan.

© Javier Sánchez septiembre de 2020

El taxista asesino

Esto que os voy a contar me sucedió hace unos días que tuve que coger un taxi. Y me da un poco de vergüenza, espero que no lo vayáis explicando por ahí, que los blogueros y escritores sois gente muy rara. Y las blogueras y escritoras también.

Os cuento:
(Es que no me puedo estar callado).

Era noche cerrada, bueno no, eso no que eso está muy sobao, queeeee… era muy tarde, estaba lloviendo y yo estaba muy cansado oye, me dolía el brazo izquierdo. Pero nada de infarto ni cosas raras de esas. Es que habia ido al cine con una amiga, a ver una película de terror, “Expediente Warren V, la reencarnación del charcutero cabrón de Connecticut”, película mala donde las haya, pero mi amiga es de esas (que también hay tíos por supuesto), que se agarran al brazo como si estuvieran al borde de un precipicio (con esto quiero decir que es como si se estuviera a punto de caer, no que en los precipicios hay gente borde, que también, pero eso, que ya me entendeis), vamos casi con gangrena que salí, los dedos azules. Oye, unos gritos, unos saltos en la butaca del cine, por dios, que vergüenza que pasé, me llamó la atención una anciana que estaba sentada detrás y solo hacia que reírse y mirar a los lados con los ojos muy abiertos y una sonrisa muy extraña. Daba miedo la vieja.

Bueno que me enrollo. Que cuando salimos del cine era tarde y después de hablar un rato nos fuimos cada uno a su casa, está última frase significa que me dio calabazas, otra vez, pero vamos, uno de acostumbra a ello. Dirigamonos a lo que importa de todo ello, oye.

En el complejo comercial del “La Maquinista” (ver google maps, de Barcelona), sobre las 00:30 am (antes de merendar), en aquella calle es que no había nadie, y yo que me sugestiono soplando la sopa (me resfrío y todo) y encima la lluvia caía cada vez mas fuerte, pues eso, en definitiva, que tiré la casa por la ventana y cogi un taxi.

El vehículo paro a mi lado, poniéndome perdido de agua, como no, siempre me pasa lo mismo, exepto en el Sáhara que allí no me pasa. ¿De que estábamos hablando?

Ah sí! entre en el vehículo, el taxista, hombre delgado, blanco como la leche, parecía que estaba mareado, estuve a punto de bajarme, daba miedo el tío, el taxi, por cierto, impoluto, parecía un quirófano. Música clásica, pero no clásica de hace dos siglos, clásica contemporánea, de esas que no hay manera de entender nada. “La muerte de la mosca de la fruta. Alegro en Do m de Laurencio Patillas” madre mía que suplicio, no es que yo sea un entendido, es que lo ponía en la pantalla de la radio.
Y el taxista sin mover un musculo.

-Buenas noches señor
-Buenas noches, usted dira donde vamos
-Vamos a la calle Sancho de Avila 42
-De acuerdo…

Ya no hablo mas el tío. El silencio era absoluto, eran las 00:52:45, mas o menos, de la madrugada, y por la calle sólo se oían las ruedas del taxi, deslizándose por el agua… Era uno de esos eléctricos, que se oye todo, lo de fuera, mas que lo de dentro. De esos me han atropellado tres ya. Es que no se oyen.

El conductor creo que pensó que yo era de Logroño o algo así, por que me empezó a dar una vuelta que casi vemos las nieve de los pirineos. Ya estaba cansado, quería llegar a casa, tenía mucho sueño, sabéis de esos que te ataca de repente, pues eso. Para distraerme comence a elucubrar que el tío ese debía de ser una asesino de viejas en serie, bueno lo de serie no diga de viejas hechas en serie, me refiero al asesino, me se entiende ¿no?Bueno pues eso soñaba que se las llevaba a dar vueltas por Barcelona y alrededores y las mataba en un descampado (que ya es difícil encontrar uno en Barcelona y/o alrededores). No sé, que me fue la cabeza, creo que me dormí.

Me desperté de repente y
se me ocurrió, el preguntar al asesino.

Para no ser incordiante ni que se molestara el taxista asesino de viejas, pensé en preguntarle…
que cuanto quedaba para la calle Sancho de Ávila

Y le toque el hombro…
-Oiga caballero, cuanto queda pa…

El taxista, levanta las manos con un respingo y un alarido que me pego un susto de muerte.
-Ahhhhh!!!!!!!
Y yo
-Ahhhhhhh!!!!!!, Que pasa!! que pasaaaaaa!!!!!
Y los dos
-Ahhhhhhhh!!!!!!

Una señora con rulos sentada a mi lado también gritaba.

– Ahhhhhh!!! No me mates!!!

– Pero señora que hace aquí!!

– No sé….

– Váyase!! Esto es entre el y yo.

Encogí las manos como si me hubiera dado la corriente, o me fuera a matar el cabrón ese, del susto que dio. Y me tire atrás al asiento gritando y me mee encima. Los dos gritando. Yo decía…

– No me mates, no me mates cabrón que yo soy joven!!!

El taxista, gritando como un loco, moviendo las manos para pegarme o asesinarme de muerte, perdió el control del coche, casi choca con un camión, se subió a la acera y nos metimos en una tienda de cristales haciéndolo todo pedazos. Todo muy pequeño y de colorines.
(Ya se que es un topicazo, pero paso así)

Por un momento no se oye nada en el taxi, solo algún jarrón que caía y se hacía añicos. Los dos, el taxista asesino y yo en estado catatónico. Hasta que el asesino se giro lentamente y me dijo con la voz temblorosa.

-Mire amigo, jamás, pero jamás, si usted me para, jamás haga eso otra vez! Casi me mata del susto!

Yo estaba alucinando, será cabrón casi me sale el corazón por el culo y me dice eso:

-Disculpe, lo siento, pero usted casi me provoca un infarto de muerte segura, no pensé que se fuera a asustar tanto si le tocaba el hombro.
El taxista le dice:

-Lo que pasa es que es mi primer día de trabajo como taxista y me ha tocado servicio nocturno.

-¿Y qué hacía antes?

– Fui chofer de coche funerario durante 25 años.


.

©Javier Sanchez 24 de de 2020

Las gafas

Esta mañana, aprovechando que estaba aburrido, muy aburrido. Hecho este que aprovecho para no hacer nada. Oye que me aburro cosa mala. He hecho algo inusitado he conectado la tele, lo sé, lo sé, poca imaginación.

Estaban emitiendo el telediario de la mañana, joder, todo son tíos que se llevan mi pasta y viven como los dos reyes de España juntos. Asesinatos, corrupción, robos, más asesinatos y Matías Prats con lo del seguro.

“Perdone que le moleste”.

Tras un rato, se ve que han cambiado de gente o hacían entrevistas, o algo había pasado, pero me he dado cuenta, por el escándalo más que nada, que había tiros y la gente hablaba raro, he pensado, joder con el telediario que realista, se están pegando y todo. Me estaba asustando. Parecía el Congreso en una mala tarde entre Podemos y Vox.

Pero pensando, pensando en ello (lo hago poco, pero lo hago) ha sido cuando, mirando detenidamente la pantalla se mi smart TV de última generación, me he percatado que, es que no veo bien, bueno es que no veo nada de bien, literalmente, veo menos que un pez de goma. Pues oye que pensaba que estaba viendo el telediario, y no, por eso se pegaban, era una peli, “El padrino I”, Francisco Ford Fiesta Copola, no se mucho de cine lo siento.

Me fije bien, concentrando a tope toda mi energía en los ojos y ví que, ciertamente, no estaba equivocado, era esa peli, la del Padrino. Pero no veo bien, no. Y encima esa película, es que tengo el agravante que confundo a los actores, si, los confundo. Ya los confundía antes, aunque esto del Robert de Niro y Al Pacino, ha sido una constante en mi vida. Nunca he acertado a la primera. Y ahora que veo poco, ya nada de nada. Confundo a Brad Pitt con Denzel Washington, por el pelo los distingo oye.

Pues nada, pasado un rato, me he hartado y lo he decidido,me voy a la óptica. Dicho y hecho, me he vestido, es que por casa voy como mi madre me trajo al mundo, sin nada, en la vida cotidiana también, es que soy pobre. Pues me he puesto guapo y he bajado a la óptica.

Ya en la calle, me ha costado encontrarla, dos droguerías, una charcutería y dos farmacias y por fin he llegado a la óptica. Preciosa, toda blanca ella, me he dirigido a la señorita que estaba tras el mostrador.

Me he acercado a la mencionada chica, que por cierto tenia unas gafas con unos cristales que se le veía el fondo del ojo.

Y con mi gracia innata de calvo gilipollasimpático. Vamos que quise hacerme el gracioso, pero mientras lo iba diciendo iba pensando que no tenía gracia e iba atenuando el tono de la frase y borrando mi estúpida sonrisa. Pero es que soy así, que le voy a hacer.

– Hola, necesito una lupas como las tuyas, por cierto oyes a ti lo del fondo del ojo para la tensión te la hacen desde la puerta del consulta no.??….

Un minuto de silencio… Quería morirme. Dos veces. La había cagado, como siempre, debe de ser algo genético. La había cagado y con el agravante de que era a ella a la que iba a poner mis ojos en sus manos. Es que no pienso. Hablo sin filtro, joder.

– Oye, que es broma eh?? Es que soy así… Idiota. Pero de nacimiento. Yo también estoy como un topo, perdona de nuevo, frase poco acertada. Perdoname. Comeme Thor y escupeme en la Luna de Endor.

La chica ha sonreído, con una de esas sonrisas de ventrílocuo que te dicen, hijoputaojalatengas

almorranasdosañosseguidos.

– Jeje (risa que indica, que me quiere matar) Que desea señor (imbecil)

– Pos mira oyes, necesito unas gafas esas que vendéis para leer o ver de cerca.

La chica me ha dicho que tenia que pasar al ojologo, para que me midiera lo que no veo. Mi mente privilegiada de filosofo extraordinario, de inmediato ha calculado un mínimo de 500 napos. Y eso me ha sonado a caro de la muerte. Y le he dicho a la.muchacha.

-Mira, ya pasaré que tengo que ir a comprar un sifón de castañas, que me he quedado sin.

-Muy bien señor, aquí estaré. (cabron, volveras)

Hábilmente, me he encaminado al chino del barrio, es una tontería esto, por que hay 200 tiendas de chinos mas los bares que han colonizado. Pero bueno que os voy a contar. Me he acercado al de la esquina, y le digo al chino.

– Buenos días, mire quiero unas gafas de esas que vendéis graduadas.

– Ah si señor, yo llamar Lio Chuan, tenel muchas gafas gladuadas, si… Cual gustal.?, tenel todas a 15 eulos, por sel tu dejal en 15 eulos.

– Ah vale – ya empezamos, me esta vacilando el Lio Chuan este.- quiero una de 2 dioptrías en cada ojo…

– ah si, si, 15 eulos, que sel dioptlias.?

– joder, las que pone dos, aquí en la pegatina de la patilla.

– No, no, 2 no, valel 15 eulos.

– A ver Lio Chuan, yo te pago 15 euros y tu me das las que ponen dos dioptrias.

– No, no, tu no entendel, vale 15…

– Mira oye, yo es que… joder, podriais aprender un poco de castellano, solo un poco, o yo de chino, pero eso lo veo mas jodido, tu no me entiendes a mi.

Estas.!! – Le indique- Mira como te lo explico, tienen la etiqueta de dos dioptrías, una moneda especial que es igual que 15 euros. Lo pillas.??

– Ah si, si, si. Vale, vale, y cuanto no ver tu? Dos o tres tlias de esas.??

Aaaaaahhhhh.!!! Me dio un ataque de “ila”, perdón ira.

– Miraaaaa, mira, no me ponga nervioso por favor… , aunque sepas kárate te voy a arrancar la cabeza. Dame las de dos tlias de esas, que valen 15 euros.!!

– El kálate sel japonés tu no estudial mucho eh.? Quince euros las gafas.

Me subió por el canalillo del estómago, un no se que de asesino, que pude contener, mordiendo la cartera….

– Toma pedazo de… lo que seas, porque me parece que me estas vacilando desde que he entrado.

– No, no, no. Quince euros.. Yo no vacilal a cliente que no ve bien, nunca y necesita gafas de dos dioptlias

– Si, si, si, si, toma agonías. Me cago en to lo que se menea veintemil veces – dije en voz baja –

– Adios señol que no ve, yo tambien cagal mucho…

Pues nada me fui con las gafas de 15 euros, que casi me cuestan un infarto y un asesinato.

Llego a casa y me las pruebo… hostia puta, veo ácaros, partículas de polvo, y lucecitas. Conecte la tele y la veía como si estuviera dentro de ella.

Pensé que eso va a ser la tele. El cabron del chino me ha vendido el Hubble o como se diga. Y no me acuerdo de más. Me desperté, entre el sofá y la mesita, con la patilla de las gafas clavada en la oreja. Hostia puta, con las gafas del chino.!!! Me han matao… Que mareo por dios, me ha bajado hasta el azúcar y el ácido úrico.

Me las puse otra vez, para probar de nuevo, me miré la mano, me ví los capilares de los dedos y toda la roña de las uñas, joder y me acababa de duchar.

Me volví a despertar, al lado de la tele panza arriba, la pantalla de la lámpara de sombrero y la bombilla quemándome la mano.

Y me dije estas gafas no son muy buenas, me sientan mal. Que mareos, por dios que mal me encuentro, acto seguido vomité.

Después de recuperarme, casi dos horas me costó quitarme el mareo y los centelleos, como pude me levanté y volví a la óptica. Y allí estaba ella con la misma sonrisa que cuando me fui de alli y me dijo..

– Que, cuantas veces nos hemos caído?? Viene usted blanco como un folio A4 Jejejejeje…. Mareadito no?

Yo pensé, que cabrona, qué razón tienes. Pero antes muerto que admitirlo.

– No, no, mira, es que me han sentado mal los Donuts con el bocata chorizo. Anda porfavor mirarme las dioptrías y hazme unas gafas, que estas de mi padre no son muy buenas. Admitis tarjeta verdad?

– Claro caballero, quiere una biodramina?

.

Mira, queeeee, a cada uno lo suyo oye.

.

©Javier Sanchez 14 de agosto de 2020